Avatar

La película

300 millones de dólares (promoción aparte). La invención del 3D Fusion Camera System (que no está muy claro lo que es, pero parece serio). Años de trabajo. ¿El resultado?

Cojonudo.

En el año 2154, los humanos han descubierto Pandora, una luna parecida a la Tierra (pero con una atmósfera venenosa) y llena de un mineral que puede resolver la crisis energética. El planeta está habitado por los Na’vi, unos tiparracos azules de tres metros que viven en harmonía con la naturaleza y a los que no les hace gracia que les minen el planeta. Buscando una solución diplomática, un grupo de científicos es capaz de ocupar cuerpos de Na’vi, creados con un híbrido de ADN humano. Sam Worthington es Jake Sully, un marine que se quedó en silla de ruedas, y que es contratado para ocupar el híbrido que fue creado para su ahora difunto hermano gemelo. En un momento dado se pierde, y queda desconectado del resto de los humanos. Por supuesto acaba enamorándose de los Na’vi en general y de la hija del jefe (Zoë Saldaña) en particular, siendo aceptado por la tribu y poniéndose de su parte en el previsible conflicto (un Bailando con Lobos intergaláctico).

Es un peliculón de acción y aventuras de las de toda la vida, con malos malísimos (Giovanni Ribisi y Stephen Lang), buenos buenísimos (Sigourney Weaver, Joel David Moore, Michelle Rodriguez, los Na’vi) y un héroe que supera sus conflictos morales (la oferta de los militares de arreglarle las piernas si les ayuda a machacar a los Na’vi) para unirse a los buenos buenísimos y salvar el día. Todo de libro, como La Guerra de las Galaxias, Indiana Jones, y similares.

Los guiones de James Cameron suelen ser muy sólidos (Aliens, sus dos Terminators, Días Extraños). Avatar quizás flojea un poco en este apartado (los personajes son demasiado planos, las escenas se suceden un poco a lo loco), pero el festín visual es tal que uno lo perdona. Pandora es una jungla preciosa, llena de color, luz, animales maravillosos y detalles fantásticos por todas partes. El nivel de realismo es tal que uno se mete totalmente en el mundo. A eso hay que sumarle las constantes de Cameron (acción a raudales, una dirección virtuosa, personajes femeninos fuertes, algo de ecologismo a lo Miyazaki), y el resultado es divertidísimo. Y eso es lo que importa, más allá del dinero gastado o de si los avances técnicos van a crear una nueva forma de hacer cine.

El 3D

No soy amigo del 3D, pero dado que Cameron lo ha vendido como un punto clave de la película, decidí darle una oportunidad. Me gustó más de lo que esperaba, que por otra parte no era mucho. La película no abusa del efecto barato (bichos volando todo el rato y cosas así), y el 3D está muy conseguido. Y aún así…

Uno de los problemas es que la realidad es menos 3D que el cine en 3D. Los objetos que uno mira suelen estar a más o menos la misma distancia, y uno no suele tener algo desenfocado en el campo de visión todo el rato. Además, la película te impone qué está enfocado y qué no,y a veces cuando quieres mirar parte de la pantalla te encuentras que el enfoque pretende que mires otra. Esto, claro está, no pasa ni en las películas en 2D ni en la realidad, donde uno enfoca lo que quiere. Puede que sea una forma fantástica de dirigir la atención del espectador, pero a mí me toca la moral un poco.

Otro de los problemas creo que es más personal que otra cosa: estoy acostumbrado a las películas de toda la vida, y el cine en 3D me resulta falso, artificial, me impide meterme del todo.

En definitiva, aunque la experiencia no fue mala, creo que el 3D me quita más de lo que me da.

El trailer

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