De piel clara, sin dialecto negro

La última pelotera en la política estadounidense se ha formado por unas declaraciones que Harry Reid, líder demócrata en el Senado, hizo durante la campaña de 2009, y recogidas ahora en un libro, y en las que decía que Obama tenía tirón entre los votantes por ser un negro de piel clara y no tener dialecto negro, menos cuando quiere tenerlo. Para colmo de males usó la palabra “negro” (así tal cual, leído “nigro” en inglés) en vez de “afroamerican” o “black” (el término “negro” sigue apareciendo en el censo, fundamentalmente porque es común entre los negros que tienen más de, digamos, setenta años, pero suena raro en la boca de un político).

Los comentarios no han tardado en llegar. Los medios conservadores como Fox News  (con Sarah Palin convertida ya oficialmente en el cuarto jinete) empujan para un lado, diciendo que esto demuestra que los demócratas desprecian al pueblo americano, y que usan la raza de Obama como excusa para justificar el descontento de la gente con su presidencia. Se quejan también de que las mismas palabras en boca de un republicano hubieran acabado con la crucifixión del susodicho. La prensa liberal empuja para el otro lado, diciendo que los comentarios no son racistas, sino realistas, y que no criticaban a Obama, sino que analizaban la situación con bastante acierto.

Lo de siempre, vaya.

La mayoría de las declaraciones de la comunidad negra (que son los que tienen algo que opinar en este caso), incluyendo a Obama, le han quitado hierro al asunto, aunque también hay que tener en cuenta que la gran mayoría de la comunidad negra, incluyendo a Obama, es demócrata.

En realidad, tanto demócratas como republicanos tienen algo de razón.

Por un lado, es cierto que Obama se ha beneficiado de no ser negro del todo. Hay gente incluso que, durante la campaña electoral, decía que se le podía votar porque no era un afroamericano de verdad: es negro, pero no un negro descendiente de esclavos, criado en el odio a los blancos.

El dialecto negro es otra realidad, dado que en un 90% de los casos se puede saber si una persona es negra sólo con escucharla. Y el evitar sonar muy negro para alcanzar el éxito no es nuevo: la televisión ha servido de ejemplo durante años. Por poner un ejemplo algo extremo, los negros de El  Show de Bill Cosby, El Príncipe de Bel-Air o Cosas de Casa están mucho más cerca de la clase media blanca que, digamos, los narcotraficantes de The Wire.

Así que sí, las declaraciones de Harry Reid no están muy lejos de la realidad. Obama pudo conquistar muchos votos porque se le veía como un negro más bien blanco. Incluso hubo debate entre la comunidad afroamericana sobre si el entonces candidato era “lo bastante negro“.

Los republicanos tienen sin embargo razón en lo de la doble moral. A los demócratas se les presupone no ser racistas, de los republicanos se sospecha que puedan serlo, y por eso unos pueden salir bien parados de ciertas declaraciones y los otros no.

Pero los demócratas no son los únicos que se benefician de esta doble moral, como bien explicaba hace poco el The Daily Show del siempre genial Jon Stewart: Rudy Giuliani, ex-alcalde de Nueva York, puede decir sin sonrojo que no hubo ataques terroristas bajo el mandato de Bush, pero sí ha habido uno bajo el mandato de Obama.

Repetimos: ex-alcalde de NUEVA YORK.

Por supuesto luego precisó que se refería a ataques después del 11 de Septiembre (antes no cuenta).

Tampoco cuentan los ataques con anthrax. Ni cuenta, ojo al dato, el caso de Richard Reid, que intentó hacer explotar un avión con una bomba en un zapato, pero que no lo logró. Como tampoco lo logró Abdulmutallab, pero ese sí cuenta como ataque terrorista bajo el mando de Obama.

¿Cómo puede Giuliani decir así no ya sin sonrojarse, sino sin que le tiren piedras?

Porque los repblicanos son buenos en seguridad nacional y duros contra el terrorismo. Eso lo sabe todo el mundo, aunque no haya pruebas, incluso aunque sea falso, de la misma forma que la gente sabe que los demócratas no son racistas, y Harry Reid no hizo las declaraciones con mala intención. Por eso cada uno puede irse de rositas diciendo una salvaja del tipo correspondiente, pero no del otro.

Y vamos a dejar de lado la otra doble moral, basada una deuda histórica, sí, pero que quizás fuera sano ir revisando, si se quiere alcanzar auténtica normalidad: que un negro pueda decir sin problema que un blanco es demasiado blanco, pero un blanco no pueda decir que un negro es demasiado negro sin que le llamen racista.

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