Imitaciones

La empresa Tapley Entertaiment representa a diversos artistas, incluyendo magos, equilibristas o bandas de versiones. Pero lo que más llama la atención es que tienen una sección con dobles, esos que en inglés se llaman lookalikes o impersonators. La selección es francamente impresionante por su cantidad, que no su calidad: hay unos pocos muy parecidos, muchos que se dan un aire, y el no despreciable resto que se parecen más bien en nada. La página web afirma que no sólo se parecen, sino que además han logrado capturar la voz y los gestos del famoso en cuestión, y que son perfectos para amenizar actos de todo tipo. Hay más empresas ofreciendo servicios similares, e incluso premios.

Es una cosa bastante americana, pero en estos días de globalización España no se iba a salvar. Lo mismo que antes: alguno se parece en algo, la mayoría más bien en nada.

La idea de ganarse la vida (o un sobresueldo) a base de ir a fiestas e inauguraciones y hacerse pasar por un famoso, cuando todo el mundo sabe que no eres el famoso, resulta más bien triste, una especie de rey mago de centro comercial al que sólo fueran a ver adultos que saben que es un señor con barba postiza. A lo mejor es una de esas cosas que ganan cuando uno lleva tres copas encima, pero no tiene pinta. Es tristeza mezclada con melancolía, la añoranza de un pasado más inocente, como un cuadro de Norman Rockwell. Este tipo de imitadores nacen en un sitio y un lugar en la que los famosos eran seres lejanos, estrellas del cine y la música con sus mansiones en Sunset Boulevard, admirados, inaccesibles.

A día de hoy puede verse gente así en las zonas más turísticas de Hollywood Boulevard, disfrazados de Elvis o Marilyn, con los que te puedes hacer una foto por un par de dólares, pero el sistema para animar saraos de un poco más de postín ha cambiado. Un artista que tiene talento sale muy caro, y un imitador barato sólo te aporta el parecerse al anterior, así que no por qué no creer el híbrido perfecto, el famoso profesional, que no tiene talento (y por lo tanto, sigue saliendo barato), pero que no es una copia. En España el fenómeno empezó tímidamente con algunas exparejas impulsadas al estrellato (Belén Esteban) y algún pirado (Tamara y compañía, Yola Berrocal), pero poco a poco han ido creciendo el número de programas de televisión dedicadas a encumbrar como famoso a alguien sin que este tenga que ser capaz de hacer nada.

Al menos las copias, según la pagina web, han entrenanado para imitar las dotes artísticas del original, así que no sabe uno qué es peor…

Queda por saber si algún día surgirá gente que impersone a este tipo de famosos. ¿Qué diferenciará a uno del otro, cuando ninguno de los dos pueda hacer nada que merezca la pena? ¿Cómo separar la imitación de una realidad falsa, que a su vez creamos como triste sustituto de la verdadera, la inimitable?

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