The Town / The American

The Town

Doug: “We gotta’ do something. I can’t tell you what it is, you can never ask me about it after we’re done, and we’re gonna’ hurt some people.”
Jem: ” Whose car we taking?”

En 1997, Ben Affleck estaba en la cima. Tras actuar en películas relativamente independientes (Dazed and Confused, Mallrats, Chasing Amy), gana el Oscar a mejor guion original por Good Will Hunting, escrito a cuatro manos con su amiguísimo Matt Damon. El futuro era prometedor a más no poder.

Pero el futuro, al menos a medio plazo, consistió en superproducciones de dudoso gusto (Armageddon, Pearl Harbor, Forces of Nature), un romance con Jennifer Lopez que le paseó con demasiada frecuencia por la prensa rosa más cutre, y los dos últimos clavos en el ataud, Gigli y Jersey Girl, de las que aún hoy se hacen chistes.

En 2004 estaba claro que, del dúo Affleck / Damon, uno había sabido encauzar su carrera y el otro más bien no.

Y sin embargo ha sabido renacer, que es una cosa que en Hollywood gusta mucho (una vez se ha renacido, claro), no sólo como actor (Hollywoodland, State of Play), sino también como director, primero con Gone Baby Gone y ahora con The Town, una historia de ladrones de bancos en su Boston natal adaptada de una novela de Chuck Hogan.

La película se abre con un atraco del grupo liderado por Doug (Ben Affleck). Son meticulosos, metódicos, profesionales. Un atraco en condiciones. El problema es que Jem (Jeremy Renner, protagonista de The Hurt Locker), el miembro más volátil del grupo, decide tomar como rehén durante unas hoars a Claire (Rebecca Hall). Y mirando su carné de conducir descubren que vive cerca de ellos. Doug decide encargarse del asunto, y el asunto se convierte en un romance entre secuestrada y secuestrador, cosa que ella, obviamente, ignora. Por si esto no fuera suficiente para que se liara parda, un grupo del FIB liderado por el agente Adam Frawley (Jon Hamm, el Don Draper de Madmen) está a la busqueda del grupo de atracadores.

Con esta trama Affleck y sus coguionistas (Peter Craig y Aaron Stockard) montan una película que es la vez moderna y clásica, especialmente en las escenas de acción, elegantes, sin excesos, más Michael Mann que Christopher Nolan. El reparto está fantástico, desde los personajes principales a una miriada de estupendos secundarios (Chris Cooper como el encarcelado padre de Doug; Blake Lively como la hermana de Jem, enamorada de Doug; Pete Postlehwaite como el jefe mafioso local), y ayudan a darle solidez y realismo a los dos lados de la historia: por un lado, la lucha entre atracadores y FBI, y por otro lado la lucha interna de Doug, que gracias a Claire descubre que, quizás, solo quizás, haya otra salida para él, un camino que no implique quedarse en el barrio, y con toda probabilidad acabar muerto o en la cárcel.

La película tiene sus pegas, especialmente un final que sin ser feliz del todo, tampoco es la tragedia griega a la que película apunta durante la primera hora y media. Aún así es una película estupenda, que ha tenido un muy merecido éxito en taquilla, y que parece indicar que Ben Affleck tiene mucha carrera por delante como director.

The American

The American se abre también con una escena de acción, que sirve para dejar claras dos diferencias con The Town: que si la una es elegante, la otra es minimalista; y que el asesino que interpreta George Clooney es un hijo de puta con todas las letras. Conflictuado, quizás, con su propia hijoputez, pero alguien que no duda en cargarse a quien haga falta para salvar el pellejo.

Basada también en una novela (esta vez de Martin Booth), escrita por Rowan Joffe (28 Weeks Later) y dirigida por Anton Corbijn (su segunda película tras el biopic de Ian Curtis y la Joy Division, Control), The American es eso que la gente describe como “una película de las que ya no se hacen” (que también se dijo, por ejemplo, de El hombre que pudo reinar,  y que curiosamente siempre se dice justo después de estrenarse la película en cuestión). En este caso es un thriller que parece recién sacado de los 70 (y casi más del cine europeo que del americano), con poca acción, menos diálogo, mucha tensión apenas sugerida, y una peculiar forma de rodarlo todo, desde la violencia al sexo.

George Clooney es un asesino profesional que tiene que escapar de Suecia (donde básicamente quieren matarle) y acaba en Italia, donde se dedica a charlar con un cura, adaptar una pistola para una cliente, intimar con una prostituta (la guapísima Violante Placido, hija de Simonetta Stefanelli, Apollonia Corleone) y ser paranoico (con motivo; uno no llega a asesino profesional cincuentón si no es siendo paranoico). Y poco más, francamente.

Cuidadísima en lo visual, de ritmo pausado, austera y sobria a más no poder, hay quién lo ha criticado (y mucho) por ser una película aburrida en la que no pasa nada. A mí me parece, en cambio, una película estupenda, que no es para nada aburrida, y en la que importan tanto las cosas que pasan como las que no pasan.

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