Familiar

El término aldea global se debe a Marshall McLuhan, que lo usó a principios de los 60 refiriéndose al efecto en la sociedad de la electricidad, la radio y la televisión. A día de hoy suele asociarse más con internet, que permite que mi madre sepa el tiempo que va a hacerme en Los Ángeles, desde Sevilla, cuando ella quiera. O, hace unos días, enterarse de si me chamuscaba o no.

Pero es que además con internet no sólo puedes enterarte al instante de qué pasa en Australia, es que puedes ver los comentarios de australianos de a pie en foros y blogs, o chatear con uno para preguntarle tú mismo. Más que una aldea es un patio de vecinos, uno sólo tiene que asomar la cabeza por la ventana, pegar dos voces, y seguro que sale alguien para comentar.

Esta es una de las veces en que los políticos han dado ejemplo de cómo adaptarse a los nuevos tiempos. Y además con total dedicación. No les bastaba con cambiar el tono a esas discusiones corraleras que se escuchan ahora en el Congreso, sino que ahora además están trastocando también el fondo de las mismas, tanto que apenas se distinguen de una bronca familiar. Los titulares traen historias de si sale a cuenta abonarse a la televisión de pago, o de facturas de trajes, o de si cuatrocientos euros son mucho aguinaldo, o de que espía desde detrás de la puerta, o de cómo la maestra le intenta comer la cabeza al niño, como si no se le educara lo bastante en casa y en catequesis. Puede que sean cosas importantes, pero es que es lo único que se escucha, y encima con qué modos.

Y no es sólo aquí. Tras años de tropelías de índole puramente político, a Berlusconi se le han enfadado los italianos porque se le ha ido la mano con un par de fiestas que ha montado. O quizás, no está muy claro, por no haberlos invitado. No se salva ni el presidente de la comunidad: Obama intentó plantear una discusión sobre quién debería ir al médico, y ha tenido que acabar defendiéndose de las acusaciones de que quiere quitar de en medio al abuelo.

Me gustaría poder decir que echo de menos los días en que la política se basaba en convencer a la gente de que tus ideas eran mejores que las del tío de enfrente, en vez de explotar cada cagada ajena hasta que votar consista en elegir al menos malo, pero no me llega la memoria.

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