Por qué invertir en investigación (II) – Lo práctico

Estando como estamos en el siglo XXI, debería estar asumido que la investigación en tecnología y ciencias aplicadas es rentable. Se me ocurren muy pocas actividades económicas que no se basen en algo que en su día descubrió o inventó alguien. Es de suponer que a estas alturas nos hemos dado cuenta de cómo funciona la cosa, y que todos estamos dispuestos a innovar, a inventar, a desarrollar. No quizás problemas abstractos, pero al menos problemas prácticos, concretos, de los que ya tienen la aplicación pensada.

Una vez dicho esto, uno ve el entramado empresarial español, el gobierno (presente y pasados), el gasto en I+D, la mentalidad del “que inventen ellos” y, bueno, quizás no está todo tan claro.

Quiero creer que el problema es que no existe la visión de futuro para darse cuenta de que, aunque al principio cueste un poco más, dotar a la industria nacional con una fuerte componente de investigación es muy rentable a un plazo no demasiado largo (digo que quiero creer que es falta de visión porque, si no, estamos hablando de estupidez pura y dura). Pero pasa lo de siempre: a los políticos les aterra no ver resultados en cuatro años (que es su horizonte vital), y los empresarios prefieren ir a lo seguro, forrarse hoy y mañana Dios dirá.

El problema es que desde hace tiempo la economía nacional está sufriendo los efectos, no ya sólo en cómo no crecemos, sino en cómo encogemos. Hace tiempo que no tenemos un caso de deslocalización gordo en las noticias, pero todo el mundo recuerda cómo suele ir la cosa: una planta industrial, que generalmente pertenece a una empresa extranjera, se cierra y se translada todo a otro país (Europa del Este en el caso de la industria pesada, Asia si es textil, lo que toque), en la que cuesta menos producir lo mismo. Lo mismo pasa con sectores no industriales: no quiero ni imaginar cómo nos vamos a reir cuando el turismo empiece a moverse hacia Croacia y Túnez, que ofrecen básicamente lo mismo que nosotros (sol, playa y poco más), pero mucho más barato.

Partamos de que a cualquiera que trabaje en una de esas fábrica le han jodido, además sin tener culpa de nada. Estaría bonito que la fábrica no cerrara, que la empresa optara por pagar más. Pero esto, además de poco realista (más bien nada), parece olvidarse del hecho de que esa planta estaba ahí porque, en algún momento, fue la que ofreció el precio más bajo. Los polacos y los chinos nos hacen ahora lo mismo que le hicimos nosotros a los alemanes y los suecos. El problema es que los alemanes y los suecos fueron en su día más listos que nosotros, y estaban preparados.

Estaban preparados, en primer lugar, porque las fábricas, estén donde estén, son suyas. Y son suyas porque el producto es suyo, porque tienen las patentes, porque en algún momento se la jugaron, y crearon algo nuevo, y formaron una empresa para fabricarlo a gran escala, y siguieron empujando y empujando hasta que la empresa dio beneficios, y entonces usaron esos beneficios para mejorar el producto, seguir innovando, ser punteros, y a día de hoy son dueños de algo que tiene valor aunque tengan que pagarle a otro para producirlo.

En segundo lugar, muchos de estos países todavía mantienen plantas en sus países, porque han invertido no sólo en el producto, sino en los medios de producción. Son más eficientes (en energía o en materiales), más rápidos, más fiables, más seguros. Y una empresa está siempre dispuesto a pagar menos por lo mismo, pero si alguien les ofrece algo mejor, aunque sea más caro, puede que el resultado sea distinto.

Y no hay muchas más vueltas que darle. Para hacer dinero hace falta un producto bueno, que la gente quiera (ayuda que sea novedoso, mejor que el de al lado), y tienes que poder producirlo de forma eficiente, para poder ofrecer el mejor precio. Para pillar un pellizco del pastel antes nos bastaba con ser un país más pobre que el de al lado, pero esa opción se nos ha acabado.

Algunos ejemplos:

Me comenta alguien que sabe de esto que los únicos fabricantes de coches que crecen (o que, hoy día, están capeando mejor el temporal) están localizadas en países (como Alemania o Japón) en los que se sigue investigando de forma importante en fatiga, fractura y otros campos de la ingeniería mecánica que son esenciales para estudiar el fallo de los materiales, y por tanto mejorar la seguridad del producto.

Hice mi proyecto fin de carrera en Suecia, en la empresa Atlas Copco, uno de los líderes mundiales en compresores, aparatos de minería y cosas así. No sé cómo estará la cosa ahora, pero entonces aún tenían toda su producción localizada en el país, al contrario que varios de sus rivales, que fabricaban en Polonia y otros países de la Europa del Este. Evidentemente les salía más caro un sueco que un polaco, pero les compensaba por una mejor productividad, mejores infraestructuras y con la posibilidad de realizar investigación centrada en su producto. Cuando tenían un problema, o bien lo gestionaba su departamento de I+D, o bien le pagaban a la universidad para que lo estudiara (era uno de los principales clientes del departamento en el que yo estudiaba).

Allí conocí a gente investigando para Ericsson, que al parecer tenía, al igual que Nokia, un departamento de I+D que generaba del orden de diez patentes a la semana. La gran mayoría eran cosas que nunca van a usarse, pero en cuánto una, sólo una, fuera importante, esto o bien le daba una ventaja clara a su producto, o bien producía beneficios cuando otras empresas pagaban por poder usarla. En cualquier caso, sacar siquiera un céntimo por teléfono no es para nada despreciable en un mundo que ya pasa de los cuatro mil millones de usuarios de telefonía móvil.

Después de Suecia estuve en Polonia, con unas prácticas en empresa, que acabaron siendo prácticas en dos empresas. Una de ellas era un perfecto ejemplo de deslocalización: una empresa polaca, comprada por un grupo sueco, y cuyo director, italiano, trabajaba antes en una planta italiana que había cerrado. Como le había visto las orejas al lobo, ahora intentaba mejorar la productividad de la planta, usando métodos de organización industrial y mantenimiento novedosos, importados de Japón.

La otra, en cambio, era una siderurgia nacional, que estaba moribunda. Fue una empresa grande en su día, pero estaba a esas alturas completamente anticuada, tanto en medios como en mentalidad, y malvivía a base de pequeños trabajos, cada vez con menos volumen de ventas, y limitándose al mercado nacional. Simplemente esperaban el final, que se veía más bien negro: llega un momento en que ni siquier el ser barato te da suficiente ventaja para competir, si no te modernizas mínimamente.

Y nosotros, hoy por hoy, ni siquiera somos baratos.

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One Response to “Por qué invertir en investigación (II) – Lo práctico”

  1. FLJ Says:

    En España la carrera importa mucho más que en otros sitios, porque tenemos competencias, y porque hay más mentalidad de “estudio X, ergo trabajo de X”. Si te pones a investigar, especialmente fuera, se valora más la mentalidad, las herramientras que has aprendido, y tener una base (que te permita aprender temas más “avanzados” con facilidad) que las asignaturas concretas que has dado (porque entre otras cosas descubres que no tienes ni idea de nada, y que de lo que tenías idea no te acuerdas).

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