The Messenger

Tras recuperarse de las heridas recibidas en la acción que le ha convertido en un héroe de guerra condecorado, el sargento Will Montgomery (Ben Foster, que hizo de Russel, exnovio de Claire, en A dos metros bajo tierra) es asignado a la unidad encargada de notificar el fallecimiento de soldados en el frente a sus familiares, a las órdenes del capitán Tony Stone (Woody Harrelson), un ex-alcohólico al que años en el puesto parecen haberle convertido en una máquina sin sentimientos o emociones. El trabajo, según le explica su ahora superior, consiste en llegar en cuanto se recibe la noticia (intentando adelantarse a telediarios, internet y similares), dar la noticia al familiar más cercano de la manera más profesional y aséptica posible, y retirarse (pasadas una hora alguien les llamará para hacer los arreglos oportunos).

Efectivamente, un infierno.

La película intercala escenas en la que los dos militares hacen su trabajo (a cada cual más desgarradora), con otras de su vida cotidiana: borracheras, confesiones, peleas, momentos de hermanamiento. El trailer y los resúmenes hacen creer que el interés romántico de Montgomery en Olivia Pitterson (Samantha Morton, Acordes y desacuerdos, Control), una viuda de militar, es el centro de la trama. Es cierto que es una parte importante de la película (tanto en metraje como para el desarrollo del personaje), pero sólo uno de los muchos ángulos desde los que se nos muestra la dificultad del personaje de Foster para adaptarse a una vida aún militar, pero alejada del frente.

El retrato de los militares es duro, pero también humano, tierno a veces. Transmite realismo, honestidad. Tienen sus problemas y sus miserias (parte personal de cada uno, parte provocada por la guerra y por cómo la sociedad trata a los veteranos), pero sin que todos ellos parezcan estar para que los encierren. Hay muchas películas que, intentando darle palos al ejército, acaban por demonizar a los personajes hasta lo caricaturesco, y para compensar tienen que meter a un par de militares de honradez y moral extrema. Como dice el señor de la mesa cojeante, imparcialidad no es sumar parcialidades.

Los actores están todos tremendos (Harrelson sigue en estado de gracia, y Foster se consagra por fin, tras varios trabajos prometedores), el guion de Oren Moverman y Alessando Camon es sólido como una roca, y la dirección de Moverman (en la que es su primera película como director) es también estupenda (destaca para mi gusto la abundancia de planos largos y relativamente lejanos, cada vez más escasos). Una película cojonuda, aunque no precisamente de las que te alegran el día.

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