The men who stare at goats

En 2004 Ron Jonson publicó un libro acerca de cómo el ejercito estadounidense había estado investigando conceptos relacionados con el New Age y lo paranormal durante los últimos 30 años (todo suena muy hippy, pero me imagino que tenía más que ver con cebar a los prisioneros con LSD antes de interrogarles). Ahora se estrena la película basada en el libro, y con el mismo nombre, The men who stare at goats.

La película, dirigida por Grant Heslov, socio y colaborador de George Clooney, y con guion de Peter Straughan (How to lose friends & alienate people), sigue la historia del periodista Bob Wilton (Ewan McGregor, que narra también los numerosos flashbacks, y que clava el acento americano), que por un desengaño amoroso acaba en Irak, intentando hacer periodismo relevante para restregárselo a su ya exnovia. El problema es que acaba en Kuwait, sin permiso para entrar en Irak. Allí se encuentra con Lyn Cassady ( Clooney), que formó parte de las Fuerzas Especiales del ejército y que se denomina a sí mismo un guerrero jedi. Cassady decide llevar a Wilton (que cree que aquí está su noticia, independientemente de que los supuestos poderes sean verdad o no) consigo a Irak, y ahí comienza una sucesión de disparates a cada cual mayor y que incluyen terroristas, una batalla entre guardaespaldas, ácido, poderes jedi y cabras.

La película es graciosa, los actores (incluyendo a Kevin Spacey y a un Jeff Bridges no muy lejos de su papel en El Gran Lebowski) están muy bien, y la banda sonora tiene mucho rock setentero, pero me da la impresión de que intenta usar el mismo esquema de, por ejemplo, los reportajes de The New Yorker (una historia central salpicada de pequeñas historias que rellenan huecos y aportan información), quizás por aquello de que el personajes es un periodista preparando un reportaje. La idea no deja de ser curiosa, pero el ritmo no acaba de funcionar, y a veces la película parece más bien una sucesión de anéctodas.

La película contiene también elementos de crítica al ejército, incluyendo a cómo cada vez subcontrata a más empresas para realizar tareas que quizás no sean las adecuadas, pero que quedan un poco diluidas en el tono general de comedia disparatada.

Lo que sí me gustaría saber es cuánto de lo que se cuenta es verdad. La página de la película contiene una entrevista con Jonson en la que asegura que muchas cosas son ciertas, pero si las fuentes son la panda de colgados que probaban los diversos métodos, quizás habría que desconfiar un poco.

El hecho de que esa gente tuviera acceso a armamento militar, por otra parte, es espeluznante la mires como la mires.

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One Response to “The men who stare at goats”

  1. The men who stare at goats Says:

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