Taking Woodstock

Nueva película de Ang Lee, un señor que lo mismo te hace un drama familiar chino (Beber, Comer, Amar), una adaptación de Jane Austen (Sentido y Sensibilidad), una de vaqueros homosexuales (Brokeback Mountain) o una particular película de superhéroes (el primer Hulk). En este caso llega con la historia de Elliot Tiber, que como recapitulaba hace poco Diego Manrique en El País, ayudó a montar el festival de Woodstock. La película se basa en el libro del propio Tiber y Tom Monte, y el guión lo escribe James Schamus, habitual colaborador de Lee.

La historia se basa fundamentalmente en la vida de Tiber, y en cómo el festival le ayuda a madurar, y cómo afecta a su peculiar familia, ignorando completamente las actuaciones musicales. Nada especialmente novedoso, y que a veces cae un poco en el tópico, pero sí bien hecho, con buenos actores, una dirección discreta y elegante, y momentos de comedia muy conseguida.

Las críticas no han sido especialmente brillantes, y parece que se avecina una buena hostia en la taquilla (tres millones de dólares recaudados en el primer fin de semana, que es hoy día -tristemente- la principal medida del éxito), pero a mí me parece que la película está bastante bien, y que además demuestra que Lee puede hacer, básicamente, lo que le apetezca, en cualquier género, con la única constante de adaptar su estilo a lo que pida la ocasión.

En varios momentos de la película, especialmente cuando retrata el caos del festival (tanto la organización como el desarrollo), Lee parte la pantalla en varias imágenes simultáneas, eso que Jaime Rosales llama polivisión y que a todo el mundo le suena más de ver a Jack Bauer en un lado de la pantalla y a los terroristas en la otra. Al principio lo asocié con el uso del mismo efecto en Hulk; tardé un rato en caer en que lo que estaba haciendo es clavar la estética del documental de Woodstock dirigido por Michael Wadleigh y montado, entre otros, por Martin Scorcese:

Qué grandes los comienzos de Santana, especialmente el primer disco. Qué lirismo, qué energía, qué ferocidad. Ya quisieran los Sex Pistols y Metallica…

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