Archive for September, 2009

Por qué invertir en investigación (III) – Lo menos práctico

September 30, 2009

Hay también muchos ejemplos de investigación que acaba produciendo resultados inesperados, pero no por ello menos beneficiosos. Se da sobre todo en proyectos que incluyen grandes avances tecnológicos. El ejemplo clásico (penicilina aparte) es la carrera espacial, y los numerosos avances que ha traído, en campos como los materiales, electrónica o la organización industrial (no, el velcro es de 1941). Por no hablar de todos aquellos usos del espacio que han ido apareciendo poco a poco (GPS, satélites para control del clima, monitorización del cambio climático o de la deforestación del Amazonas, poder ver los mundiales de fútbol cuando caen lejos). Es casi seguro que los avances técnicos necesarios para sacar adelante un proyecto tan monstruoso como el Gran Colisionador de Hadrones pasarán a usarse, antes o después, en aplicaciones comerciales.

Se pueden encontrar más ejemplos:

Cuando el telescopio Hubble empieza a funcionar, se descubre que tiene un problema con los espejos. Se envió a un grupo de astronautas a arreglarlo, pero como el espacio pilla un poco a contramano pasaron tres años en los que el telescopio mandaba imágenes defectuosas. Estudiándolas se descubrió que la aberración era pequeña, y relativamente constante, así que se idearon ténicas de procesado de imágenes para corregirla. Esas técnicas dejaron de usarse una vez el telescopio fue reparado, pero tiempo después resultaron ser muy útiles en el procesado de imágenes médicas (básicamente, detección del cáncer).

Las matemáticas del caos, esa cosa que nos suena gracias a Parque Jurásico y que parecía esencialmente una curiosidad, se usa muchísimo en climatografía y en el estudio de procesos termodinámicos alejados del equilibrio.

Se podría argumentar que sería mejor si el dinero se hubiera dedicado a investigar imágenes médicas, o climatografía, o lo que fuera, en vez de andarse por las ramas, pero (aunque son campos en los que también hay que investigar, qué duda cabe) la cosa no funciona así. Uno muchas veces no sabe lo que está buscando, o no ve que su problema está conectado con otro problema distinto, y suele hacer falta la aportación de varias personas, en disciplinas distintas, para unir las piezas del puzzle.

Un último ejemplo de proyecto tan faraónico que toca todos los palos son los Mars Exploration Rovers, esos robots parecidos a Cortocircuito que están todavía paseándose por Marte. Dejando aparte las complicaciones que tiene poner cualquier cosa en el espacio, y más aún si va a ser en el espacio profundo (básicamente, lo bastante lejos para que no se note la gravedad terrestre), aterrizar en Marte es jodido. Es un planeta con muy poca atmósfera pero bastante gravedad, así que no se puede usar ni la técnica para aterrizar en la Tierra, consistente en usar la atmósfera como freno (un ladrillo arrojado desde el espacio tocaría el suelo de Marte a velocidad supersónica), o hacer como en la Luna, donde la gravedad es tan baja que un poco de propulsión es capaz de frenar la nave.

Así que tras siete meses volando por el espacio, cuando la nave entra en la atmósfera se abre un paracaídas supersónico que empieza a frenarla. A medio camino se libera el escudo térmico que ha evitado que la electrónica se chamusque (que aunque la atmósfera no sea suficiente para servir de freno, si lo es para freir componentes sensibles). A unos diez segundos del impacto, se abre un ramillete de airbags que rodea totalmente al robot, que sigue bajando más bien rápido. A unas decenas de metros del suelo se dispara un grupo de cohetes, último intento de reducir la velocidad. Entonces se suelta la carga, que rebota varias veces antes de frenarse.

Todo ocurre en menos de un minuto (bastante menos en el caso de que falle algo), y cualquier fallo significaría haberse gastado un dineral en espacir tuercas por medio Marte .

Y para rizar el rizo, el sofware que controla todo eso no estaba listo el día del lanzamiento, y hubo que enviarlo posteriormente, cuando las dos naves (una por cada robot) ya iban camino de Marte. Así que lo que se lanzó al espacio eran, esencialmente, dos ladrillos, a 400 millones de dólares la pieza.

Aparte de los descubrimientos científicos sobre Marte que puedan proporcionar los robots, el proyecto incluye también el desarrollo de tecnologías usadas en paracaídas, airbags, paneles solares, electrónica, control automático, sensores de posición, baterías, amortiguamiento, aislamiento térmico, fialibidad y mil cosas más.

El siguiente vídeo muestra los procesos claves del proceso. No estoy seguro del despegue, pero al menos el aterrizaje ocurre con la misma velocidad que se ve en el vídeo:

Como anécdota final: el proyecto se planeó con una duración de tres meses, porque se esperaba que el polvo de Marte cubriera los paneles solares hasta que los robots no pudieran funcionar más. Y así empezó a ocurrir, y la energía recibida empezó a bajar poco a poco, hastas que un día estaba a pleno rendimiento. El proceso se repitió varias veces hasta que se descubrió la causa: hay fuertes tormentas que recorren Marte, y que periódicamente levantan el polvo acumulado en los paneles solares. Afortunadamente, el diseño de los distintos elementos se hizo pensando a largo plazo (nunca se sabe), y por eso los robots siguen funcionando cinco años después de llegar a Marte, mucho más allá de los tres meses previstos.

Como en el caso de la penicilina, a veces vienen golpes de suerte, pero hay que estar preparado para aprovecharlos.

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Aros cuánticos

September 29, 2009

Se habla en Fogonazos del equipo de baloncesto de Caltech, que entre 1985 y 2009 no ganaron ni un solo partido, lo que supone unas 250 derrotas consecutivas. Y aún así ahí estaban, hasta que por fin ganaron.

Qué putada ser el equipo que pierde contra ellos…

La historia aparece en Quantum Hoops, un documental narrado por David Duchovny, y explica cómo la mayoría de los miembros del equipo nunca habían jugado al baloncesto, y que para ellos el deporte era simplemente una manera de liberar tensiones, distraerse y pasarlo bien. No dan para nara el tipo de equipo de baloncesto universitario americano (compárese con, por ejemplo, UCLA, cuya estrella pasó recientemente a la NBA sin esperar a graduarse), pero, en cierto modo, sí representan el espíritu del deporte olímpico de los griegos: atletas no profesionales, que entrenan como pueden con el tiempo que les deja libre su vida normal, y que siguen luchando aunque les caigan palos de todas partes.

La misma semana que el equipo logró su primera victoria en 24 años, el equipo de baloncesto femenino logró la primera victoria de su historia. Ambos hechos ocurrieron ante poquísimos expectadores (todos ellos dueños ahora de una camiseta conmemorativa, que dice “yo estaba allí, ¿dónde estabas tú?”). A la semana siguiente, ambos jugaban en casa contra rivales relativamente asequibles, así que se movilizó al campus para asistir y apoyarles, y allá que fuimos. Los chicos perdieron, pero las chicas ganaron, y pudieron celebrarlo con todo el pabellón animándolas.

La historia adquiere una nueva dimensión cuando se sabe el problema que Caltech tiene con el suicidio entre estudiantes, con algo menos de uno al año de media. El año pasado fue especialmente malo, con tres estudiantes (dos undergraduates, uno de doctorado) que se suicidaron, lo que en un campus con tres mil estudiantes supone unos números que ríete de los de France Telecom. El por qué es complicado, nadie sabe qué hacer, y el tema da para discutir largo y tendido, pero lo que sí está claro es que el principal logro del entrenador, Roy Dow, no es haber creado un equipo capaz de ganar de vez en cuando, sino darles una pasión fuera de la vida académica.

Por qué invertir en investigación (II) – Lo práctico

September 29, 2009

Estando como estamos en el siglo XXI, debería estar asumido que la investigación en tecnología y ciencias aplicadas es rentable. Se me ocurren muy pocas actividades económicas que no se basen en algo que en su día descubrió o inventó alguien. Es de suponer que a estas alturas nos hemos dado cuenta de cómo funciona la cosa, y que todos estamos dispuestos a innovar, a inventar, a desarrollar. No quizás problemas abstractos, pero al menos problemas prácticos, concretos, de los que ya tienen la aplicación pensada.

Una vez dicho esto, uno ve el entramado empresarial español, el gobierno (presente y pasados), el gasto en I+D, la mentalidad del “que inventen ellos” y, bueno, quizás no está todo tan claro.

Quiero creer que el problema es que no existe la visión de futuro para darse cuenta de que, aunque al principio cueste un poco más, dotar a la industria nacional con una fuerte componente de investigación es muy rentable a un plazo no demasiado largo (digo que quiero creer que es falta de visión porque, si no, estamos hablando de estupidez pura y dura). Pero pasa lo de siempre: a los políticos les aterra no ver resultados en cuatro años (que es su horizonte vital), y los empresarios prefieren ir a lo seguro, forrarse hoy y mañana Dios dirá.

El problema es que desde hace tiempo la economía nacional está sufriendo los efectos, no ya sólo en cómo no crecemos, sino en cómo encogemos. Hace tiempo que no tenemos un caso de deslocalización gordo en las noticias, pero todo el mundo recuerda cómo suele ir la cosa: una planta industrial, que generalmente pertenece a una empresa extranjera, se cierra y se translada todo a otro país (Europa del Este en el caso de la industria pesada, Asia si es textil, lo que toque), en la que cuesta menos producir lo mismo. Lo mismo pasa con sectores no industriales: no quiero ni imaginar cómo nos vamos a reir cuando el turismo empiece a moverse hacia Croacia y Túnez, que ofrecen básicamente lo mismo que nosotros (sol, playa y poco más), pero mucho más barato.

Partamos de que a cualquiera que trabaje en una de esas fábrica le han jodido, además sin tener culpa de nada. Estaría bonito que la fábrica no cerrara, que la empresa optara por pagar más. Pero esto, además de poco realista (más bien nada), parece olvidarse del hecho de que esa planta estaba ahí porque, en algún momento, fue la que ofreció el precio más bajo. Los polacos y los chinos nos hacen ahora lo mismo que le hicimos nosotros a los alemanes y los suecos. El problema es que los alemanes y los suecos fueron en su día más listos que nosotros, y estaban preparados.

Estaban preparados, en primer lugar, porque las fábricas, estén donde estén, son suyas. Y son suyas porque el producto es suyo, porque tienen las patentes, porque en algún momento se la jugaron, y crearon algo nuevo, y formaron una empresa para fabricarlo a gran escala, y siguieron empujando y empujando hasta que la empresa dio beneficios, y entonces usaron esos beneficios para mejorar el producto, seguir innovando, ser punteros, y a día de hoy son dueños de algo que tiene valor aunque tengan que pagarle a otro para producirlo.

En segundo lugar, muchos de estos países todavía mantienen plantas en sus países, porque han invertido no sólo en el producto, sino en los medios de producción. Son más eficientes (en energía o en materiales), más rápidos, más fiables, más seguros. Y una empresa está siempre dispuesto a pagar menos por lo mismo, pero si alguien les ofrece algo mejor, aunque sea más caro, puede que el resultado sea distinto.

Y no hay muchas más vueltas que darle. Para hacer dinero hace falta un producto bueno, que la gente quiera (ayuda que sea novedoso, mejor que el de al lado), y tienes que poder producirlo de forma eficiente, para poder ofrecer el mejor precio. Para pillar un pellizco del pastel antes nos bastaba con ser un país más pobre que el de al lado, pero esa opción se nos ha acabado.

Algunos ejemplos:

Me comenta alguien que sabe de esto que los únicos fabricantes de coches que crecen (o que, hoy día, están capeando mejor el temporal) están localizadas en países (como Alemania o Japón) en los que se sigue investigando de forma importante en fatiga, fractura y otros campos de la ingeniería mecánica que son esenciales para estudiar el fallo de los materiales, y por tanto mejorar la seguridad del producto.

Hice mi proyecto fin de carrera en Suecia, en la empresa Atlas Copco, uno de los líderes mundiales en compresores, aparatos de minería y cosas así. No sé cómo estará la cosa ahora, pero entonces aún tenían toda su producción localizada en el país, al contrario que varios de sus rivales, que fabricaban en Polonia y otros países de la Europa del Este. Evidentemente les salía más caro un sueco que un polaco, pero les compensaba por una mejor productividad, mejores infraestructuras y con la posibilidad de realizar investigación centrada en su producto. Cuando tenían un problema, o bien lo gestionaba su departamento de I+D, o bien le pagaban a la universidad para que lo estudiara (era uno de los principales clientes del departamento en el que yo estudiaba).

Allí conocí a gente investigando para Ericsson, que al parecer tenía, al igual que Nokia, un departamento de I+D que generaba del orden de diez patentes a la semana. La gran mayoría eran cosas que nunca van a usarse, pero en cuánto una, sólo una, fuera importante, esto o bien le daba una ventaja clara a su producto, o bien producía beneficios cuando otras empresas pagaban por poder usarla. En cualquier caso, sacar siquiera un céntimo por teléfono no es para nada despreciable en un mundo que ya pasa de los cuatro mil millones de usuarios de telefonía móvil.

Después de Suecia estuve en Polonia, con unas prácticas en empresa, que acabaron siendo prácticas en dos empresas. Una de ellas era un perfecto ejemplo de deslocalización: una empresa polaca, comprada por un grupo sueco, y cuyo director, italiano, trabajaba antes en una planta italiana que había cerrado. Como le había visto las orejas al lobo, ahora intentaba mejorar la productividad de la planta, usando métodos de organización industrial y mantenimiento novedosos, importados de Japón.

La otra, en cambio, era una siderurgia nacional, que estaba moribunda. Fue una empresa grande en su día, pero estaba a esas alturas completamente anticuada, tanto en medios como en mentalidad, y malvivía a base de pequeños trabajos, cada vez con menos volumen de ventas, y limitándose al mercado nacional. Simplemente esperaban el final, que se veía más bien negro: llega un momento en que ni siquier el ser barato te da suficiente ventaja para competir, si no te modernizas mínimamente.

Y nosotros, hoy por hoy, ni siquiera somos baratos.

Por qué invertir en investigación (I) – La moto

September 28, 2009

Comenta cascarujadenuez: Un ejemplo al menos de lo que una patente en un descubrimiento puede suponer económicamente para un país, para que la gente se dé cuenta de que invertir en ciencia es productivo.

Pues vamos a intentarlo. Por partes, eso sí.

Estoy convencido de que invertir en investigación es productivo desde un punto de vista práctico. Ahora bien, no creo que un científico tenga que, necesariamente, buscarle una utilidad práctica a su trabajo concreto (no a la investigación, sino a su investigación), ni convertirlo en algo económicamente rentable. Por supuesto que ayuda el ser capaz de hacerlo, por motivos diversos (más fácil venderlo al gran público, más fácil atraer fondos privados, más atractivo para motivar a los jóvenes), pero creo que no es su responsabilidad. Un investigador tiene que tener ideas lo bastante interesantes como para que alguien (el gobierno, una empresa, un instituto, un particular) le financie, y entonces llevarlas a cabo, producir resultados y compartirlos con la comunidad. Ese es el trabajo fundamental de un científico.

Si la idea tiene una utilidad práctica, entonces será fácil buscar financiación. Puede ser porque dé dinero (y nadie critica el poner dinero si luego se va a sacar más dinero), o porque produzca beneficios sociales (mejora de la salud, del medio ambiente, de cualquier forma de bienestar público) tan grandes que, aunque se pierda dinero, cualquier gobierno o fundación (las empresas no suelen apuntarse a este carro) será capaz de justificar el gasto. En el otro extremo está la ciencia que, así a corto plazo (y muchas veces incluso a largo plazo) no tienen ninguna utilidad práctica más allá de la de resolver el problema en cuestión (ondas gravitacionales, el estado del universo en los primeros segundos después del Big Bang, física cuántica). Es la ciencia por la ciencia, con el único objetivo de obtener conocimiento, y un científico que trabaje en estos campos suele hacerlo simplemente porque le gusta el problema, porque le mueve la pasión por la ciencia. Aquí puede ser más difícil justificar el gasto, aunque yo personalmente crea que hay mil razones, pero ya hablaremos de eso. Luego hay por supuesto muchos casos intermedios, pero estos suelen ir a parar al saco que caiga más cerca.

En todos los casos, ante la pregunta de “¿por qué investigas en esto y lo otro?”, creo que un científico debería ser capaz de responder “porque me gusta”, y que ahí se quede la cosa. Nadie le pregunta a un panadero por qué hace pan, a un ingeniero por qué trabaja en una empresa, a un futbolista por qué juega al fútbol: porque le gusta, porque le da de comer, por lo que sea. Uno elige hacer lo que hacer por motivos diversos, y cada cual el suyo. Eso no quiere decir que a todos los investigadores haya que darles dinero, igual que no se compra todo el pan que se produce. Pero si tu investigación es interesante, o si tu pan está rico, se te da dinero, y debería hacer falta justificar el elegir una carrera o la otra.

Aclaro: mucho mejor si se puede dar una razón superior, pero no creo que haga falta. Y mucho menos una razón puramente práctica, que a la hora de la verdad consiste en decir cuándo se va a empezar a recuperar el dinero. Un físico teórico debería poder decir que hace lo que hace porque le gusta, porque cree que la ciencia tiene que avanzar, y que de sacar beneficios tiene que preocuparse otro. En particular, el que está pagando la investigación.

El que sí que tiene que dar una justificación, por tanto, es el agente financiador. En el caso de una empresa, ante sus accionistas. En el caso de una fundación, ante el órgano que gestione el presupuesto. En el caso de un gobierno, ante la sociedad, que es la que está pagando. Pero es el gobierno el que tiene que defender su inversión. Nadie espera que los médicos hagan propaganda de la salud pública, ni que las empresas que edifican carreteras vayan explicando por qué son buenas. Está claro, todo el mundo lo sabe, y si no estuviera claro, el gobierno haría campaña. Pues aquí lo mismo.

Como he dicho al principio, creo que es productivo invertir en ciencia, tanto en la más aplicada como en la más teórica, y que hay mil posibles argumentos para vender la moto. Pero lo primero es dejar claro quién es el dueño.

Otra cosa es que, en este mundo nuestro (y más en este país nuestro), al final sean los investigadores los que tengan que venderla.

Calderilla

September 27, 2009

Dentro del siempre cambiante y casi nunca coherente aluvión de medidas contra la crisis que el Gobierno anda considerando (imposible hablar con más certeza, visto lo visto) se encuentra un recorte en el presupuesto de investigación. Siguiendo la tónica general se han mencionado todas las cifras posibles, pero dos han destacado especialmente. Primero se habló de un 37%, luego de un 18% que podría quedarse en 15%. En cualquier caso, porcentualmente, no parece que el recorte vaya a ser ninguna broma.

Digo porcentualmente porque, si uno mira el dinero puro y duro, los euros, estamos hablando de un recorte de, según las cifras mencionadas antes, entre 400 y 800 millones de euros, sobre un presupuesto que este año apenas pasa de los 1500 millones. A ojo de buen cubero, el recorte supone unos 15 euros por español. Algo más si sólo se considera sólo la población activa, pero de ese orden de magnitud.

Repetimos: 15 euros.

Compárese con el aguinaldo de los 400 euros, con las reformas de aeropuertos varios, con las obras del AVE (cientos de millones por tramos de unos pocos kilómetros), con las ayudas a la banca, y se comprueba que aunque 800 millones de euros parecen mucho dinero, es una nimiedad comparado con el gasto público en cualquier asunto medianamente serio (sí es cierto que supera los 81 millones de presupuesto del Ministerio de Igualdad, pero hemos dicho medianamente serio). Mucho más si al final resulta que son sólo 400 millones, ahorro que parece insignificante si el coste es cargarte entre el 15 y el 30% del presupuesto de I+D.

Pero puede que, en la práctica, sea aún peor. No sólo hay que sabér de cuánto sera el recorte, sino qué se va a recortar. Y el temor está en que se recorte de ciencia básica, y no de las ayudas a empresas. Esto es un especial motivo de espanto para el que conozca a gente que trabaje en el departamento de I+D de algunas (muchas) empresas: abundan los chanchullos, el usar dinero público para pagar cosas que debería pagar la empresa, el total desinterés por los resultados con tal de lograr la prometida rebaja fiscal si se invierte cierta cantidad. Pero está claro que ningún gobierno va a dejar escapar la oportunidad de dar ayudas a las empresas camuflándolo como gasto en ciencia y tecnología.

Este no es el único ejemplo de la “ingeniería financiera” que menciona el artículo de El País. Otro podría ser las becas de post doctorado del Ministerio para estancias en el extranjero. Aunque supuestamente anuales, en los últimos años se vienen dando aproximadamente cada año y medio. Básicamente se convocan cuando tendrían que resolverse, y se resuelven pasados unos meses. Como resultado se dan menos becas, con lo que se ahorra dinero. Cuatro perras, pero ahorradas quedan. La técnica sirve además para algo más: como en cada año o bien se resuelve una edición de las becas, o bien se convoca, en caso de necesidad se pueden dar cifras de becarios cada año, como si no se estuviera perdiendo una promoción de cada tres. Da igual que la moto en realidad sea una bicicleta, mientras pueda venderse.

A estas alturas de la película los investigadores se saben los últimos monos, y estarían curados de espanto si no fuera porque siempre aparecen espantos nuevos. Todos los gobiernos, todos los candidatos, todos los políticos, hablan siempre de cambiar el sistema ecónomico, de modernizar el modelo productivo, de multiplicar el gasto en educación e investigación, de cambiar el ladrillo por el I+D. Todo suena muy bien, y a veces se ven mejoras (casi siempre tímidas, rozando lo ridículo, pero mejoras al fin y al cabo), pero a la hora de la verdad se ven las verdaderas prioridades del Gobierno de turno. Y no hay mejor ejemplo de hora de la verdad que una crisis económica a gran escala como la que estamos viviendo. Y cuando tocan recortes, los investigadores saben lo que toca. A veces patalean, con los últimos rescoldos de dignidad, y se habla con la prensa, se escriben editoriales, e incluso se considera hacer una huelga, que en el fondo saben inútil, porque no son pilotos, ni controladores de vuelo, ni la plantilla del Real Madrid.

Esta vez, como todas las anteriores, duele el recorte miserable, la falta de visión habitual, el prometer una cosa y dar otra, la comparación con países serios, donde la inversión no sólo no ha bajado, sino que ha crecido. Pero hay un factor nuevo, una nueva fuente de amargura: la oportunidad perdida. Es cierto que la inversión en investigación es especialmente productiva a medio y largo plazo, no a corto, y que por lo tanto es más difícil de vender en un país en el que no hay tradición. Pero es que hoy día, no nos engañemos, el corto plazo está perdido. A nada que nos descuidemos el paro se va a poner en un monstruoso 20%, y los sectores tradicionalmente fuertes (ladrillo, turismo) no podrían arreglar la situación por mucho dinero público que se usara. ¿Qué mejor situación que esta para hacer una inversión arriesgada? ¿De verdad que no se puede intentar convencer a la opinión pública de que es hora de cambiar el país, y que al principio no va a ser fácil? ¿Por qué no intentar controlar el paro creando puestos de investigadores (siempre tan difíciles de conseguir, incluso cuando hay dinero que gastar, por no se sabe qué reserva de los organismos de gestión) en vez de con obras públicas? ¿Por qué tener miedo con tan poco que perder?

Aunque uno no esté de acuerdo, se puede entender el atractivo de una política basada en el “pan para hoy, hambre para mañana”. Quizás no sea lo mejor, quizás falte visión a largo plazo (esa cosa que se le supone a los políticos y que desaperece ante la lucha por la reelección), pero al menos sacas algo. Ahora bien, si de lo que estamos hablando es “hambre para hoy, hambre para mañana”…

Tentación

September 24, 2009

Hace poco, en una sala de espera, leí un artículo bastante curioso en The New Yorker sobre Walter Mischel, profesor de psicología en Stanford, y su investigación acerca de la influencia que el autocontrol a la hora de postponer el placer tiene sobre la vida de una persona, particularmente el éxito a la hora de conseguir sus objetivos. Mischel critica los test de personalidad habituales, pero defiende la utilidad de su método para medir la capacidad de autocontrol de un niño. El experimento es sencillo: el niño se sienta en una mesa, y se le pone delante un marshmallow (esa golosina esponjosa que, como el cine nos ha enseñado, los niños americanos comen en las acampadas, tras dorarlas un poco en el fuego). El adulto encargado le explica al niño que lo va a dejar solo unos minutos, y que tiene dos opciones, comérselo directamente o esperar a su regreso, en cuyo caso recibirá uno extra. Todo ello mientras al niño se le graba, para estudiar su reacción.

El artículo relata cómo los niños se enfrentan al reto de forma diferente, desde atacar el dulce nada más quedarse sólo a taparse los ojos para no verlo y evitar tentaciones. Una variante del experimento consiste en dejar el segundo marshmallow en la habitación; sólo algunos niños se dan cuenta de que se pueden comer los dos sin que nadie los pare. Al parecer, hay una correlación directa entre el tiempo que un niño espera y, por ejemplo, sus notas en los test estandarizados de los institutos estadounidenses (el equivalente a nuestra selectividad). Y ya se está intentando localizar actividad cerebral relacionada con el hecho de resistir o no estas tentaciones.

Pero quizás lo más divertido que he visto al respecto es este vídeo, con imágenes de un experimento:

Familiar

September 23, 2009

El término aldea global se debe a Marshall McLuhan, que lo usó a principios de los 60 refiriéndose al efecto en la sociedad de la electricidad, la radio y la televisión. A día de hoy suele asociarse más con internet, que permite que mi madre sepa el tiempo que va a hacerme en Los Ángeles, desde Sevilla, cuando ella quiera. O, hace unos días, enterarse de si me chamuscaba o no.

Pero es que además con internet no sólo puedes enterarte al instante de qué pasa en Australia, es que puedes ver los comentarios de australianos de a pie en foros y blogs, o chatear con uno para preguntarle tú mismo. Más que una aldea es un patio de vecinos, uno sólo tiene que asomar la cabeza por la ventana, pegar dos voces, y seguro que sale alguien para comentar.

Esta es una de las veces en que los políticos han dado ejemplo de cómo adaptarse a los nuevos tiempos. Y además con total dedicación. No les bastaba con cambiar el tono a esas discusiones corraleras que se escuchan ahora en el Congreso, sino que ahora además están trastocando también el fondo de las mismas, tanto que apenas se distinguen de una bronca familiar. Los titulares traen historias de si sale a cuenta abonarse a la televisión de pago, o de facturas de trajes, o de si cuatrocientos euros son mucho aguinaldo, o de que espía desde detrás de la puerta, o de cómo la maestra le intenta comer la cabeza al niño, como si no se le educara lo bastante en casa y en catequesis. Puede que sean cosas importantes, pero es que es lo único que se escucha, y encima con qué modos.

Y no es sólo aquí. Tras años de tropelías de índole puramente político, a Berlusconi se le han enfadado los italianos porque se le ha ido la mano con un par de fiestas que ha montado. O quizás, no está muy claro, por no haberlos invitado. No se salva ni el presidente de la comunidad: Obama intentó plantear una discusión sobre quién debería ir al médico, y ha tenido que acabar defendiéndose de las acusaciones de que quiere quitar de en medio al abuelo.

Me gustaría poder decir que echo de menos los días en que la política se basaba en convencer a la gente de que tus ideas eran mejores que las del tío de enfrente, en vez de explotar cada cagada ajena hasta que votar consista en elegir al menos malo, pero no me llega la memoria.

Descubrimientos musicales – Hypnotic Brass Ensemble

September 20, 2009

El País publicaba hace tiempo una entrevista con Iggy Pop en la que se declaraba muy impresionado con Hypnotic Brass Ensemble. Banda compuesta por ocho metales (todos hijos de Phil Cohran, trompetista que formó parte de la Sun Ra Arkestra, entre otros méritos) y un batería, combinan el estilo de los conjuntos de metal más clasicos de Nueva Orleans con el funk, el hiphop, el bebop y eso que alguna gente llama música del mundo (en contraposición a la música occidental, que por tanto suponemos que viene del espacio). Llevan años tocando en la calle y en diversos festivales, publicando discos de forma independiente. Su música es sinuosa, de sónido cálido, con un puntito experimental. Se puede escuchar en MySpace, Spotify o Youtube, que nos ofrece el vídeo de War, que es tan bueno como la canción y ofrece imágines de conflictos de todo el mundo, incluyendo el Chile de Allende:

Hypnotic Brass Ensemble sigue la senda que abrió The Dirty Dozen Brass Band, a los que descubrí gracias  a allmusic.com, página con la que es muy difícil estar de acuerdo en todo, pero en la que es muy fácil encontrar algo nuevo que merezca la pena escuchar. Fundados a finales de los setenta, no empiezan a publicar hasta 1984, pero hoy día, con más de diez discos a sus espaldas, se han convertido en una de las bandas más influyentes de la escena de Nueva Orleans. Alternando trabajos más experimentales (My Feet Can’t Fail Me Now, que combina sin pudor números absolutamente frenéticos con citas de La Marcha Imperial de La Guerra de las Galaxias) con otros en un estilo más tradicional (el maravilloso Funeral For a Friend, homenaje a un miembro de la banda que murió), o una sorprendente versión del clásico de Marvin Gaye What’s going on (sí, sí, el disco entero, canción por canción), en el que asombra ver cómo las letras que narraban la decadencia de Detroit son perfectamente aplicables al desastre que supuso el Katrina.

Hace poco estuve hablando con un amigo que venía de pasar una temporada viviendo en Nueva Orleans. Me contó que, a día de hoy, la ciudad quizás tenga interés, si acaso, para una visita, pero desde luego no para establecerse: muchas zonas siguen prácticamente destruidas, la población negra está muy segregada, el paro anda por las nubes, lo que agudiza el problema con las drogas, y la ciudad básicamente malvive del turismo y de la música. Es un tío muy viajado, del que me fío muchísimo. Y aún así, oyendo este Jesus On The Mainline, dan ganas de darse una vuelta por el French Quarter.

Basterdos

September 18, 2009

Llega la última de Tarantino, Inglourious Basterds.

Versión resumida: servidor es muy de Tarantino, y esta película es muy Tarantino, así que yo encantado, pero al que no le guste su estilo le parecerá todo un espanto.

Con más detalle: viendo el trailer parece que el eje de la película sea el comando de judíos liderados por Brad Pitt y su misión de matar nazis de la peor forma posible. No es el caso. Ese es uno de los hilos argumentales, pero hay más, y para mi gusto mejores. Aunque todos confluyen al final, el tono es diferente en cada uno. Los mata nazis de Pitt tienen el humor violento y chusquero tan propio de Tarantino, pero sus otras marcas estilísticas (diálogos brillantes, humor más elegante, referencias pop, detallismo en lo visual) están también presentes en la película, que cambia de tono con una facilidad impresionante. Es cierto que los nazis son un poco (o un mucho) caricaturescos, es cierto que el final es una locura, es cierto que Tarantino se revuelca a veces en sus excesos, pero el resultado, pese a todo, sigue siendo fascinante.

Todo el mundo habla de lo bien que está Christoph Waltz como el nazi cazador de judíos Hans Landa. Está mejor. El personaje , además, es cojonudo, lo mejor que ha hecho tarantino desde Pulp Fiction. Es cierto que da mucho miedo, que es un malo malísimo, pero también tiene momentos de comedia estupenda, parrafadas tremebundas, y el tío puede con todo.

Recomiendo muchísimo verla en versión original. Creo que todo el cine debería verse así, pero más en el caso de películas como esta, en donde se habla inglés, alemán, francés (prácticamente a partes iguales) y un poco de italiano, y donde los idiomas tienen mucha importancia argumental , cosa que no sé si se habrá respetado, pero no creo. Cada vez se ven más películas con más de un idioma (Babel, 21 gramos, Ché, Traffic, El Albergue Español, Slumdog Millionaire), y en varias este multilingüismo es parte esencial de la trama (Vicky Cristina Barcelona, 2 días en París). Es una pena que películas como esta pierdan la lógica, o simplemente parte de su atractivo, por culpa del doblaje.

Ingobernable (VI) – Y pese a todo…

September 17, 2009

Washington tomada por lunáticos que se quejan de que Obama tenga zares, sin saber muy bien qué son (pero presuponiendo los mayores disparates), cuando este es simplemente el nombre que a ciertos consejeros se les viene dando desde la presidencia de Ronald Reagan…

El Partido Republicano totalmente enrocado, sabiendo que Obama va a ceder para lograr consenso, y que con soltar un poco la presa al final de las negociaciones aún podrán pretender que han sido razonables y colaboradores…

El Partido Demócrata preparando una propuesta de reforma sanitaria que probablemente sea más descafeinada de lo que las bases piden…

Y pese a todo…

Mientras que Estados Unidos muchos padres se quejaron de que Obama intentara explicar sus planes a los estudiantes, en España hay quien se queja de que se les explique las leyes ya aprobadas, cosa que allí se hace con total normalidad.

El grito de “mentiroso” del congresista Joe Wilson, interrumpiendo el discurso de Obama ante las dos cámaras, ha hecho que le critiquen su propio partido, empezando por McCain, que dijo que era un acto totalmente irrespetuoso, que no tenía lugar, y por el que debería disculparse inmediatamente. En España lo normal es que a Martínez Pujalte se le rían las gracias, eso cuando la gracia no la hacen todos, en equipo.

Un asesor de Obama dimitió porque se descubrió que creía en ciertas teorías conspirativas sobre el 11S. En España no dimite nadie, por gorda que haya sido la salvajada que se haya dicho sobre el partido de al lado y, un suponer, el 11M.

Cuando en las manifestaciones aparecen los supremacistas blancos o grupos de extremismo similar, el Partido Repúblicano no tarda en desmarcarse y criticar, mientras que en España es imposible que cierta gente critique a según qué grupos o reniegue de según qué pasado.

Frente a los problemas para que su proyecto de reforma sanitaria salga adelante, Obama dio un discurso ante ambas cámaras y las televisiones, explicando sus planes, sus razones y sus números. Aquí aún estamos esperando a que alguien digo algo concreto sobre la crisis económica.

El gobierno de Obama está formado por gente preparadísima, desde premios Nobel hasta antiguos adversarios políticos como Hillary Clinton, y a todos ellos se les da libertad de acción y continuidad para llevar adelante su proyecto. En España ya se han visto las diferencias entre la trayectoria de Solbes y las de Blanco o Aído.

Es cierto que los estadounidenses (o al menos muchos de ellos) hacen cosas que no puedo entender (por ejemplo: hacer presidente a cierto señor de Tejas), o que su sistema de elecciones presidenciales tendría mucho sentido cuando las colonias mandaban señores a caballo a votar en asamblea, pero que visto hoy día parece diseñado por un orangután borracho. Pero el respeto que le tienen a las instituciones (el Presidente, el Congreso, el Senado, el Tribunal Supremo), el hecho de que las listas sean abiertas (y por tanto cada político tenga que ganarse los votos) y la votación en las cámaras sea libre (que abre la puerta a unas sutilezas políticas inauditas en otros sistemas) son, entre otras muchas, cosas que les envidio profundamente.