Archive for October, 2010

An American Werewolf in London

October 31, 2010

En mi pueblo hay cuatro cines. Por orden de cercanía a mi casa, tenemos…

El cine barato, al que llegan las películas de rebote (es decir, cuando dejan de echarlas en cine de más poderío), y que cuesta la cifra casi simbólica de tres dólares.

El cine de arte y ensayo, donde ponen películas independientes y extranjeras. Aquí es donde viene uno a ver a Almodóvar, por ejemplo. Nueve dólares los domingos (noche del estudiante), 11 el resto del tiempo.

El cine comercial, que antes era comercial normal, y ahora es una sucursal de los ArcLight, que son el equivalente a “arreglado pero informal”, cine comercial pero fino, donde se cuela alguna película independiente,  y que intentan montar cosas especiales. Entre 13.5 y 12.5 dólares, según el día. Entradas numeradas, que me toca un poco los aquellos, pero bueno.

Luego hay otro cine, que en su día fue una segunda sucursal del cine de arte y ensayo, que cerró (mucho arte y ensayo para tan poco pueblo) y que ahora es un cine de lujo y poderío, con sillones de cuero y donde se puede pedir comida. No es coña. Parece que las entradas cuestan como 30 dólares; no he tenido el gusto de comprobarlo, ni pretendo.

Una de las actividades que montan los ArcLight es el ArcLight presents, donde una vez por semana ponen películas viejas (desde muy viejas hasta sólo un poco), agrupadas temáticamente, a veces con la presencia de alguien relevante (un productor, un miembo del estudio) para un debate/ronda de preguntas. Es una de esas veces en las que uno se acuerda de que vive en (un pueblo de al lado de) Los Angeles.

Este verano fueron clásicos (de todas las eras) del cine americano, lo que me permitió tragarme El Padrino e Indiana Jones: En busca del Arca Perdida en pantalla grande, como un señor. Luego hemos tenido una ronda de clásicos de Disney. Y ahora por Halloween, cine de miedo.

La única que he ido a ver ha sido una a la que le tenía muchas ganas, An American Werewolf in London.

Escrita y dirigida por John Landis (director también de las películas de los Blues Brothers), es de lo más reconocido de su carrera, y está considerada hoy día un clásico de culto del género de la comedia de terror (o el terror cómico). Y con motivo: la película es un delirio maravilloso, que incluye perlas como una transformación a hombre lobo en un cine porno (la película porno en cuestión es un disparate de estilo setentero que Landis rodó expresamente).

La historia es más bien poca cosa: dos universitarios estadounidenses están de viaje por Inglaterra, llegan a un pueblo raro, los echan del bar por preguntones, y acaban en el páramo, donde les ataca un hombre lobo, que mata a uno y muerte al otro. Éste acaba en un hospital de Londres, liado con su enfermera, y dudando de su cordura: su colega, el muerto, se le aperece repetidas veces, en progresivo estado de descomposición, para avisarle de que está maldito, y que tiene que morir para acabar con la maldición (que, entre otras cosas, obliga a las víctimas de los hombres lobos a vagar por la tierra hasta que muera el último miembro de la “dinastía” de hombres lobo; por eso su amigo está tocandole la moral). No sólo la película es poca cosa, sino que se toma su tiempo en ir avanzando, una cosa que a mí no me parece para nada un problema, pero que hoy sería impensable. Los efectos especiales, a cargo de Rick Baker, fueron una revolución para la época. Se recuerda especialmente la escena de la transformación:

Después de la proyección tuvimos al productor de la película, George Folsey Jr., que fue encantador y contó varias batallitas, como la pelea por mantener el (fantástico) final, o cuánto costó conseguir los derechos de la peculiar banda sonora.

Mucho glamour.

Lo más

October 27, 2010

Estas son las noticias más vistas en la web de El País, a las 23:29 del martes 26 de Octubre:

Aclarar que las noticias cuatro, cinco, ocho y nueve tienen que ver con Fernando Alonso (en el caso de las dos primeras, quién lo diría, viendo el titular).

¿Trágico? No sé yo: tal y como está el patio, quizás deberíamos alegrarnos de que la sexta sea una noticia científica.

Mesrine: Killer Instinct / Public Enemy Number One

October 24, 2010

Respetado por sus papeles en Europa, conocido por sus papeles en Hollywood y envidiado por estar casado con Monica Bellucci, Vincent Cassel estrena ahora el biopic en dos partes (aunque creo que en según que sitios la van a remontar para dejarla en una sola película) del criminal francés Jacques Mesrine, que por lo que se ve es el equivalente gabacho de John Dillinger, fugas carcelarias incluidas (no tengo claro si el nuestro sería el Lute o el Vaquilla).

La primera, Mesrine: Killer Instinct (terrible traducción al inglés de L’instinct de Mort) se abre con un texto diciendo que la vida de un hombre es mucho más compleja que lo que una película puede mostrar, que lo que se ve es un punto de vista, y básicamente que cada palo aguante su vela.

La primera escena sirve para poner en imágenes dicha advertencia. La escena sigue a Mesrine (Cassel)  y su amante Sylvie Jeanjacquot (Ludivine Sagnier), con la pantalla partiéndose en varias partes, cada una de ellas mostrando la misma escena desde distintos puntos de vista, a veces con un ligero retraso o adelanto con respecto a las demás, y a veces en lo que parecen distintas tomas, con los gestos de los actores cambiando ligeramente entre una y otra. Finalmente uno de esos puntos de vista crece hasta ocupar toda la pantalla, y la escena continúa hasta que nos damos cuenta de que no está contando la muerte de Mesrine. La escena acaba justo antes de que sea acribillado.

Tras este prólogo, la película salta al pasado y sigue en orden cronológico, mostrando primero el servicio militar de Mesrine en Argelia, donde el hombre ya apuntaba maneras para la violencia. Tras la vuelta a Francia le vemos iniciar su carrera criminal, matar a un chulo, casarse con una española (Elena Anaya), ir a la cárcel, salir de la cárcel, buscarse un trabajo honrado, ser despedido, volver a las andadas, perder a su mujer y sufrir un intento de asesinato que casi mata a su hija pequeña.

Todo esto en la primera mitad de la primera película. Un estrés de vida, francamente.

El resto es poco más o menos lo mismo: atraco / secuestro / golpe- criminal, cárcel, fuga, hacer amigos / enemigos, buscarse amante, repetir. El tempo acelera según avanza la historia, y la sucesión de colaboradores, lugares y atracos llega empieza a dar algo de vértigo, especialmente en la segunda película (¿estamos en Canadá o Francia? ¿quiénes son los terroristas estos con los que trabaja ahora? ¿los del Quebecq, o los argelinos? ¿cómo ha planeado la fuga esa?). Me imagino que la idea es mostrar un retrato casi impresionista, centrado más en el personaje que en detallar los hechos con cuidado, pero eso no quita que el resultado alcance una confusa saturación.

La película tiene, sin embargo, dos cosas fundamentales que la salvan de hacerse aburrida. Primero, que con que la cuarta parte de lo que se cuenta sea verdad, la vida de Mesrine fue increíble, incluyendo asaltar una cárcel (sí, sí, desde fuera), fugarse de su propio juicio tomando como rehén al juez, o negociar con la policía que lo tiene totalmente rodeado para que le den una hora para despedirse de su amante. Aunque la cosa parezca a veces una sucesión de escenas inconexas, la mayoría de dichas escenas son fascinantes.

Lo segundo es un Cassel en estado de gracia, que logra crear un personaje que no por hijo de puta es menos atractivo, el golfo encantador llevado al extremo (se ve que el verdadero Mesrine era algo de ese palo, y que llego a ser una estrella mediática). Le vemos hacerse un criminal, ser torturado en la cárcel, torturar gente, mostrar destellos de humanidad, envejecer y engordar, todo con una constante mezcla de amenaza y carisma seductor que es lo que sostiene la historia durante, sumando, unas cuatro horas.

Escrita y dirigida por Jean-François Richet, y basada (imagino con bastante libertad) en el libro de Mesrine (supuestamente autobiográfico, lo que se pone en duda), la película cuenta con un reparto lleno de caras conocidas del cine francés (Mathieu Amalric, Gérard Depardieu, Cécile de France), está rodado con los medios de una superproducción de mucho postín y, pese a las pegas, es una fantástica película de gangsters.

Dos años después, misma pregunta…

October 15, 2010

Hace dos años apareció Sarah Palin. Mujer, madre de familia, fotogénica, conservadora hasta la médula. La gran promesa de la derecha más furibunda, pese a que, por ejemplo, durante una entrevista con Katie Courice fue incapaz de responder a la pregunta “¿con qué decisiones del Tribunal Supremo no estás de acuerdo?” (aparte de Roe vs. Wade, que hizo legal el aborto):

Ahora ha aparecido Christine O’Donnell, candidata republicana al senado por el estado de Delaware. Mujer, madre de familia, fotogénica, conservadora hasta la médula, es la nueva estrella del Tea Party, la nueva Palin, que la ha apoyado y defendido públicamente varias veces. No es lo único que tienen en común. Ante la misma pregunta, la misma (ausencia de) respuesta:

Uno pensaría que dos años son suficientes para, al menos, aprenderse algo de memoria, un par de casos y listo, no más. Se ve que no.

Pese a su explícita y apabullante incompetencia, Palin sigue dando guerra. Me temo que tenemos O’Donnell para rato.

Advertencia

October 14, 2010

 

 

Sam Francis, Blue Balls VIII, 1961-62 (detalle).

 

 

Los Angeles offers the most dramatic instance of the unbridgeable abyss between America’s classes, cultures, races, and individuals, between its Utopian fantasy and its dystopic reality. …I always believed that God would destroy L.A. for its sins. Finally, I realized that He had already destroyed it, and then left it around as a warning.

Lewis Baltz.

 

 

Robert Irwin, Untitled, 1968-69 (detalle).

 

 

Retrospectiva de la colección permanente del MOCA.

 

 

The Town / The American

October 11, 2010

The Town

Doug: “We gotta’ do something. I can’t tell you what it is, you can never ask me about it after we’re done, and we’re gonna’ hurt some people.”
Jem: ” Whose car we taking?”

En 1997, Ben Affleck estaba en la cima. Tras actuar en películas relativamente independientes (Dazed and Confused, Mallrats, Chasing Amy), gana el Oscar a mejor guion original por Good Will Hunting, escrito a cuatro manos con su amiguísimo Matt Damon. El futuro era prometedor a más no poder.

Pero el futuro, al menos a medio plazo, consistió en superproducciones de dudoso gusto (Armageddon, Pearl Harbor, Forces of Nature), un romance con Jennifer Lopez que le paseó con demasiada frecuencia por la prensa rosa más cutre, y los dos últimos clavos en el ataud, Gigli y Jersey Girl, de las que aún hoy se hacen chistes.

En 2004 estaba claro que, del dúo Affleck / Damon, uno había sabido encauzar su carrera y el otro más bien no.

Y sin embargo ha sabido renacer, que es una cosa que en Hollywood gusta mucho (una vez se ha renacido, claro), no sólo como actor (Hollywoodland, State of Play), sino también como director, primero con Gone Baby Gone y ahora con The Town, una historia de ladrones de bancos en su Boston natal adaptada de una novela de Chuck Hogan.

La película se abre con un atraco del grupo liderado por Doug (Ben Affleck). Son meticulosos, metódicos, profesionales. Un atraco en condiciones. El problema es que Jem (Jeremy Renner, protagonista de The Hurt Locker), el miembro más volátil del grupo, decide tomar como rehén durante unas hoars a Claire (Rebecca Hall). Y mirando su carné de conducir descubren que vive cerca de ellos. Doug decide encargarse del asunto, y el asunto se convierte en un romance entre secuestrada y secuestrador, cosa que ella, obviamente, ignora. Por si esto no fuera suficiente para que se liara parda, un grupo del FIB liderado por el agente Adam Frawley (Jon Hamm, el Don Draper de Madmen) está a la busqueda del grupo de atracadores.

Con esta trama Affleck y sus coguionistas (Peter Craig y Aaron Stockard) montan una película que es la vez moderna y clásica, especialmente en las escenas de acción, elegantes, sin excesos, más Michael Mann que Christopher Nolan. El reparto está fantástico, desde los personajes principales a una miriada de estupendos secundarios (Chris Cooper como el encarcelado padre de Doug; Blake Lively como la hermana de Jem, enamorada de Doug; Pete Postlehwaite como el jefe mafioso local), y ayudan a darle solidez y realismo a los dos lados de la historia: por un lado, la lucha entre atracadores y FBI, y por otro lado la lucha interna de Doug, que gracias a Claire descubre que, quizás, solo quizás, haya otra salida para él, un camino que no implique quedarse en el barrio, y con toda probabilidad acabar muerto o en la cárcel.

La película tiene sus pegas, especialmente un final que sin ser feliz del todo, tampoco es la tragedia griega a la que película apunta durante la primera hora y media. Aún así es una película estupenda, que ha tenido un muy merecido éxito en taquilla, y que parece indicar que Ben Affleck tiene mucha carrera por delante como director.

The American

The American se abre también con una escena de acción, que sirve para dejar claras dos diferencias con The Town: que si la una es elegante, la otra es minimalista; y que el asesino que interpreta George Clooney es un hijo de puta con todas las letras. Conflictuado, quizás, con su propia hijoputez, pero alguien que no duda en cargarse a quien haga falta para salvar el pellejo.

Basada también en una novela (esta vez de Martin Booth), escrita por Rowan Joffe (28 Weeks Later) y dirigida por Anton Corbijn (su segunda película tras el biopic de Ian Curtis y la Joy Division, Control), The American es eso que la gente describe como “una película de las que ya no se hacen” (que también se dijo, por ejemplo, de El hombre que pudo reinar,  y que curiosamente siempre se dice justo después de estrenarse la película en cuestión). En este caso es un thriller que parece recién sacado de los 70 (y casi más del cine europeo que del americano), con poca acción, menos diálogo, mucha tensión apenas sugerida, y una peculiar forma de rodarlo todo, desde la violencia al sexo.

George Clooney es un asesino profesional que tiene que escapar de Suecia (donde básicamente quieren matarle) y acaba en Italia, donde se dedica a charlar con un cura, adaptar una pistola para una cliente, intimar con una prostituta (la guapísima Violante Placido, hija de Simonetta Stefanelli, Apollonia Corleone) y ser paranoico (con motivo; uno no llega a asesino profesional cincuentón si no es siendo paranoico). Y poco más, francamente.

Cuidadísima en lo visual, de ritmo pausado, austera y sobria a más no poder, hay quién lo ha criticado (y mucho) por ser una película aburrida en la que no pasa nada. A mí me parece, en cambio, una película estupenda, que no es para nada aburrida, y en la que importan tanto las cosas que pasan como las que no pasan.

Cine (batiburrillo)

October 5, 2010

De nuevo se me acumula el trabajo:

Io sonno l’ammore: Tilda Swinton (que cada vez se parece más a David Bowie) es una rusa casada con un industrial italiano, de muy buena familia, todo muy lujoso. Su perfecta pero aséptica vida se revoluciona cuando se enamora de un amigo de su hijo. Mientras, el susodicho hijo se pelea con su padre por el control de la empresa familiar, y la hija descubre que es lesbiana. Con unos actores estupendos (incluyendo a una Swinton que aprendió a hablar ruso e italiano con acento ruso) y algunas escenas fantásticas (las escenas de sexo en el campo, o las que tienen que ver con comida), el final está ligeramente pasado de rosca.

The kids are alright: Las siempre fantásticas Julianne Moore y Annette Bening son lesbianas y madres de un niño y una niña, uno cada una, ambos por inseminación artificial del mismo donante. Cuando la hija cumple dieciocho años su hermano le insiste para que inicie los trámites para contactar con el donante. La idea es obviamente terrible, pero los niños la llevan a cabo, desencadenando una situación que va de lo idílico a lo catastrófico. Muy divertida, estupendos todos los actores, con partes más serias pero sin pasarse, una película estupenda.

The extra man: Paul Dano es un joven aspirante a escritor, que se muda a Nueva York, a casa de Kevin Kline, un escritor fracasado que malvive en un apartamento cochambroso y que se dedica a hacer de acompañate de ancianas millonarias para poder probar, a ratos, la buena vida. Katie Holmes y un John C. Reilly que parece el Flex Mentallo de la Doom Patrol (pre-afeitado) aparecen también. La película se desarrolla en una Nueva York grotesca pero idílica, y toca mil palos, incluyendo una subtrama sobre el fetichismo travestista del personaje de Dano. A ratos graciosa y con encanto, a ratos un poco excesiva falta de trama y estructura. Con Kevin Kline, eso sí.

Get Low: Robert Duvall (fantástico como siempre, con esa cara de saber algo que tú no sabes) es un ermitaño que lleva viviendo más de treinta años sólo, en las montañas. En el pueblo cercano se cuentan todo tipo de rumores sobre él, a cada cuál más truculento. Un día decide que quiere celebrar su funeral, pero en vida: una gran fiesta, a la que estará invitado todo aquel que pueda contar una historia sobre él. Para redondear las cosas, el dueño de la funeraria encargada de montarlo es Bill Murray, que por problemas económicos está dispuesto a hacer lo que sea. El planteamiento es interesantísimo, pero se estropea cuando descubrimos que Duvall ha montado todo el chiringuito para poder contar un secreto que no se había mencionado durante la primera mitad de la película, y que al espectador se la trae bastante al pairo. El final acaba dominado por un McGuffin glorificado y elevado a las alturas de gran elemento de la trama. Aún así tiene sus momentos.

Despicable Me: Después de que Pixar demostrara que con tiempo, esfuerzo y un buen guion las películas tienden a salir bien (a quién se le habría ocurrido), la animación está dando obras estupendas una detrás de otra. No sólo ha sido el año en que DreamWorks ha conseguido su mejor película con How to train your dragon, sino que ahora Universal saca también una película de lo más sólida. Steve Carell es Gru, supervillano de profesión, aunque con relativo éxito profesional. Para llevar a cabo su nuevo plan (robar la luna) le hace falta la ayuda de tres huerfanitas, a las que adopta. Obviamente, acabarán por cogerse cariño mutuo. Algo más infantil que las otras películas mencionadas, aún así es disfrutable por un adulto.

Soul Kitchen: La vida de Zinos (Adam Bousdoukos) se está desmoronando a la voz de ya, con una novia que se va a China de reportera, un restaurante cutre que sólo da desgracias, una hernia discal incipiente y un hermano liante que acaba de salir de la cárcel. Pero cuando un restaurante de lujo despide a su chef estrella, genial pero temperamental, Zinos le ofrece un puesto en su cocina. Entonces todo se arregla, luego todo se estropea, para arreglarse de nuevo, en un final feliz un poco forzado, pero en el estilo de la película. Muy graciosa.