Archive for January, 2010

Spirit

January 30, 2010

Spirit, el robotico (es un decir: 200 kg pesa el muchacho) que lleva, como su gemelo Opportunity, seis años dando vueltas por Marte, se quedó atascado entre piedas hace poco, y se ha decidido convertirlo en una estación científica fija. Va a hacer poco más o menos lo mismo que antes, pero sin dar vueltas por Marte.

La misión original estaba planeada para noventa días, con la energía como principal limitante: se esperaba que el polvo cubriera los paneles solares, hasta que el robot se quedara sin electricidad. Efectivamente, nada más pisar Marte, la cantidad de energía que sacaba de los paneles solares disminuía lentamente, hasta que de repente, un día, el control de tierra en JPL descubrieron que estaba como nuevo. El motivo: pequeños tornados levantaban el polvo, limpiando los paneles. Gracias a eso (y a que, aunque la misión se planifique para unos pocos días, siempre se construye con la esperanza de que dure más), los dos robots han logrado extender su misión hasta más de 25 veces el tiempo planeado.

En ese tiempo, Spirit ha avanzado 10 kilómetros (no, no va precisamente rápido), ha analizado rocas, ha sacado fotos, ha buscado agua, pero también ha sufrido penurias varias, generalmente relacionadas con el suministro de electricidad, y se ha considerado seriamente descontinuar su labor: el equipo que tiene que trabajar en tierra para asegurar que todo sigue funcionando no sale barato. La gente de JPL confiesa que uno de los motivos fue la gran respuesta entre el público, similar a la suya frente al programa Apollo. Alguien me contó la historia de un padre que les envió un email, contándoles que estaba fabricando una maqueta con su hijo, y agradeciéndoles que le hubieran despertado el amor por la ciencia.

Y ahora, Spirit está atascado, en una posición complicada, en la que puede que sus paneles solares acaben cubiertos definitivamente. Mientras tanto, ahí sigue, explorando Marte, aunque sea sin moverse.

La mejor visión de la historia que he visto la pone el genial xkcd, con una historia que recuerda a Wall-E, pero al revés:

Invictus

January 29, 2010

A sus 79 años (ahí es nada), Clint Eastwood está en racha, dirigiendo prácticamente una película por año, y ninguna mala. Si de algo podemos quejarnos es de que no se prodigue tanto como actor; esperemos que Gran Torino no sea su último papel frente a la cámara (no porque sea una mala despedida, sino más bien porque preferiríamos no tener que despedirnos).

Su último trabajo, Invictus, cuenta como Nelson Mandela (un Morgan Freeman que clava el papel) usó el Mundial de Rugby (un deporte tradicionalmente blanco) que se celebró en Sudáfrica en 1995 para unir al país. Matt Damon interpreta a François Pienaar, el capitán del equipo de rugby, y el único jugador con un papel importante. La película se centra tanto en la vida de Mandela (su relación con su familia, con sus guardaespaldas, con miembros de su gobierno), como en su idea de usar el rugby para darle al país un símbolo y un objetivo comunes para blancos y negros, y las dificultades que eso conlleva.

La película tienes varios problemas, casi todos derivados de un guion con una ausencia casi total de conflicto. Todo el mundo es bueno (el único adversario posible son los equipos de rugby rivales, todo dentro de una caballerosidad y deportividad extremas). Hay racismo, sí, pero poco, y no llega al nivel de resultar una amenaza importante. Así, los guardaespaldas que han protegido a Mandela desde siempre (negros) tienen que aprender a trabajar con el cuerpo de seguridad del anterior presidente (blancos), y viceversa. Hay tensión, pero no mucha, y se pasa sola. El padre de Pienaar tiene opiniones bastante racistas con respecto a Mandela, pero eso también se trata de puntillas, sin que tenga ningún tipo de discusión con su hijo, una vez este pasa a respetar al presidente. Y así con todo. El par de momentos en que se intenta crear algo de tensión es a través de trucos tramposos y previsibles, y que al final reinciden en ese buenismo desenfrenado. Todo muy facilón, todo muy inocuo.

Un problema quizás más personal es que Mandela no es sólo buenísimo también, sino que habla continuamente (continuamente) con frases lapidarias, una detrás de otra. No digo yo que el hombre no hable así, de hecho me lo creo sin ningún problema (muchos años en la cárcel ensayando, mucho sentido de la responsabilidad histórica, mucho saberse un personaje clave para el futuro de tu país), pero aún así en una película queda forzado, poco realista. Y es una pena, porque estoy convencido de que Freeman le está clavando el gesto a Mandela. Quizás haya ciertas personas a las que no hay manera de llevar a la gran pantalla.

Si algo hay que destacar, es el hecho de que Eastwood sea capaz de, con un guion que flojea tanto, sacar una película digna, sobria y elegante, según su estilo habitual. Pero de él no se esperan películas buenas, sino excepcionales. Quizás nos haya mal acostumbrado. En este caso se demuestra que de donde no hay no se puede sacar, y ni siquiera un director como Eastwood, con unos actores como Freeman o Damon, son capaces de hacer una gran película con un guion pobre.

Incompatibilidades

January 26, 2010

Visto en Adam Thinks.

Demócratas: echadle huevos

January 24, 2010

La (ficticia) marca de cerveza Balls tiene un nuevo anuncio. Un anuncio que (dado que no hay nada que vender) no es sólo un anuncio:

Lo malo no es que un supuesto anuncio de cerveza, con dos chicas en bikini, se atreva a aconsejar (y casi azuzar) al partido demócrata. Lo malo es que lleva razón.

Y ahora algo completamente diferente

January 20, 2010

¿Es el comentario de Munilla sobre Haití insuperable? Claramente no. El telepredicador Pat Robertson ha soltado una de sus perlas habituales: Haití está como está porque hicieron un pacto con el Diablo para librarse de la ocupación francesa, y por tanto se lo merecen. Igual que, en su opinión, el Katrina fue un castigo por el aborto. Visto así, Rouco parece un tipo estupendo.

La CEOE sigue cubriéndose de gloria. No contentos con lo del espectáculo que su presidente ha ofrecido con Air Comet, ahora dicen que la culpa de la crisis es de los españoles, que cobran mucho. Concretamente, casi la mitad que en el Reino Unido, Holanda o Alemania.

El País hace un repaso de cómo el arte contemporáneo que se instaló en Sevilla para la Expo está poco menos que arrasado. A nadie que conozca cómo funciona la ciudad le sorprenderá mucho el tema.

Y en la sección “noticias que no deprimen”, ya están en marcha las preliminares del Falla. Grande el Yuyu este año:

Globos de oro

January 19, 2010

Entre lo que uno ha visto y lo que uno ha oído, poco que objetar respecto a la mayoría de los premios de los últimos Globos de Oro. Los dos grandes, mejor drama y mejor comedia y musical, son las únicas pegas. Las películas ganadoras, Avatar y The hangover, son una película de acción fantasticosa y una comedia burra, ambas muy bien hechas y muy efectivas como tales, pero que no estaban a la altura de una competencia que cuenta con The Hurt Locker, Up in the air, (500) Days of Summer o los Basterdos de Tarantino.

O de Up, condenada a cenar en la mesa de los niños (terrible invento el de los premios a mejor película de animación), cuando es una de los mejores películas (a secas) del año.

Habrá que esperar hasta los Oscars (que son los premios de verdad), pero si hasta los Globos de Oro (que han dado siempre la imagen de primo poco glamouroso pero intelectual) han premiado a lo que han premiado, parece que estamos en un año de palmadita en la espalda.

Aunque a veces se pueda colar alguna rareza en las nominaciones (Secretos y mentiras), el Oscar a la mejor película va casi con toda seguridad a una cinta con una buena producción, sólida, vendible. Con suerte, será una gran película (Crash, Sin Perdón, American Beauty), de esas que aunque no fuera tu favorita no te parece mal que se lleve el gato al agua. O puede que haya menos suerte, y la película no sea para tanto, a veces porque el resto de las nominadas tampoco era para tirar cohetes (Una mente maravillosa).

Y luego están los años en los que la industria se da una palmadita en la espalda por haber creado una superproducción que arrase en la taquilla siendo además lo bastante solvente desde el punto de vista artístico (no valdría, por tanto, Transformers 2, no importa lo que recaude) para llevarse la estatuilla sin que se le caiga a uno la cara de vergüenza. O al menos no mucho. Así fueron los años de Gladiator o El Retorno del Rey (ganadoras frente a Traffic por un lado y Lost in translation y Mystic River por el otro) así como de la orgía de premios de Titanic, de un exceso comparable sólo a su triunfo en la taquilla.

Esta última la dirigió James Cameron, que también está detras de Avatar y de su prodigiosa recaudación, en una época además de supuesta crisis de lo audiovisual. Veremos si repite la jugada este año. Por ahora lo está consiguiendo.

Banksy y el calentamiento global

January 17, 2010

Banksy, genio del graffiti y el estarcido (que casi se conoce más por el nombre en inglés, stencil), vuelve al ataque celebrando el final de la cumbre del clima en Copenague con este “no creo en el calentamiento global”. Tan fantástico como de costumbre.

Visto en Core, la otra imagen sacada de Ronnie Rocket.

Muertos

January 15, 2010

¿Alguna vez se han preguntado cuánta gente ha vivido a lo largo de la historia? O, lo que es lo mismo, ¿cuánta gente ha muerto?

En Appfrica sí. Y buscando la información les salieron unos 100 billones de muertos, frente a los 6.8 billones de vivos (billón americano, es decir, mil millones). Y como con esos números es fácil perderse, decidieron visualizarlo en un bonito gráfico. Aparte de lo discutible (y sin duda aproximado) de los números, tiene el problema de que han usado el diámetro para escalar, en vez de el área (con lo que resulta algo engañoso), pero algo es algo (versiones en otros tamaños aquí).

También aportan información de las causas de algunas muertes. Por ejemplo, 170 millones en genocidios, 200 millones en guerras del siglo XX, y 500 millones para la viruela, que al parecer lleva la delantera en lo que a enfermedades se refiere.

Pero las causas son, según parece, lo menos importante. Da igual si uno se muere en una guerra, cómodamente en su cama, o sepultado por los escombros, tras días de agonía, tras un terremoto que ha dejado a tu país en la ruina. Lo importante es la espiritualidad de cada uno a la hora de morirse. Ya lo ha dicho el obispo Munilla, hablando sobre Haití: nuestra pobre situación espiritual quizás es un mal más grande […] que el que esos inocentes están sufriendo.

Así que la verdadera tragedia no son los genocidios, las guerras, las tragedias naturales o las plagas, sino el que muchos de esos 100 billones hayan muerto con una (repetimos) pobre situación espiritual. Empezando, es de suponer, por los más de 40 billones que nacieron antes de Cristo, y que habían perdido la carrera antes de que les dieran siquiera el dorsal.

Las declaraciones del obipo Munilla, sin duda, nos hacen pensar en los muertos. Lo que no está claro es en los de quién.

(Enlaces vía Warren Ellis y Escolar)

De piel clara, sin dialecto negro

January 14, 2010

La última pelotera en la política estadounidense se ha formado por unas declaraciones que Harry Reid, líder demócrata en el Senado, hizo durante la campaña de 2009, y recogidas ahora en un libro, y en las que decía que Obama tenía tirón entre los votantes por ser un negro de piel clara y no tener dialecto negro, menos cuando quiere tenerlo. Para colmo de males usó la palabra “negro” (así tal cual, leído “nigro” en inglés) en vez de “afroamerican” o “black” (el término “negro” sigue apareciendo en el censo, fundamentalmente porque es común entre los negros que tienen más de, digamos, setenta años, pero suena raro en la boca de un político).

Los comentarios no han tardado en llegar. Los medios conservadores como Fox News  (con Sarah Palin convertida ya oficialmente en el cuarto jinete) empujan para un lado, diciendo que esto demuestra que los demócratas desprecian al pueblo americano, y que usan la raza de Obama como excusa para justificar el descontento de la gente con su presidencia. Se quejan también de que las mismas palabras en boca de un republicano hubieran acabado con la crucifixión del susodicho. La prensa liberal empuja para el otro lado, diciendo que los comentarios no son racistas, sino realistas, y que no criticaban a Obama, sino que analizaban la situación con bastante acierto.

Lo de siempre, vaya.

La mayoría de las declaraciones de la comunidad negra (que son los que tienen algo que opinar en este caso), incluyendo a Obama, le han quitado hierro al asunto, aunque también hay que tener en cuenta que la gran mayoría de la comunidad negra, incluyendo a Obama, es demócrata.

En realidad, tanto demócratas como republicanos tienen algo de razón.

Por un lado, es cierto que Obama se ha beneficiado de no ser negro del todo. Hay gente incluso que, durante la campaña electoral, decía que se le podía votar porque no era un afroamericano de verdad: es negro, pero no un negro descendiente de esclavos, criado en el odio a los blancos.

El dialecto negro es otra realidad, dado que en un 90% de los casos se puede saber si una persona es negra sólo con escucharla. Y el evitar sonar muy negro para alcanzar el éxito no es nuevo: la televisión ha servido de ejemplo durante años. Por poner un ejemplo algo extremo, los negros de El  Show de Bill Cosby, El Príncipe de Bel-Air o Cosas de Casa están mucho más cerca de la clase media blanca que, digamos, los narcotraficantes de The Wire.

Así que sí, las declaraciones de Harry Reid no están muy lejos de la realidad. Obama pudo conquistar muchos votos porque se le veía como un negro más bien blanco. Incluso hubo debate entre la comunidad afroamericana sobre si el entonces candidato era “lo bastante negro“.

Los republicanos tienen sin embargo razón en lo de la doble moral. A los demócratas se les presupone no ser racistas, de los republicanos se sospecha que puedan serlo, y por eso unos pueden salir bien parados de ciertas declaraciones y los otros no.

Pero los demócratas no son los únicos que se benefician de esta doble moral, como bien explicaba hace poco el The Daily Show del siempre genial Jon Stewart: Rudy Giuliani, ex-alcalde de Nueva York, puede decir sin sonrojo que no hubo ataques terroristas bajo el mandato de Bush, pero sí ha habido uno bajo el mandato de Obama.

Repetimos: ex-alcalde de NUEVA YORK.

Por supuesto luego precisó que se refería a ataques después del 11 de Septiembre (antes no cuenta).

Tampoco cuentan los ataques con anthrax. Ni cuenta, ojo al dato, el caso de Richard Reid, que intentó hacer explotar un avión con una bomba en un zapato, pero que no lo logró. Como tampoco lo logró Abdulmutallab, pero ese sí cuenta como ataque terrorista bajo el mando de Obama.

¿Cómo puede Giuliani decir así no ya sin sonrojarse, sino sin que le tiren piedras?

Porque los repblicanos son buenos en seguridad nacional y duros contra el terrorismo. Eso lo sabe todo el mundo, aunque no haya pruebas, incluso aunque sea falso, de la misma forma que la gente sabe que los demócratas no son racistas, y Harry Reid no hizo las declaraciones con mala intención. Por eso cada uno puede irse de rositas diciendo una salvaja del tipo correspondiente, pero no del otro.

Y vamos a dejar de lado la otra doble moral, basada una deuda histórica, sí, pero que quizás fuera sano ir revisando, si se quiere alcanzar auténtica normalidad: que un negro pueda decir sin problema que un blanco es demasiado blanco, pero un blanco no pueda decir que un negro es demasiado negro sin que le llamen racista.

La globalización también era esto

January 10, 2010

Una amiga mía se ha mudado de Los Ángeles a Frankfurt, para acabar allí su doctorado. Su profesora se ha cambiado de universidad, y los estudiantes que no estaban ni lo bastante avanzandos en el doctorado como para acabar pronto, ni lo bastante al principio como para que no les importara cambiarse de grupo, han tenido que seguirla.

Nada más llegar le tocó la correspondiente visita al IKEA, para comprar los mismos muebles que tenía en Los Angeles, y que vendió por la mitad de lo que ha tenido que pagar en Alemania para comprarlos nuevos. Yo comprendo que a ella le toque la moral el dinero perdido, por no hablar de tener que volver a montarlo todo, pero a mí no deja de admirarme que uno pueda acabar con prácticamente el mismo dormitorio tras cambiarse de continente.