Por qué invertir en investigación (VI) – Dos comparaciones

Para ir cerrando (o eso creo), dos cositas comparándonos con países que, en este sentido, lo suelen hacer mejor que nosotros.

La primera: ante el argumento de que invertir en ciencia da dinero, se puede decir que también da dinero el invertir en otras cosas (construcción, turismo, explotación de recursos naturales, industrias de bajo contenido tecnólogico). Y es cierto, se pueden sacar beneficios de muchas cosas, y además algunas los dan antes que la ciencia. Pero claro, puede que haya situaciones en el que un tipo de inversión sea mejor que el otro.

El otro día hubo un debate entre Felipe González y Sami Naïr en el CaixaForum de Madrid. Una grabación del mismo, muy recomendable (además de más listos que el hambre son los dos grandes oradores, se esté de acuerdo con ellos o no), está entera (dos horas) en la página web, junto a un resumen de diez minutos. Empezando en el 1:30:10, González dice  (sólo he podado un par de repeticiones y titubeos):

“En Alemania […] están pasando por un año con 6.7% de caída del producto bruto, una recesión bastante seria. El paro ha pasado del 8.3% al 8.4%, con tendencia a irse al 8.3%. En España hemos pasado por una caída del producto bruto del […] 4.6%, 4.7%, dos puntos menos. Nuestro paro ha pasado del 8.3% a 18 y pico por ciento. Descuenten ustedes […] los factores estructurales, que dependen del ladrillo y del cemento, incluso los estacionales, que dependen de una caída de la demanda europea de turismo que afecta a una actividad que para nosotros genera mucho empleo. Y descontado eso, ha habido un incremento del paro mucho mayor que el de Alemania, cayendo Alemania mucho más, económicamente, que España.”

No creo ni que se deba descontar lo estructural y lo estacional, porque es parte de la realidad: cada país tiene la economía que tiene, y los alemanes, aunque estén jodidos (como lo están todos los países), tienen una economía que, comparada con la nuestra, parece a prueba de bomba, y ahí andan recuperándose. Hay diferencias históricas (nuestro señor con bigote y mal genio duró bastante más que el suyo, aunque es verdad que el suyo gastaba más genio que el nuestro), sociales, de clima, en las circunstancias políticas y mil cosas más, pero seguro que podríamos intentar que nuestra economía se pareciera un poquito más a la suya.

La segunda, una cosa que me gusta del sistema universitario estadounidense, y que es fruto de la importancia que se le da a la investigación, incluso en universidades en las que no funciona como criterio esencial para evaluar al profesorado (en las universidades tecnológicas punteas ya puedes dar unas clases de pena, que si investigas bien tienes trabajo): muchísimos alumnos tienen la posibilidad de participar durante sus estudios (el grado, no el postgrado), de una forma o de otra, en algún proyecto de investigación. He conocido a gente que ha estado contratado en departamentos publicando como leones, gente que ha hecho pequeños proyectos experimentales, gente que ha trabajado en proyectos orientados a la divulgación, e incluso un estudiante de Yale que se fue a Inglaterra buscando bibliografía (documentos originales, de los que están bajo llave) para escribir un artículo de investigación sobre la vida de un político del que no se acuerda prácticamente nadie. Es cierto que en España pueden hacerse muchas de esas cosas, pero allí es mucho más normal, porque hay dinero (abundan las becas para investigar en verano) y porque los profesores dedican más tiempo a investigar y suelen estar buscando estudiantes. Me sorprendió especialmente el número de posibilidades en humanidades: artículos que serían el equivalente a nuestros proyectos fin de carrera en historia, filosofía, etc.

Creo que esta experiencia, que puede durar tres años o tres meses, es valiosa. Enseña a ser autónomo, a atacar un problema que a priori no ha resuelto nadie, a pelearte con la bibliografía, a buscar, a ser ingenioso, a organizarse, a redactar un informe en condiciones. Lo más probable es que se investigue en un tema con el que el alumno nunca va a volver a tener contacto, pero las habilidades que se aprenden pueden ser útiles en cualquier parte, y son diferentes de las que normalmente se aprenden cursando asignaturas.

Y aunque los estudiantes no aprendan mucho con su proyecto, al menos estaran expuestos a la investigación. Al que le guste podrá dedicarse a ella con conocimiento de causa (no como en España, que muchas veces es un acto de fe). Y al que no, le quedará al menos el recuerdo de cómo fue la cosa, y si el recuerdo no es malo probablemente entienda que investigar no es tirar dinero, y que es interesante, y que ayuda a que los estudiantes se formen. Y cuando ese señor pague impuestos, a lo mejor no le parece tan mal que una parte importante se dedique a la investigación. Y si el señor llega a un puesto de responsabilidad en una empresa, a lo mejor entiende el valor que puede aportar alguien con un doctorado, por las habilidades que hemos dicho antes.

Quizás sea así como se llegue a una situación como la de Estados Unidos, en la que los doctores tienen futuro en el sector privado, no como en España, donde poco falta para que se les aplique la ley de vagos y maleantes.

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