Por qué invertir en investigación (III) – Lo menos práctico

Hay también muchos ejemplos de investigación que acaba produciendo resultados inesperados, pero no por ello menos beneficiosos. Se da sobre todo en proyectos que incluyen grandes avances tecnológicos. El ejemplo clásico (penicilina aparte) es la carrera espacial, y los numerosos avances que ha traído, en campos como los materiales, electrónica o la organización industrial (no, el velcro es de 1941). Por no hablar de todos aquellos usos del espacio que han ido apareciendo poco a poco (GPS, satélites para control del clima, monitorización del cambio climático o de la deforestación del Amazonas, poder ver los mundiales de fútbol cuando caen lejos). Es casi seguro que los avances técnicos necesarios para sacar adelante un proyecto tan monstruoso como el Gran Colisionador de Hadrones pasarán a usarse, antes o después, en aplicaciones comerciales.

Se pueden encontrar más ejemplos:

Cuando el telescopio Hubble empieza a funcionar, se descubre que tiene un problema con los espejos. Se envió a un grupo de astronautas a arreglarlo, pero como el espacio pilla un poco a contramano pasaron tres años en los que el telescopio mandaba imágenes defectuosas. Estudiándolas se descubrió que la aberración era pequeña, y relativamente constante, así que se idearon ténicas de procesado de imágenes para corregirla. Esas técnicas dejaron de usarse una vez el telescopio fue reparado, pero tiempo después resultaron ser muy útiles en el procesado de imágenes médicas (básicamente, detección del cáncer).

Las matemáticas del caos, esa cosa que nos suena gracias a Parque Jurásico y que parecía esencialmente una curiosidad, se usa muchísimo en climatografía y en el estudio de procesos termodinámicos alejados del equilibrio.

Se podría argumentar que sería mejor si el dinero se hubiera dedicado a investigar imágenes médicas, o climatografía, o lo que fuera, en vez de andarse por las ramas, pero (aunque son campos en los que también hay que investigar, qué duda cabe) la cosa no funciona así. Uno muchas veces no sabe lo que está buscando, o no ve que su problema está conectado con otro problema distinto, y suele hacer falta la aportación de varias personas, en disciplinas distintas, para unir las piezas del puzzle.

Un último ejemplo de proyecto tan faraónico que toca todos los palos son los Mars Exploration Rovers, esos robots parecidos a Cortocircuito que están todavía paseándose por Marte. Dejando aparte las complicaciones que tiene poner cualquier cosa en el espacio, y más aún si va a ser en el espacio profundo (básicamente, lo bastante lejos para que no se note la gravedad terrestre), aterrizar en Marte es jodido. Es un planeta con muy poca atmósfera pero bastante gravedad, así que no se puede usar ni la técnica para aterrizar en la Tierra, consistente en usar la atmósfera como freno (un ladrillo arrojado desde el espacio tocaría el suelo de Marte a velocidad supersónica), o hacer como en la Luna, donde la gravedad es tan baja que un poco de propulsión es capaz de frenar la nave.

Así que tras siete meses volando por el espacio, cuando la nave entra en la atmósfera se abre un paracaídas supersónico que empieza a frenarla. A medio camino se libera el escudo térmico que ha evitado que la electrónica se chamusque (que aunque la atmósfera no sea suficiente para servir de freno, si lo es para freir componentes sensibles). A unos diez segundos del impacto, se abre un ramillete de airbags que rodea totalmente al robot, que sigue bajando más bien rápido. A unas decenas de metros del suelo se dispara un grupo de cohetes, último intento de reducir la velocidad. Entonces se suelta la carga, que rebota varias veces antes de frenarse.

Todo ocurre en menos de un minuto (bastante menos en el caso de que falle algo), y cualquier fallo significaría haberse gastado un dineral en espacir tuercas por medio Marte .

Y para rizar el rizo, el sofware que controla todo eso no estaba listo el día del lanzamiento, y hubo que enviarlo posteriormente, cuando las dos naves (una por cada robot) ya iban camino de Marte. Así que lo que se lanzó al espacio eran, esencialmente, dos ladrillos, a 400 millones de dólares la pieza.

Aparte de los descubrimientos científicos sobre Marte que puedan proporcionar los robots, el proyecto incluye también el desarrollo de tecnologías usadas en paracaídas, airbags, paneles solares, electrónica, control automático, sensores de posición, baterías, amortiguamiento, aislamiento térmico, fialibidad y mil cosas más.

El siguiente vídeo muestra los procesos claves del proceso. No estoy seguro del despegue, pero al menos el aterrizaje ocurre con la misma velocidad que se ve en el vídeo:

Como anécdota final: el proyecto se planeó con una duración de tres meses, porque se esperaba que el polvo de Marte cubriera los paneles solares hasta que los robots no pudieran funcionar más. Y así empezó a ocurrir, y la energía recibida empezó a bajar poco a poco, hastas que un día estaba a pleno rendimiento. El proceso se repitió varias veces hasta que se descubrió la causa: hay fuertes tormentas que recorren Marte, y que periódicamente levantan el polvo acumulado en los paneles solares. Afortunadamente, el diseño de los distintos elementos se hizo pensando a largo plazo (nunca se sabe), y por eso los robots siguen funcionando cinco años después de llegar a Marte, mucho más allá de los tres meses previstos.

Como en el caso de la penicilina, a veces vienen golpes de suerte, pero hay que estar preparado para aprovecharlos.

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One Response to “Por qué invertir en investigación (III) – Lo menos práctico”

  1. Jesús-e.t. Negro Says:

    como el tema de la investigación por la investigación puede ser para el ciudadano medio, tan futil como cuando se le expica el arte abstracto a través del arte por el arte (es decir, que se la suda), te diré que el argumento más fuerte me parece ése de que nunca se sabe para qué puede servir un nuevo descubrimiento. y es la verdad. al fin y al cabo cualquier avance tecnológico lo haces siguiendo unas leyes universales, como por ejemplo y por lo general las de la física. si se explicasen por separado cada una de las cosas a través de las cuales se ha llegado a la fabricación de un coche, seguramente parecerían pequeños trazos inútiles en la historia de la ciencia (por explicarme, porque en realidad desconozco si es así :D). en España la inversión en ciencia va a mermar y encima el presi anda saliéndose por la tangente cuando algún periodista se lo comenta (que tampoco es un ejército de periodistas preguntándole por el I+D, claro)

    una pregunta, ¿existe algún libro publicado de historia de la ciencia que esté actualizado, que se asquible, que no esté conformado por un montón de anécdotas mamarrachas, y que no solo incluya a Newton sino que llegue hasta los paradignas de hoy? si es así me gustaría que me lo recomendaras

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