Precious

Precious, cuyo nombre completo es Precious: Based on the novel “Push” by Sapphire (que como título es un espanto, pero vaya hueso que debe ser el agente de Sapphire a la hora de negociar), es una de las dos supuestas joyas independientes del año (la otra The Hurt Locker).

Precious es lo que viene siendo un drama de los de tirarse por un puente. Cuenta la historia de una chica de 16 años (la Precious del título, interpretada por Gabourey Sidibe, que sin experiencia previa hace un muy buen papel) en Harlem, 1987. Obesa, analfabeta, con un hijo con síndrome de Down y embarazada del siguiente, ambos fruto de violaciones por parte de su padre, y viviendo con una madre que la somete a torturas constantes y que no tiene oficio ni beneficio (viven del poco dinero que sacan de los servicios sociales), no hay aspecto de su vida que no sea un desastre absoluto. La película cuenta como entra en un programa de educación alternativo, y como poco a poco su vida mejora. Se nos muestra mucho sobre su vida internat, sus fantasías (con varias escenas tipo Amélie, con fotos hablando y similares).

Dirigida por Lee Daniels (produtor de Monter’s Ball), producida entre otros por Oprah Winfrey y Tyler Perry (dos de las principales figuras negras del mundo del espectáculo), con Mariah Carey y Lenny Kravitz en pequeños papelitos (los dos bastante solventes), y una aclamadísima interpretación de Mo’Nique como la madre de Precious, la película se ha convertido en uno de los pelotazos de la temporada, lleva ganados varios premios, y puede que le caiga algún Oscar.

Y yo, sin embargo, tampoco la vi para tanto. Me gustó, y me parece una buena película, pero sin que haya que tirar cohetes.

Por un lado hay que agradecer que esté hecha (dentro de lo que el tema permite) con elegancia y buen gusto, lo que evita que se convierta en un telefilm de sobremesa, de tragedia familiar truculenta (esos que ponían las privadas para competir con los documentales de La 2, antes de que el Tomate cambiara el tono de la sobremesa para siempre). Los actores están bien, y tiene un par de ideas de puesta en escena (por ejemplo, los créditos iniciales) y algunas escenas muy conseguidas. Pero tampoco tiene mucho más que la distinga de un telefilm de sobremesa.

En mi opinión el cine social (donde se engloba la película, o al menos eso nos han vendido) debería servir no sólo para alertar sobre un problema (para lo que basta y sobra con la patada a los hígados, el efectismo menos sutil), sino también proporcionar un análisis, unas ideas, algo, que expliquen el problema, a los personajes,  un rascar más allá de la superficie, y Precious apenas araña un poco, raras veces, y sin mucha convicción. Los personajes son demasiado unidimensionales (la madre de Precious no tiene ni un atisbo de bondad, mientras que prácticamente todos los demás personajes son buenos buenísimos), no hay subtexto, no hay ambición por contextualizar, no hay conclusiones que sacar, y todo queda demasiado esquemático, el drama por el drama. Muy bien hecho, sí, con buen gusto, evitando la pornografía emocional, pero poco más.

Siento tener que repetirme, pero si alguien tiene interés en comprender mejor el problema de la población negra que vive en guetos empobrecidos en las grandes ciudades americanas, de cómo los jóvenes prefieren vender drogas a estudiar, de la marginación, de la falta de esperanza, e incluso de los abusos a menores, haría un mucho mejor uso de su tiempo viendo The Wire.

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