Matar a distancia

Fogonazos habla de guerra a distancia en Afganistán. Aviones controlados por gente en Las Vegas, matando talibanes en Afganistán. Comprendo que es muy fácil hablar del tema cuando no es tu trabajo, y que la técnica probablemente tenga sus ventajas desde el punto de vista militar (más efectivo, menos bajas, no síndromes postraumáticos), y quizás incluso mejor para los afganos (no habrá soldados que se vuelvan locos por la presión y acaben pagándolo con los civiles), pero uno no puede sino preguntarse si la guerra debería ser tan distante, tan aséptica.

Dice Sonny Corleone en El Padrino: What do you think this like the Army where you can shoot ’em from a mile away? No you gotta get up like this and, badda-bing, you blow their brains all over your nice Ivy League suit.

Ya ni siquiera es una milla de distancia, sino un continente.

Ayer mismo, extraña coincidencia, vi un vídeo con la historia de Richard Luttrell, un veterano de Vietnam que, en su primer enfrentamiento con el enemigo, mató a un soldado vietnamita. Por algún motivo, acabó llevándose una foto del soldado con una niña, probablemente su hija. No sabía por qué, pero se la quedó.

richluttrell

La foto le torturaba como una maldición. Decidió dejarla, 22 años después, en el muro que conmemora a los veteranos de Vietnam, en Washington, con una carta a la niña, en la que le pedía perdón por haber matado a su padre. El problema es que todo lo que se deja en el muro se recoge y se lleva a un almacén. Otro veterano, Duery Felton, vio la foto, y el hecho de ver la foto de un soldado enemigo le dejó claro, antes incluso de leer la carta, que era algo especial. La foto y la carta acaban en un libro mostrando diferentes objetos que acabaron en el muro, y el libro acaba en las manos de Luttrell. Contactó a Felton, que voló para devolverle la foto en persona.

Después de eso Luttrell decide que si quiere descansar algún día, tiene que devolverle la foto a la niña. Vía un periódico vietnamita acabó contactando con la ahora mujer, llamada Lan, y fue a devolverle la foto, la única imagen de su padre que aún existe.

El vídeo es más bien sensiblero y afectado, especialmente por la narración, pero no se puede negar el poderío de las imágenes con los dos llorando abrazados en el momento en que la foto cambia de manos, 33 años después de que Luttrell matara al padre de Lan.

La historia puede verse en fragmentos en Youtube o más ordenada y completa aquí. El vídeo continúa con historias de jovenes en Iraq y Afganistán, perseguidos por los mismos fantasmas que sus antecesores en Vietnam, y quejándose de la falta de oportunidades y recursos para curar sus heridas.

Puede que tener que matar de cerca no sólo lo haga más difícil, sino que también haga más fácil empatizar con el enemigo, y sobreponerse al dolor y los recuerdos, años después.

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