Ingobernable (I) – Campaña y salud

La polémica formada con el discurso a los estudiantes de Obama es una muestra perfecta de cómo el ambiente de crispación en los Estados Unidos está pasando de castaño oscuro. Las mentiras empezaron ya durante la precampaña (que si es musulmán, que si es árabe, que si no tiene nacionaldiad estadounidense, que si desayuna bebés, que si ni siquiera los cocina), y aunque McCain (que antes de la campaña era un tipo de lo más decente, y que para mí que se vio arrastrado por el sector duro del partido, ese que estaba encantado con Palin) intentó parar las cosas cuando empezaron a rozar la demencia colectiva, la locura siguió igual hasta el mismo día de las elecciones. Cuando esa noche miles de personas (negros, blancos y de todos los colores) celebraron el resultado en las calles, sin que hubiera altercados ni se pusiera a los republicanos registrados a recoger algodón, se pensó que la cosa se iría relajando poco a poco, hasta normalizarse del todo. Había incluso cierta esperanza de que, visto que el pueblo americano había a elegido a un hombre culto, dialogante y conciliador, el partido republicano contraatacara en la misma línea.

Inocencia, bendito tesoro.

Para empezar, se le siguió dando bombo a las mismas mentiras que se usaron durante la campaña, con FoxNews (que siempre ha sido un perro de presa, pero generalmente con unos mínimos de decencia), cayendo hasta casi el mismo nivel de chabacanería y fabulación que los tabloidesmás cutres y de canales de radio que ríete de la COPE (que, que yo sepa, aún no ha acusado a Zapatero de ser portugués, aunque mejor no dar ideas). Lo de la nacionalidad es uno de los ejemplos más disparatados, con un miembro del Senado pidiéndole a Obama que enseñe su partida de nacimiento para estar convencidos del todo. Que semejantes chorradas sean legimitadas por senadores es una señal de cómo está el patio.

Con las ayudas a Wall Street y a la industria automovilística la cosa se calmó un poco, más que nada porque los repúblicanos hubieran hecho poco más o menos lo mismo, pero en cuanto se ha puesto encima de la mesa el debate de la sanidad pública se ha reiniciado la guerra. Se empezó con las acusaciones de socialista y comunista (cosa que ya se escuchó durante la campaña), pero como eso no bastaba, el nivel de falsedad alcanzó un nuevo nivel.

Sarah Palin, en su página de Facebook, publica un comentario acerca de lo terrible que será la sanidad pública. Empieza con pegas que son razonables, y que merecen ser discutidas: que si muy caro, que si nos estamos entrampando, que si lo van a tener que pagar las futuras generaciones… Cosas con las que uno puede estar de acuerdo o no, pero que entran dentro de un debate políticoo normal. Y entonces llega el triple salto mortal. Porque para ella está claro que, cuando no haya dinero, el resultado será terrible para los más débiles: niños, discapacitados, ancianos. A continuación habla de cómo su hijo (es de suponer que el que tiene síndrome de Down) tendrá que declarar ante los “Obama’s death panels” (algo así como “tribunales de la muerte de Obama”, ahí, con dos cojones), que juzgarán si es útil para la sociedad, y si no, bueno, no se sabe muy bien qué, pero algo malísimo. Como en Auschwitz, poco más o menos.

La gente se subió al carro, y convirtió el hecho de que el plan de sanidad pública cubra “end of life counseling” (básicamente, tratamiento psicológico para gente con enferdades terminales, cosa que ya se ofrece) con “van a desenchufar a la abuela”, una especie de eutanasia obligada, no sé sabe muy bien por quién, no se sabe muy bien cómo. Da igual, lo importante es dar miedo, aderezado con acusaciones de socialismo por todas partes. En los actos republicanos no faltan las pancartas con cosas del tipo “que el gobierno no ponga las manos encima de mi medicare”, el programa que cubre la sanidad de los ancianos y que, aunque muchos no parecen darse cuenta, es público y lo lleva el gobierno.

Una editorial del Investor’s Business Daily llegó a decir que era terrible que se intentara implantar un sistema como el británico, donde alguien como Stephen Hawking no podría haber sobrevivido, porque se le habría considerado no apto en algún punto. Como si en Londres tuvieran un barranco para, como en la antigua Esparta, despeñar los niños que salen raros. Hawking no tardó el decir que lleva toda la vida en Inglaterra, que la sanidad británica le ha pagado su carísimo tratamiento, y que sin ella estaría muerto, pero por supuesto la verdad es irrelevante una vez que la bola está rodando, igual que pasó con los “paneles de la muerte”, que según las encuestas han llegado al 86% de la población, de los cuales un 30% se lo ha creído. Hay una versión corregida del editorial, sin referencias a Hawking, pero que aún así sigue hablando de pobres abuelas en peligro de muerte.

Toda esta locura viene de una minoría, no especialmente grande, pero sí experta en hacer ruido. El objetivo es tirar del sensacionalismo, del alarmismo, de las mentiras que sean necesarias, para sembrar el miedo y la duda, y dinamitar cualquier intento no sólo ya de reforma, sino de debate.

Así que no es de extrañar que en cuanto Obama dijo que quería dar un discurso a todos los estudiantes hasta secundaria, le saltaran al cuello como lobos. Ya se sabe, todo sea por defender la inocencia de los niños, que son nuestro futuro.

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One Response to “Ingobernable (I) – Campaña y salud”

  1. Ingobernable « El Teléfono Verde Says:

    […] leyendo en Ingobernable e Ingobernable […]

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