Reforma sanitaria, sí, ¿pero cuál?

Durante su presidencia, Bill Clinton propuso una reforma sanitaria, que fue tumbada en las cámaras. Por ese motivo, Obama no propuso una reforma propia, sino que simplemente encargó a Congreso y Senado que negociaran una, primero por separado, luego en conjunto.

Por tanto, se debería hablar de la “reforma sanitaria de Obama” con un poco de cuidado, y ver qué había antes, qué se propuso durante las diversas fases de la negociación, y qué ha salido al final.

Antes

El sistema sanitario estadounidense prerreforma se basa en compañías aseguradoras, a las que uno (a nivel particular, o su empresa, como parte del contrato laboral) le compra un seguro. Uno no gestiona, por tanto, con compañías que tienen médicos en nómina, sino con unos señores que hacen seguros y punto.

Estos seguros tienen su miga. En primer lugar, los primeros, digamos, mil dólares (los números cambian según el seguro) de cada año los tiene que pagar cada uno (son lo que se llama el deductible), y suelen tener un máximo, tanto anual como vitalicio, generalmente alto, pero si te vas enganchando transplantes y cosas raras puedes acabar sobrepasándolo, en cuyo caso la aseguradora te desea buena suerte y listo.

Por tanto, uno se asegura esencialmente por si se pone bastante malo (más allá del deductible), pero no malo malo del todo (en cuyo caso te va a dar lo mismo).

Un show.

Por otra parte, los seguros son carísimos cuando uno se los paga de su bolsillo (a las empresas les hacen precio de grupo para sus trabajadores), y eso es un problema cuando uno se queda en paro. El truco está en que la aseguradora está obligada a mantenerte el precio que pagaba tu empleador, pero si por algún motivo estás un tiempo sin seguro, puede ser jodido volver a tener seguro.

Y ya por último, uno de los principales problemas es de las pre-existing conditions, es decir, todo aquello que indique que tu salud no es perfecta. En principio tu aseguradora debería tener toda la información, para decidir el precio que va a cobrarte y, a veces, negarte el seguro, porque básicamente va a salir perdiendo con toda seguridad  (hay gente que, aún notándose síntomas, prefiere no hacerse análisis hasta no estar asegurado, por lo que pudiera pasar). Hay historias de gente que empezó a salir muy cara y la aseguradora acabó encontrando cosas que, según ella, debería haber sabido, que el cliente le ocultó, y que usó para cancelar el seguro. Uno nunca sabe si son leyendas urbanas o casos reales, pero siempre queda la duda.

Entre las cosas buenas (y que muchas veces no se cuentan): los pobres y los ancianos tienen seguros públicos y totalmente gratuitos (medicaid y medicare, respectivamente), y si uno se presenta en un hospital con algo que, de no recibir tratamiento, le va a llevar al otro barrio, el hospital tiene la obligación de tratarle, aunque luego uno no pueda pagar (en cuyo caso se declara en bancarrota, y al final se suele negociar un precio a pagar mucho más bajo, dado que al hospital le compensa cobrar algo a no cobrar nada).

El problema, a veces, es definir es cómo de grave (léase: urgente; un infarto es una cosa clara, pero ¿y un cáncer, que te va a matar pero no mañana?) tiene que ser el asunto para entrar en ese supuesto, pero eso son ya legalidades y pelearse con los diversos supuestos y tecnicismos.

Generalmente todo el mundo con un trabajo decente tiene algún tipo de seguro médico (con sus máximos y su deductible y sus cosas, pero un segudo al fin y al cabo),

Las propuestas

Obama, al que se le ha visto el plumero desde el principio, quería que la reforma acabara con un sistema single-payer, en el que el sistema se costeara con impuestos, como ocurre con el medicare y el medicaid. Esta opción duró más bien poco en las negociaciones, atacada desde todos los frentes como malísima, carísima y comunistísima.

Luego se intentó lograr que hubiera una public option, es decir, una aseguradora pública. Esto está todavía bastante lejos de un sistema de sanidad pública como se entiende en Europa, ya que los médicos no serían funcionarios, pero lograría que todo el mundo estuviera cubierto, y crearía más competencia en el mercado de los seguros, dado que la pública no necesitaría crear beneficios (bastante éxito sería no perder dinero).

Esto fue recibido como obra del mismísimo Satanás (o de Marx, que viene a ser más o menos lo mismo) por la derecha, argumentando por un lado que un sistema público siempre funciona peor que el privado, y por otro lado que era injusto que las compañías privadas tuvieran que competir con una aseguradora privada que no está preocupara de crear beneficios (es decir, el argumento viene a ser que no va a funcionar, pero aún así va a funcionar mejor que las privadas, simultáneamente; nadie saca la obvia conclusión sobre cómo se deduce que están funcionando las privadas).

Y poco a poco, en duras negociaciones en las que ningún republicano estaba a favor y varios demócratas en contra, se han ido rebajando las pretensiones más liberales (el aborto cayó pronto también), hasta que se ha logrado el acuerdo.

Hubo críticas razonables, que hablaban de que todo era muy caro, muy complicado (recordemos: Estados Unidos viene a ser bastante grande), irresponsable fiscalmente en mitad de una crisis terrible… Cosas con las que uno puede estar de acuerdo o no, pero que merecen que dos personas se sienten a discutir y hacer números. Desgraciadamente, la campaña se fue tiñiendo del espíritu de las tea parties y Fox News, con salvajadas a cada cual mayor (destacando para mi gusto los Tribunales de la Muerte –death panels– de Palin).

Ahora

Así y con todo, la reforma contiene muchas novedades, bastante revolucionarias para un país con aversión a lo público y tan grande como Europa (que mucho hablamos aquí, pero si tuvieramos que unificar la sanidad en la UE también habría más que palabras).

En primer lugar, todo el mundo, salvo algunas excepciones (inmigrantes ilegales, gente tan marginal que no esté en el sistema, y algunos casos particulares raros) debe tener seguro médico. Los empleadores deben proveerlo a todos los trabajadores, y los que no trabajen deben costeárselo. Para aquellos empleadores en peligro de quiebra, y a las personas que no puedan permitírselo, el Estado les ayudara (hasta el punto de pagarlo por completo).

En segundo lugar, y también fundamental, es que las aseguradoras no pueden rechazar a clientes por condiciones médicas preexistentes. Esto es, hay que reconocerlo, una putada para las aseguradoras, porque asegurar a un tío con el que sabes, sin lugar a dudas, que vas a perder dinero, es mal negocio (muchos opinamos que la sanidad no debería ser un negocio, pero si el punto de partida es que sí lo es, obligar a una empresa a perder dinero no parece una buena idea). El primer punto, que asegura nuevos clientes, es la manera de compensar (porque si no, la gente no pagaría estando sana, y se apuntaría a la aseguradora cuando supiera que le hace falta).

Hay otros detalles importantes, como el que los hijos puedan formar parte del seguro de los padres hasta los 26 años, o que no exista un máximo de cuánto tiene que pagarte el seguro. Los clientes con mejores seguros (la gama muy alta) tendrán un pequeño recargo, que no está claro si lo pagará el asegurado o el asegurador (que al final suele ser lo mismo, porque se rebaja el sueldo y ya está).

Opinión (la mía propia)

Visto desde fuera, esta parece otra de esas veces en las que los estadounidenses logran combinar lo peor del capitalismo y el comunismo.

Por un lado, todo el mundo tiene que asegurarse, lo cual acaba con varias de las ventajas del libre mercado. No es un monopolio, porque son varias empresas, pero se le parece. Por otro lado, este matar el libre mercado no es para que, al menos, el Estado recoja más dinero, sino que los beneficios son para empresas privadas. Empresas que, como hemos dicho antes, tienen ahora el problema de que se les impide rechazar negocios en los que van a perder dinero.

Lo dicho, un batiburrillo extraño de lo capitalista y lo socialista, y bastante lejos de las ambiciones iniciales.

Y sin embargo, visto lo visto, es una gran victoria. Primero porque le da un balón de oxígeno tremendo a Obama, y a los demócratas en general. La reforma incluye ventajas no sólo para los más pobres, sino para todos los asegurados. Ahora sólo tienen que hacer campaña inteligente con esas mejoras, y vender bien sus logros (cosa que, últimamente, no han estado muy finos haciendo). Y en segundo lugar porque, sea como sea, se estima que unos treinta millones de persones pasarán a tener seguro médico. Quizás no el mejor seguro del mundo, quizás no organizado de la forma más inteligente, pero seguro que a ninguno de ellos les importa demasiado, una vez estén en el hospital, siendo atendidos.

La gran esperanza a largo plazo es que la reforma sirva sobre todo para que la gente se convenza de que lo público no muerde, y que si esto ha funcionado, a lo mejor, quizás, ya si eso, se pueden ir añadiendo reformas que tiendan, con tiempo, a una verdadera sanidad pública. A veces todo consiste en que te obliguen a cambiar para darte cuenta de que el cambio tampoco era tan mala idea, y ahí están los derechos civiles como prueba.

Disclaimer, que le llaman

Servidor no trabaja en el Senado ni en la Casa Blanca, así que hacerme mucho mucho caso, como de poner la mano en el fuego, pues tampoco.

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