Homicidio

El informe oficial declara que la muerte de Michael Jackson fue un homicidio. Eso que se oye son los tabloides descorchando champán. Vamos a tener sensacionalismo amarillo para empacharnos, y eso que puede que ni se presenten cargos, más que nada porque, siendo sinceros, el hecho de que un adicto a mil cosas se muera por un error de cálculo tampoco es muy de extrañar.

Un homicidio ocurrido, no lo olvidemos, en una ciudad con un serio problema de bandas violentas. Hace no mucho vi el documental Crips and Bloods: Made in America, dirigido por Stacy Peralta y narrado por Forest Whitaker, que intenta explicar las causas del enfrentamiento entre los crips y los bloods, las dos principales bandas de Los Angeles, a su vez miembros de los conglomerados rivales People Nation y Folk Nation, algo así como la Nación de la Gente y la Nación del Pueblo. Los nombres sirven para poco más que darle a la cosa un aire novelesco, porque en ambos casos se trata de jóvenes (antiguamente negros, ahora de todos los colores) dedicados a matar a los del otro bando y hacer negocio con diversas actividades criminales, esencialmente la venta de drogas.

Recordemos que cuando en este país se habla de matarse, podemos estar sin ningún problema hablando de fusiles de asalto. Poca broma.

El documental es bastante ligerito y se queda en poco más que una introducción al problema (The Wire ofrece un análisis muchísimo más completo, siendo además una serie cojonuda), pero ofrece un puñado de datos estremecedores. Por ejemplo, que en los últimos veinte años ha habido quince mil (repetimos: 15.000, con tres ceros) muertes relacionadas con la violencia de bandas. La cosa se pone en dos al día. Todos los días. Durante veinte años. Todo ello en una zona de Los Angeles bastante reducida, arrinconada por barrios mucho más ricos, con los que no tienen contacto.

Ahí está la clave. Hemos logrado arrinconar la miseria y la violencia que conlleva a una serie de guetos, claramente delineados. Nosotros vivimos en nuestra zona, ellos en la suya, donde pueden seguir matándose mientras miramos a otra parte. Una sociedad paralela. Como la de Michael Jackson y demás famosos, con los que tampoco tiene nadie apenas contacto.

Sólo que a unos nos gusta mirarlos y de los otros intentamos olvidarnos.

Lo mismo pasa en otras ciudades, en otros países. Puede usarse, por ejemplo, Sevilla, el Vacie y Cristiano Ronaldo para tener la versión cañí. Sin fusiles de asalto, al menos.

Por si alguien tiene interés, el documental puede verse completo (o eso parece, no he comprobado) en una página rusa, por partes, la primera aquí. En inglés y sin subtítulos, pero quién dijo miedo. El tráiler, cortesía del señor Youtube:

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