Archive for December, 2009

Fantastic Mr. Fox

December 30, 2009

Wes Anderson tiene un estilo propio a la hora de hacer películas, en todos sus aspectos: el guion (personajes raros, alienados, humor absurdo, seco, casi árido), lo visual (una dirección cuidadísima, colores brillantes), la música, todo. Es lo que Carlos Boyero llamaría un moderno, pero es de los modernos que me gustan.

Su último trabajo, Fantastic Mr. Fox, es una película de animación (stop-motion) con animales antropomórficos, adaptando un libro infantil de Roald Dahl. No parece la mejor opción para que el señor Anderson deje su marca, y sin embargo logra firmar una película tan suya como las anteriores.

La voz del protagonista, el zorro que da nombre a la película, la pone George Clooney, un actor que en la mitad de sus películas es bastante camaleónico (Syriana, Good night, and good luck), y que en la otra mitad deja también una impronta muy personal, ese personaje pillo pero encantador del que tan buen ejemplo es la saga de Ocean. Esta película pertenece al segundo grupo.

Así que la película es una combinación del peculiarísimo universo de Anderson con el toque Clooney, y la verdad es que la mezcla funciona bastante bien, en parte porque el protagonista es un pillo encantador de los que Clooney clava: Mr. Fox, un zorro retirado de su vida de delincuente por una promesa a su mujer (Meryl Streep), que vuelve a dar un último golpe, robándole a los tres granjeros locales. Estos se obsesionan con capturarlo, y empieza el conflicto. Todo ello mezclado con problemas familiares (el hijo de la familia Fox está celoso de su primo, un superatleta que ha venido a pasar unos días), con los vecinos (entre los que destaca Bill Murray haciendo de tejón abogado), existenciales (Fox tiene que decidir entre mantenerse fiel a su naturaleza depredadora y no arruinarle la vida a su familia), y demás temas habituales en la filmografía de Anderson. Realmente resulta admirable cómo el hombre es capaz de tocar los temas de siempre en cualquier película que haga…

Igual que están presentes las cosas que hacen grandes sus películas, están también sus miserias, especialmente una trama que empieza a perder algo de fuelle hacia la mitad de la película, con un final un poco sacada de la manga. Otro posible problema es la animación, porque el stop-motion que se usa es, por así decirlo, bastante crudo, especialmente cuando se ven por ahí cosas como Wallace y Grommit o Coraline, en las que la animación es mucho más suave. Yo temía que iba a ser peor y acabé olvidándome, pero seguro que hay quien es más delicado con estas cosas.

Por lo demás, los actores están estupendos, y la película es graciosa y disfrutable (especialmente para todos aquellos que suelen encontrar gracioso y disfrutable a Wes Anderson).

20 años de Los Simpsons – Cosas

December 29, 2009

Teología…

Comunismo…

Termodinámica…

Avatar

December 28, 2009

La película

300 millones de dólares (promoción aparte). La invención del 3D Fusion Camera System (que no está muy claro lo que es, pero parece serio). Años de trabajo. ¿El resultado?

Cojonudo.

En el año 2154, los humanos han descubierto Pandora, una luna parecida a la Tierra (pero con una atmósfera venenosa) y llena de un mineral que puede resolver la crisis energética. El planeta está habitado por los Na’vi, unos tiparracos azules de tres metros que viven en harmonía con la naturaleza y a los que no les hace gracia que les minen el planeta. Buscando una solución diplomática, un grupo de científicos es capaz de ocupar cuerpos de Na’vi, creados con un híbrido de ADN humano. Sam Worthington es Jake Sully, un marine que se quedó en silla de ruedas, y que es contratado para ocupar el híbrido que fue creado para su ahora difunto hermano gemelo. En un momento dado se pierde, y queda desconectado del resto de los humanos. Por supuesto acaba enamorándose de los Na’vi en general y de la hija del jefe (Zoë Saldaña) en particular, siendo aceptado por la tribu y poniéndose de su parte en el previsible conflicto (un Bailando con Lobos intergaláctico).

Es un peliculón de acción y aventuras de las de toda la vida, con malos malísimos (Giovanni Ribisi y Stephen Lang), buenos buenísimos (Sigourney Weaver, Joel David Moore, Michelle Rodriguez, los Na’vi) y un héroe que supera sus conflictos morales (la oferta de los militares de arreglarle las piernas si les ayuda a machacar a los Na’vi) para unirse a los buenos buenísimos y salvar el día. Todo de libro, como La Guerra de las Galaxias, Indiana Jones, y similares.

Los guiones de James Cameron suelen ser muy sólidos (Aliens, sus dos Terminators, Días Extraños). Avatar quizás flojea un poco en este apartado (los personajes son demasiado planos, las escenas se suceden un poco a lo loco), pero el festín visual es tal que uno lo perdona. Pandora es una jungla preciosa, llena de color, luz, animales maravillosos y detalles fantásticos por todas partes. El nivel de realismo es tal que uno se mete totalmente en el mundo. A eso hay que sumarle las constantes de Cameron (acción a raudales, una dirección virtuosa, personajes femeninos fuertes, algo de ecologismo a lo Miyazaki), y el resultado es divertidísimo. Y eso es lo que importa, más allá del dinero gastado o de si los avances técnicos van a crear una nueva forma de hacer cine.

El 3D

No soy amigo del 3D, pero dado que Cameron lo ha vendido como un punto clave de la película, decidí darle una oportunidad. Me gustó más de lo que esperaba, que por otra parte no era mucho. La película no abusa del efecto barato (bichos volando todo el rato y cosas así), y el 3D está muy conseguido. Y aún así…

Uno de los problemas es que la realidad es menos 3D que el cine en 3D. Los objetos que uno mira suelen estar a más o menos la misma distancia, y uno no suele tener algo desenfocado en el campo de visión todo el rato. Además, la película te impone qué está enfocado y qué no,y a veces cuando quieres mirar parte de la pantalla te encuentras que el enfoque pretende que mires otra. Esto, claro está, no pasa ni en las películas en 2D ni en la realidad, donde uno enfoca lo que quiere. Puede que sea una forma fantástica de dirigir la atención del espectador, pero a mí me toca la moral un poco.

Otro de los problemas creo que es más personal que otra cosa: estoy acostumbrado a las películas de toda la vida, y el cine en 3D me resulta falso, artificial, me impide meterme del todo.

En definitiva, aunque la experiencia no fue mala, creo que el 3D me quita más de lo que me da.

El trailer

Entrevista a David Simon en Vice Magazine

December 27, 2009

David Simon es el hombre detrás de The Wire, según muchos (me sumo) la mejor serie de la historia de la televisión. Vice Magazine publica una extensa entrevista en la que se habla de muchas cosas. Uno puede estar de acuerdo con Simon o no, pero siempre tiene algo interesante que decir.

Por ejemplo, habla de cómo se lograban estructurar los guiones de The Wire, compaginando entretenimiento con la tremenda ambición de diseccionar la decadencia de una ciudad y, por extensión, de un país (traducción como buenamente se ha podido):

Siempre he tenido curiosidad por saber la manera en que se estructuraba una temporada de The Wire antes de rodarla. ¿Puedes esbozar, aunque sea por encima, el proceso de escritura?

Había una serie de sesiones de planificación. Primero, al principio de cada temporada, teníamos una especie de retiro con los principales escritores, los tipos que iban a estar en plantilla todo el año. Discutíamos lo que queríamos decir, pero en realidad discutíamos sobre actualidad/ideología/política. No todos los escritores pensaban igual. No teníamos una opinión común en los asuntos a tratar, ya fueran la guerra contra la droga o la educación pública o los medios. Así que teníamos que discutir los temas en sí mismos primero. Sin importar los personajes, o la trama.

Mucha gente que acabó escribiendo para The Wire no tenían un pasado tradicional de escritura para televisión.

Si hay algo que distinga a The Wire de la mayoría de dramas serializados que se ven, es que los escritores no venían de la televisión. Ninguno de nosotros creció queriendo llegar a Hollywood y escribir uan serie o una película. Ed [Burns] fue policía, y después profesor. Había periodistas entre los guionistas. Había novelistas. Había dramaturgos, también. Todo el mundo empezó en otra parte.

Probablemente eso marcó la diferencia.

Bueno, no eramos cínicos con que nos dieran diez, doce, trece horas—lo que nos diera HBO cada temporada. Todo eso era un regalo increíble. La narrativa de El Padrino, incluyendo la tercera parte, la más floja, es como… ¿Cuánto? ¿Nueve horas?

Sí, unas nueve horas.

Y mira cuánta historia fueron capaces de contar. Nosotros teníams más que eso en cada temporada. Así que maldita sea, mejor tener algo que decir. Suena muy simple, pero es una conversación que no creo que ocurra en muchas series dramáticas. Con seguridad no en la televisión americana. Creo que para un montón de gente nuestro trabajo como guionistas de televisión consiste en levantar el programa como una franquicia y tener tantos espectadores, tantos globos oculares, como sea posible, y mantenerlos. Si les gusta x, les damos más x. Si no les gusta y, no les damos tanto y.

Ya. Entre temporadas de un montón de series de éxito, se hacen ajustes que están claramente basados en lo que la cadena cree que es lo más popular entre los espectadores.

Nunca tuvimos esa dinámica en nuestras cabezas. Lo que nos preguntábamos era, “¿Qué deberíamos decir durante doce horas de televisión?” Y eso es un impulso periodístico. Eso venía de los guionistas que eran periodistas y, hasta cierto punto, de los novelistas que escribían parala serie y que escribían en un marco realista, como ficción con investigación. Gente como Pelecanos, Price y Lehane.

También del capitalismo, sus virtudes y sus defectos:

Una cosa es reconocer el capitalismo como una poderosa herramienta económica, y aceptar que, para mejor o peor, estamos atrapados en él y, hey, gracias a Dios que lo tenemos. No hay mucho más que pueda producir riqueza en masa con la destreza del capitalismo. Pero confundirlo con una estructura social es una corrupción intelectual increíble, y es una que Occidente ha aceptado como cierta desde 1980—desde Reagan. Los seres humanos—en este país en particular— valen cada vez menos y menos. Cuando el capitalismo triunfa de forma inequívoca, la mano de obra pierde poder. Es un juego de suma cero. La gente pagaba impuestos mucho más altos cuando Eisenhower era presidente, impuestos mucho más altos para el beneficio de la sociedad, y todos nosotros teníamos más sentimiento de inclusión.

O de la dificultad de reformar el sistema en Estados Unidos, uno de los temas centrales de The Wire, y ahora de nuevo en plena actualidad por la reforma sanitaria de Obama, relacionada también con toda la locura que se ha formado en torno al término socialismo.

¿Por qué la reforma parece tan imposible?

Vivimos en una oligarquía. La leche materna de la política americana es dinero, y la razón de que no se pueda reformar la financiación, la razón de que no podamos tener elecciones financiadadas con dinero público en vez de donaciones privadas, la razón de que K Street [nota: sede de muchos lobbies] siga siendo K Street, is asegurarnos de que ningún sentimiento popular sobrevive. Lo que estamos viendo con la sanidad, la marginalización de cualquier esfuerzo para incorporar racionalmente a todos los americanos bajo una bandera nacional que diga “Estamos en esto juntos”.

Pero entonces los críticos de un sistema así inmediatamente gritan “socialismo”.

Y por supuesto que es socialismo. Estos hijos de puta ignorantes. ¿Qué creen que son los grupos de seguros, aparte de socialismo? ¡Simplemente la idea de comprar un seguro! Si el socialismo es una influencia terrible por la que no puedes pasar, entonces, maldita sea, no deberías pertenecer a una aseguradora. Deberías ir y pagar a los medicos de los cojones, porque cuando tienes 100.000 personas juntas como una parte de algo, desde un sindicato a la AARP, y dices “Dado que tenemos este grupo, más gente de entre nosotros van a estar mas sanos que no, y por tanto vamos a poder continuar con la idea del grupo asegurador y todo el mundo tendra un plan que se pueda permitir…”. Eso es puto socialismo. Es sólo socialismo.

Lo divino y lo humano

December 26, 2009

Ferrín Calamita, juez condenado por el Supremo a diez años de inhabilitación por prevaricar, dice que el verdadero juez supremo le absolverá.

Concretamente la cita que dan los periódicos es:

Tengo la conciencia muy tranquila y duermo muy bien, que es lo más importante, y estoy seguro que el verdadero juez supremo, ante el que todos compareceremos más pronto o más tarde, me absolverá.

Los jueces, como todo el mundo, tienen derecho a creer lo que les salga de los cojones.  Tienen también derecho a opinar lo que les salga de los cojones, salvo el par de casos en los que esto sea delito. El problema es que mientras que mucha gente también puede hacer su trabajo según sus creencias sin que pase nada (si un panadero amasa mientras grita proclamas a favor de Cristo, el comunismo, el Real Madrid o el PP me va a dar igual), los jueces no están en ese grupo. A los jueces se les pide que aparten sus creencias. Pueden interpretar la ley, y por eso cada uno actúa de una forma ligeramente diferente, pero en última instancia, lo que está escrito, es lo que está escrito. Así que si sus creencias no están de acuerdo con la ley, si chocan de forma frontal, uno espera que las dejen en casa.

Lo que uno espera es que estén de acuerdo con la ley, pero quizás demasiado pedir. Porque, seamos sinceros, no todos estamos de acuerdo con todos los detalles de la ley. Seguro que hay muchas sentencias por ahí, perfectamente conformes a la ley, que a servidor le parecen un espanto. Y probablemente si yo fuera juez me costaría mucho anteponer la ley a mis creencias cuando entraran en conflicto. Es probable que, como Ferrín Calamita, alguna vez me dejara llevar.

Pero es que ese es uno de los muchos motivos por los que sería una idea terrible que yo fuera un juez.

No basta con ser capaz de sacarse derecho, de aprobar las oposiciones, de pasar por la escuela de jueces, por las prácticas y por los diversos destinos. No es suficiente con dominar la técnica de los sumarios y las sentencias. Hace falta una cierta pasta moral, una ecuanimidad, una capacidad de poner lo personal por detrás de la ley.

La terrenal, se entiende. O eso se presuponía.

A empujones

December 25, 2009

No sé por qué se queja la Iglesia de falta de interés, si hay hasta empujones para coger buen sitio en la Misa del Gallo.

20 años de Los Simpsons – Homer Simpson

December 24, 2009

Cerebro prodigioso…

Trabajador infatigable…

Amigo de los animales…

Padre ejemplar…

20 años de Los Simpsons – Homer Simpson

December 20, 2009

Gourmet…

Maestro de la lengua…

Sarcástico…

20 años de los Simpsons

December 19, 2009

El 17 de diciembre de 1989, hace 20 años (y un par de días), se empezaba a emitir en Fox la serie de los Simpsons (después de más de dos años apareciendo como una sección del The Tracey Ullman Show).

Tras más de 400 capítulos (y una película), de veintiuna temporadas en horario de máxima audencia (un récord), de renovar la animación para adultos en Estados Unidos, y de poner no sólo en la lengua de la calle sino en el diccionario expresiones como D’oh!, Los Simpsons son un hito en la historia de la televisión. Quizás EL hito.

Pero para muchos, eso no es lo más importante.

Y puede que ahora Padre de familia sea más ácida, que las últimas temporadas no hayan sido brillantes, o que Antena 3 la haya quemado hasta lo indecible.

Eso tampoco es lo importante, porque para nosotros Los Simpsons son algo más. Y es que la generación de los ochenta (qué decir de las posteriores) apenas logramos recordar la vida antes de Los Simpsons. Han estado siempre ahí, con mejor o peor animación, con mejores o peores chistes, con cambios de dobladores, pero ahí han estado, como tu familia, como las estaciones, como las cosas que se dan por supuestas.

Hemos cambiado de moneda, el Príncipe sentó cabeza, tenemos Papa nuevo, Gabilondo se fue de la radio, hay un presidente negro en la Casa Blanca, y Los Simpson siguen ahí. Aunque ya no los veamos, aunque los nuevos capítulos nos hagan menos gracia, da igual, Los Simpsons siguen con nosotros. No sólo en nuestra memoria, sino en nuestra forma de ver el mundo. Porque los veíamos cuando no teníamos edad, cuando se nos escapaban la mitad de los chistes, y con ellos aprendimos a comprender (y a apreciar) la ironía, el sarcasmo, el humor salvaje pero elegante, la crítica social, su acidez sin igual.

Uno es como es, en parte, por las experiencias que ha vivido. Uno tiene cosas en común con los que le rodean, en parte, por haber vivido las mismas experiencias. Somos muchos los que tenemos en común el haber crecido con Los Simpsons. Parece que no, pero une bastante.

Y luego cada uno tiene su escena favorita, alguna que recuerda con especial cariño. La mía:

Recuerdo un día, hace seguro ya más diez años, que no pude verlos a su hora, y mi familia me grabó el episodio. Era el de Expediente X. Lo estaba viendo con mi hermana, en el sofá. Y salió el siguiente gag. No es el mejor que tienen (aunque me parece cojonudo), pero por algún motivo empezamos a reírnos de tal manera que tuvimos que parar el vídeo porque nos estábamos perdiendo el resto del episodio. Y nos recuerdo secándonos las lagrimas, rebobinando la cinta para ver el gag de nuevo, y volver a mearnos de la risa.

¿Qué es una cara?

December 17, 2009

James Gurney, creador de Dinotopia, cuenta en su blog como haciendo una foto a un boceto que acababa de hacer, descubrió que su cámara era capaz de reconocer la cara en el retrato.

Decidió comprobar como de lejos podía llegar. Así, no hubo problemas para reconocer la cara en este dibujo:

Sin embargo, aunque totalmente identificable para nosotros, el siguiente resultó demasiado esquemático para la cámara:

El post original aquí, con más ejemplos sacados de obras de arte clásicas, como la Medusa de Jawlensky, con la que la cámara oscilaba entre retrato y paisaje.

Tengo un amigo trabajando en procesado de imágenes médicas, que básicamente consiste en enseñarle a un ordenador a encontrar tumores y cosas así. Me cuenta que hay mucha gente trabajando en los mejores algoritmos para reconocer objetos cotidianos, que a día de hoy consisten en definir qué es lo que define el objeto. Por ejemplo, una bicicleta es un polígono, con dos círculos a cada lado. El arquetipo de bicicleta. Muy platónico todo. Parece que es capaz de encontrar a una bicicleta medio tapada por hojarasca y cosas así.

El problema es que enseñarle a un ordenador que pinta tiene cada objeto que existe es, por así decirlo, laborioso. La revolución industrial es lo que tiene. Pero ahí se anda.

Y sólo queda imaginar lo que Google Images puede hacer con algo así.

Vía Scott McClout.