Arde Los Ángeles (II): El color de la luz

Por las tardes se nota menos. Se sigue viendo el humo, claro, a veces difuminado, a veces un nubarrón compacto como el de Hiroshima, y si te fijas ves como el aire lleva pequeñas motas de ceniza, que a veces se te posan en el brazo y ahí se quedan, como un lunar gris. Pero el cielo más allá de la nube es azul, y si miras al sur casi parece un día como cualquier otro.

Las mañanas, por algún motivo, son distintas. Nada más despertar te asalta el olor a quemado. El cielo es una cúpula gris plomiza, mires dónde mires. El aire tiene una cierta presencia, como una textura, que le da a la luz un toque irreal. Es difícil describirlo, y no se ve cuando haces una foto, pero está ahí.

La situación me recuerda, salvando las distancias (esto es un incendio, y visto desde lejos, no el fin del mundo), a The Road, la novela de Cormac McCarthy, ganadora de un Pulitzer y cuya adaptación al cine se estrena el mes que viene. El libro es básicamente cojonudo, con la única posible pega de que a veces te dan ganas de cortarte las venas. Un hombre y su hijo cruzan una tierra que nunca se identifica, devastada por una tragedia que nunca se explica, pero que recuerda a un invierno nuclear que ha matado a todos los animales y plantas. Buscan el mar y el clima más calido del sur. En el camino, empujando un carrito de la compra con sus pocas pertenencias, sufren todas las penurias imaginables: hambre, frío, lluvia a la intemperie, y encuentros con la panda de despojos en la que se ha convertido la mayoría del resto de los supervivientes ante la absoluta falta de esperanza. Tiene un par de momentos que son francamente angustiosos.

La película, con Viggo Mortensen como protagonista, es según se dice bastante fiel al libro, lo que de ser cierto sería señal de que el tráiler no lo es a la película, ya que parece más una de acción que el desfile de penurias de la novela.

(Dice el señor Youtube que el trailer hay que verlo en su página, así que pinchen, pinchen)

Lo que sí que parece que están clavando es el color, la luz, el aire. Se parece a las mañanas de estos días, pero a lo bestia. El director de fotografía, Javier Aguirresarobe, dijo en su día que la película iba a ser un reto, porque “la devastación absoluta requiere el color del desastre”. Por lo que se ha visto hasta ahora, parece que Aguirresarobe vuelve a acertar.

Mientas tanto aquí seguimos, mirando la nube de humo y encantados de tener pelos en la nariz, claramente el invento del año.

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