Archive for November, 2009

Terrorismo

November 30, 2009

No contentos con la columpiada sensacionalista del otro día, ABC decide colgar la noticia con titular El juez deja en libertad sin cargos al detenido tras la muerte de Aitana en la sección de Terrorismo:

(Imagen tomada el lunes, 30 de noviembre, a las 4 a.m., en caso de que se arregle luego)

Después de llamarlo asesino, lo rematan llamándole terrorista. Me imagino que será un error, pero manda huevos que tras lo del otro día, no se anden con pies de plomo. Por no hablar de disculparse públicamente, pero no sé si eso será mucho pedir.

 

Actualización: El ABC ha publicado un vídeo con una disculpa de su director. Habrá a quien le parezca suficiente y habrá a quien no, pero al César lo que es del César.

Imitaciones

November 30, 2009

La empresa Tapley Entertaiment representa a diversos artistas, incluyendo magos, equilibristas o bandas de versiones. Pero lo que más llama la atención es que tienen una sección con dobles, esos que en inglés se llaman lookalikes o impersonators. La selección es francamente impresionante por su cantidad, que no su calidad: hay unos pocos muy parecidos, muchos que se dan un aire, y el no despreciable resto que se parecen más bien en nada. La página web afirma que no sólo se parecen, sino que además han logrado capturar la voz y los gestos del famoso en cuestión, y que son perfectos para amenizar actos de todo tipo. Hay más empresas ofreciendo servicios similares, e incluso premios.

Es una cosa bastante americana, pero en estos días de globalización España no se iba a salvar. Lo mismo que antes: alguno se parece en algo, la mayoría más bien en nada.

La idea de ganarse la vida (o un sobresueldo) a base de ir a fiestas e inauguraciones y hacerse pasar por un famoso, cuando todo el mundo sabe que no eres el famoso, resulta más bien triste, una especie de rey mago de centro comercial al que sólo fueran a ver adultos que saben que es un señor con barba postiza. A lo mejor es una de esas cosas que ganan cuando uno lleva tres copas encima, pero no tiene pinta. Es tristeza mezclada con melancolía, la añoranza de un pasado más inocente, como un cuadro de Norman Rockwell. Este tipo de imitadores nacen en un sitio y un lugar en la que los famosos eran seres lejanos, estrellas del cine y la música con sus mansiones en Sunset Boulevard, admirados, inaccesibles.

A día de hoy puede verse gente así en las zonas más turísticas de Hollywood Boulevard, disfrazados de Elvis o Marilyn, con los que te puedes hacer una foto por un par de dólares, pero el sistema para animar saraos de un poco más de postín ha cambiado. Un artista que tiene talento sale muy caro, y un imitador barato sólo te aporta el parecerse al anterior, así que no por qué no creer el híbrido perfecto, el famoso profesional, que no tiene talento (y por lo tanto, sigue saliendo barato), pero que no es una copia. En España el fenómeno empezó tímidamente con algunas exparejas impulsadas al estrellato (Belén Esteban) y algún pirado (Tamara y compañía, Yola Berrocal), pero poco a poco han ido creciendo el número de programas de televisión dedicadas a encumbrar como famoso a alguien sin que este tenga que ser capaz de hacer nada.

Al menos las copias, según la pagina web, han entrenanado para imitar las dotes artísticas del original, así que no sabe uno qué es peor…

Queda por saber si algún día surgirá gente que impersone a este tipo de famosos. ¿Qué diferenciará a uno del otro, cuando ninguno de los dos pueda hacer nada que merezca la pena? ¿Cómo separar la imitación de una realidad falsa, que a su vez creamos como triste sustituto de la verdadera, la inimitable?

Pegatinas

November 29, 2009

No sé si es el caso también en España, pero en Estados Unidos hay en marcha una guerra, que se desarrolla en la parte de atrás de los coches. Primero fueron los cristianos, con el pez a secas, con Jesus inscrito dentro, o directamente en griego, para que la vuelta a los viejos tiempos fuera completa:

Luego llegaron los darwinistas, de nuevo con el pez a secas o dos posibles inscripciones, Darwin y Evolve:

Los cristianos, sector creacionista, intentaron contraatacar:

Los partidarios de la evolución hicieron lo propio:

Pero para entonces daba igual, porque ya había un tercero en discordia:

Y a partir de ahí, la locura: Cthulhu, Fish & Chips, vampiros, cerdos voladores, Yoda, y cualquier otra cosa que uno pueda imaginar.

Comilona

November 28, 2009

Este jueves ha sido el Día de Acción de Gracias en Estados Unidos (en Canadá es mes y medio antes), en el que se celebran los frutos de la naturaleza a base de comer hasta perder el conocimiento (los nativos lo llaman algo así como El día que empezó el holocausto, que como en todas las cosas siempre hay más de un punto de vista).

La celebración no tiene mucho más que explicar: las familias se levantan temprano, cocinan (pavo, relleno, puré de patatas, judías verdes, tartas de todo tipo), se empieza a cenar muy temprano (pongamos, las cuatro de la tarde), y se sigue comiendo hasta que no se puede más. Entonces se para, se ve fútbol americano o se disfruta de la compañía, y cuando hay más espacio se sigue comiendo. Eso que se llama comer como si fuera la última vez.

Pero, ¿qué pinta tiene una comida que es de verdad la última?

Un artículo de Slate informa de las diversas reglas acerca de qué puede pedir un prisionero del corredor de la muerte como última cena. Por ejemplo, que suele limitarse a cosas que puedan cocinarse con los ingredientes que se usan habitualmente en la prisión (así que si quieres filet mignon, va a ser que no). O el caso de Florida, en el que tienen que ser compradas en establecimientos locales, por no más de 40 dólares (así que el filet mignon sigue estando complicado). Esto no quiere decir que no puedan pedir otras cosas, simplemente que el resultado puede no ser el esperado.

Como ejemplo tenemos esta página del Departamento de Justicia Criminal de Texas, con la petición de 310 prisioneros. Abundan las hamburguesas, los filetes y, en los casos más recientes, donde el número de hispanos es altísimo, la comida mexicana, aunque hay otros más originales. Quizás destaque Odell Barnes Jr., que pidió Justicia, Igualdad y Paz Mundial. El horror de la experiencia se completa con esta página, en la que aparecen la ficha y últimas palabras de todos los condenados. Espanta el desproporcionado número de negros e hispanos, y ver cómo piden perdón a las familias de las víctimas, cómo le declaran amor a la suya propia, cómo se encomiendan a Dios, o cómo (los que menos) se declaran inocentes y víctimas de un error.

Esta truculenta correlación de últimas palabras y última comida no puede hacerse con todos los prisioneros: a partir de 2004 no se han seguido colgando las peticiones de comida, por considerarlo ofensivo. Puedo a ofenderse por algo, veo más sensato hacerlo por el caso de Ricky Ray Rector, que tuvo la mala suerte de ser condenado antes de que el Tribunal Supremo declarara que aplicar la pena capital a retrasados mentales es anticonstitucional. Rector fue ejecutado en Arkansas en 1992, cuando el entonces gobernador Bill Clinton hacía campaña para las elecciones presidenciales. Lobotomizado debido a heridas recibidas durante el crimen que lo envió al corredor de la muerte, no entendía muy bien lo que se le venía encima: decidió guardar para más tarde la tarta de su última cena.

Los juguetes de James May

November 24, 2009

Hace algún tiempo Enric González hablaba del programa Top Gear, de la BBC. Uno de sus presentadores, James May, es un personaje curioso, cuyo curriculum incluye ser despedido de la revista Autocar por incluir un mensaje secreto en un número de la misma.

May ha presentado también programas sobre tecnología e inventos (James May’s 20th Century y James May’s Big Ideas), así como otros centrados en juguetes (James May’s Top Toys y James May: My Sister’s Top Toys), en los que ha discutido su interés por alejar a los niños de los videojuegos, interesándolos por los juguetes tradicionales.

Ahora la BBC Two emite  James May’s Toy Stories, un programa con el que May combina estos dos intereses. Cada uno de los seis episodios intenta convertir un juguete de toda la vida en una obra de ingeniería que roce lo faraónica, incluyendo un jardín de plastilina, un Scalectrix a lo largo de un circuito de 4.42 km, un puente de Meccano de 23 metros o una casa de Lego a tamaño real. Los proyectos se completaron con la ayuda de voluntarios (entre decenas y dos mil, dependiendo), que otra cosa no, pero parece que se lo pasaron como los indios.

Por lo que se ve en el anuncio, el programa tiene pinta de ser divertido, ingenioso, inteligente y elegante. Todo ello transmitiendo buenos valores a la chiquillería. Y es que la televisión, como todas las cosas, no tiene por qué ser una mierda.

BBC: ochenta años dándole envidia al resto del mundo.

Socializar las pérdidas, capitalizar los beneficios

November 19, 2009

Joe Biden, vicepresidente de los Estados Unidos, en The Daily Show, con el siempre genial Jon Stewart, hablando de las ayudas a los bancos (traducción aproximada, puliendo el lenguaje oral):

Biden: Mi abuelo usaba una expresión estupenda, su nombre era Ambrose Finnegan, y decía: recuerda, Joey, es socialismo para los ricos, y capitalismo para los pobres.

Stewart: Pero ese es el problema, ¿por qué les hemos financiado?

Biden: Porque si no les hubiéramos financiado, estaríamos en una depresión, no en una recesión.

El abuelo de Biden no fue el primero en acuñar la frase (según la Wikipedia ya fue usada por Andrew Jackson, así como Martin Luther King, Gore Vidal o los Kennedy), pero a todos se les escapa el verdadero problema, que no es la parte de socialismo para los ricos, sino que la realidad se aproxima más a socialismo para las pérdidas de los ricos, y capitalismo para sus ganancias.

Quizás sea verdad que había que financiar a los bancos para evitar algo peor, pero en ese caso la pregunta es por qué no se les ha pedido que devuelvan el dinero (todo, parte, intereses, algo) una vez pasado el temporal (por no seguir la sugerencia de Paul Krugman y nacionalizarlos temporalmente).

Por más que me alegre ver a Biden hablando claro (y usando sin miedo el término socialismo, tan querido hoy día por los republicanos y Fox News), por mucho que reconforte ver que entiende la frustración del ciudadano medio, nada de eso sirve de mucho si se limite a reconocer el problema,  como si fuera una fuerza de la naturaleza.

Es malo que les hayamos pagado las pérdidas a los bancos, pero aún peor es que, dado que nada ha cambiado, la próxima vez volveremos a pagárselas.

The men who stare at goats

November 18, 2009

En 2004 Ron Jonson publicó un libro acerca de cómo el ejercito estadounidense había estado investigando conceptos relacionados con el New Age y lo paranormal durante los últimos 30 años (todo suena muy hippy, pero me imagino que tenía más que ver con cebar a los prisioneros con LSD antes de interrogarles). Ahora se estrena la película basada en el libro, y con el mismo nombre, The men who stare at goats.

La película, dirigida por Grant Heslov, socio y colaborador de George Clooney, y con guion de Peter Straughan (How to lose friends & alienate people), sigue la historia del periodista Bob Wilton (Ewan McGregor, que narra también los numerosos flashbacks, y que clava el acento americano), que por un desengaño amoroso acaba en Irak, intentando hacer periodismo relevante para restregárselo a su ya exnovia. El problema es que acaba en Kuwait, sin permiso para entrar en Irak. Allí se encuentra con Lyn Cassady ( Clooney), que formó parte de las Fuerzas Especiales del ejército y que se denomina a sí mismo un guerrero jedi. Cassady decide llevar a Wilton (que cree que aquí está su noticia, independientemente de que los supuestos poderes sean verdad o no) consigo a Irak, y ahí comienza una sucesión de disparates a cada cual mayor y que incluyen terroristas, una batalla entre guardaespaldas, ácido, poderes jedi y cabras.

La película es graciosa, los actores (incluyendo a Kevin Spacey y a un Jeff Bridges no muy lejos de su papel en El Gran Lebowski) están muy bien, y la banda sonora tiene mucho rock setentero, pero me da la impresión de que intenta usar el mismo esquema de, por ejemplo, los reportajes de The New Yorker (una historia central salpicada de pequeñas historias que rellenan huecos y aportan información), quizás por aquello de que el personajes es un periodista preparando un reportaje. La idea no deja de ser curiosa, pero el ritmo no acaba de funcionar, y a veces la película parece más bien una sucesión de anéctodas.

La película contiene también elementos de crítica al ejército, incluyendo a cómo cada vez subcontrata a más empresas para realizar tareas que quizás no sean las adecuadas, pero que quedan un poco diluidas en el tono general de comedia disparatada.

Lo que sí me gustaría saber es cuánto de lo que se cuenta es verdad. La página de la película contiene una entrevista con Jonson en la que asegura que muchas cosas son ciertas, pero si las fuentes son la panda de colgados que probaban los diversos métodos, quizás habría que desconfiar un poco.

El hecho de que esa gente tuviera acceso a armamento militar, por otra parte, es espeluznante la mires como la mires.

Su normalidad, gracias

November 16, 2009

La idea que tenemos de Halloween, producto del cine y de las series de televisión, es esa fiesta en la que los niños salen disfrazados a pedir caramelos. La idea es bastante acertada (los que se quejan de que el cine americano es poco realista, que sepan que al contrario, es una imitación de la realidad casi perfecta), y todo el mundo dice que es una fiesta que, de niño, es fantástica.

Para los adultos, la cosa es más bien su versión del carnaval, porque la gente se disfraza de lo que sea (abundan las cosas de miedo, pero desde luego no son mayoría, y se ve de todo) y sale de fiesta, bien sea en casa, en bares, o en las que montan universidades o ayuntamientos en plena calle (las de West Hollywood y la Universidad de California en Santa Bárbara tienen fama, por ejemplo). Se está viendo últimamente una especial proliferación de disfraces de tipo sexy (más para los femeninos que para los masculinos, todo hay que decirlo), que es algo que a alguna gente le parece fatal, aunque también hay quién defiende que simplemente se está conviertiendo en el equivalente hetero del orgullo gay, y que es de lo más sano.

Pero, no nos perdamos, concepto básico: disfraz y fiesta.

Hace poco Dan Savage comentaba en Slog la historia de un chaval llamado Elliott Sitz, de catorce años, abiertamente gay, fuera del armario desde los doce, cuya madre le ayudó a hacerse un disfraz de Lady Gaga, y cuyo padre, disfrazado de guardaespaldas, no sólo le llevó a la fiesta de West Hollywood, sino que se dedicó a sacarle fotos, con la que han hecho un vídeo que ahora está en Youtube.

La cara de felicidad del chaval, desde luego, no tiene precio.

Puede que, a día de hoy, las leyes no reconozcan completamente la igualdad de los homosexuales (incluso que, como ocurre en algunos estados de Estados Unidos, se den pasos atrás en materia de derechos). Pero con casos como el de Elliott, chavales que, con el apoyo de sus padres, llevan la vida normal que antes era imposible llevar, podemos ser optimistas.

Honor

November 12, 2009

A partir de 2011 los institutos daneses permitirán a los estudiantes usar internet durante los exámenes, con ciertas restricciones (por ejemplo, no estará permitido chatear), para las que se confía en la honestidad del alumno.

No sé cómo funcionará el experimento (dependerá de lo civilizado que estén los adolescentes daneses y de lo bien pensadas que estén las preguntas, que para según qué asignaturas me parece especialmente jodido), pero la idea no es totalmente absurda, por más que a muchos lo de honestidad del alumno le suene a chiste..

En Estados Unidos, especialmente en la universidad, es relativamente frecuente hacer exámenes sin supervisión, según un código de honor. Así es como funciona en Caltech. Se supone que el código de honor regula toda la vida académica, pero donde más se nota es en los exámenes.

Salvo algunas excepciones, los exámenes se reparten cerrados, y la primera página corresponde a las instrucciones: límite de tiempo (dos horas del tirón, cinco horas en dos partes, todo el tiempo que quieras durante una semana), material que se puede consultar (libros, internet, apuntes de clase) y ayuda tecnológica disponible (a mano, con calculadora, Matlab o Mathematica). Y una vez tienes esas instrucciones, tú ya decides cuándo  y dónde lo haces, lo que significa que supervisión directa (un señor mirándote) no vas a tener ninguna. Depende de ti el cumplir las condiciones dadas, y no hacer el cafre, por ejemplo, echando un ratito más de la cuenta (de hecho si sabes cómo acabar el examen pero no te da tiempo, lo que suele hacerse es decir hasta dónde has llegado y luego seguir haciéndolo, por si acaso el corrector lo tuviera en cuenta, aunque fuera sólo un poco).

Y, contra lo que podría esperarse, el sistema funciona. Está claro que habrá gente que no cumpla las reglas, y todos los años hay un par de casos que acaban en los dos organismos de control dedicados a estas cosas (suelen ser casos de plagio a la hora de hacer trabajos; aquí no se puede copypastear directamente de internet, sin citar las fuentes), pero en general la regla se respeta. De hecho hay gente que saca (relativamente) malas notas, hasta el punto de estar cerca de suspender (que es difícil, por cómo está planteado el sistema).

Parece que es como lo de tirar un papel al suelo. Si hay mierda por todas partes, te da igual; si está como una patena, ya da más reparo. Cuando uno llega a un sistema que funciona, basado en la honradez y el respeto, lo que apetece es seguir las reglas, aunque uno esté recién salido del reino de la picaresca.

Satanistas

November 11, 2009

Estuve viendo el otro día La Semilla del Diablo. Me sigue pareciendo impresionante la capacidad que tiene la película para dar mal rollo mostrando sólo a una Mia Farrow con cara de necesitar un puchero dando vueltas por un apartamento de lo más aséptico (la música, que sí que es típica de una película de terror, le quita un poco de mérito, pero aún así impresiona).

Hay cosas que se ven de forma distinta con todo lo que hay montado con Polanski ahora mismo. Por ejemplo, la escena en la que John Cassavetes le dice a Mia Farrow que le ha echado un polvo mientras estaba durmiendo, que se parece bastante a una violación lo mires como lo mires, pero que ahora te recuerda a según qué cosas. El nivel de sumisión del personaje de Farrow es revelador, algo así como lo que pasa al ver Mad Men.

En la última escena de la película (uno de esos finales clásicos, tipo El Planeta de los Simios) hay un momento en que un puñado de satanistas se ponen a gritar vivas al demonio. La escena pierde un poco de fuerza porque los satanistas parecen, mayormente, recién sacados de una excursión del Imserso (quitando al japonés, que se ha perdido de otra excursión, cámara de fotos incorporada).

Aunque bien pensado no hay mucho motivo para imaginarse a un satanista como un señor con túnica negra y las cejas a lo Zapatero, o como Santiago Segura en El Día de la Bestia. Lo más normal sería que intentaran robarle clientes al enemigo, porque primero hay que creer, y luego decidir en qué (o lo que es lo mismo, te tienen que gustar los refrescos para ya luego ser de Coca Cola o de Pepsi). Al final habría de todo, desde familias donde fuera tradición hasta gente que se arrimara para sacar beneficio, pero lo normal sería que el satánico medio, el miembro de base, se pareciera más bien a una de las abuelas que van a misa los domingos por la mañana.