Elecciones

Sin sorpresas, François Hollande ha salido ganador en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, por poco pero suficiente. Le Petit Nicolas se despidió con un discurso sobrio y elegante, y Hollande celebró la victoria con su habitual expresión de vaca mirando el tren, mientras que la verdadera ganadora de la noche parecía ser Marine Le Pen, que no sonreía abiertamente pero poco le faltaba. Y es que está viendo su verdadera oportunidad ahora, en las legislativas.

Hasta hace diez años, las legislativas francesas se celebraban cada cinco años y las presidenciales cada siete, con lo que se han dado tres casos de presidentes de un partido político y parlamentos (y por tanto gobiernos) de otro. Ahora ambas elecciones son cada cinco años, con las legislativas apenas unas semanas después de las presidenciales, en parte con la intención de favorecer la gobernabilidad: se intenta que el presidente no tenga tiempo de cagarla demasiado antes de las legislativas. Además, la ley electoral francesa favorece el bipartidismo, y casi casi el monopartidismo: en cada circunscripción electoral se elige a un sólo candidato (a veces con dos vueltas), por lo que una victoria no muy salvaje en voto popular puede llevar a arrasar en número de diputados.

La cuestión ahora es quién se convierte en el principal partido de la oposición. La izquierda está ahora mínimamente organizada, así que se espera que presenten un sólo candidato en cada distrito. En la derecha, en cambio, se va a aplicar la ley de la selva: con el voto muy fraccionado (el UPM sacó 27.80% de los votos en la primera vuelta, mientras que el Frente Nacional de Le Pen sacó el 17.90%), y aprovechando que con la derrota en las presidenciales Sarkozy no se presenta, y por tanto UPM se queda un poco huérfana de líder, Le Pen espera asegurar varios escaños, y quizás, con un poco de suerte, convertirse en el principal partido de la oposición. Si no puedes vencer al bipartidismo, únete a él.

Donde sí que se ha roto el bipartidismo es en Grecia, y de qué manera (aunque, todo hay que decirlo, quizás el país se jugaba más en las elecciones francesas que en las propias). Los dos partidos antiguamente mayoritarios suman 149 escaños (108 de la derecha, 41 de la izquierda) en un parlamento de 300, cuando en las anteriores elecciones sumaron 251. El segundo partido más votado es un frente de pequeños partidos de izquierda que ha sacado 52, 39 más que en las anteriores elecciones. El cuarto y el séptimo partido son de nuevo cuño, con la friolera de 33 y 19 escaños respectivamente. Pero la gran estrella es, sin duda, la Aurora Dorada de Nikolaos Michaloliakos, sexto partido más votado con su 6.97% del voto. A la hora de describir su signo político, una imagen vale más que casi cualquier número de palabras:

Michaloliakos con dos altos cargos de su partido. No sabemos si se les considera ministrables, ni qué ministerio ocuparía cada uno, caso de haber ganado las elecciones.

Hay que reconocerles la originalidad con el nombre del partido: Aurora Dorada es mucho más lírico que las combinaciones habituales, más en la línea del Frente Nacional de Le Pen. Imagino que se comieron tanto la cabeza con el nombre que no les quedó tiempo para pensarse la bandera: ellos aseguran que no es una esvástica, lo que es verdad, pero también es verdad que se parece más a una esvástica que a la cara de un gatito, por ejemplo. Michaloliakos ya ha soltado perlas como que habría que minar las fronteras, no para que los inmigrantes mueran, sino para que no entren (no está claro que el hombre entienda, pese a su pasado militar, cómo funciona una mina). Son buenos tiempos para el populismo xenófobo: asusta tanto el inmigrante pobre que viene a robarnos el trabajo como el extranjero rico que acosa al país con tretas financieras. Que la reacción a la austeridad impuesta por Merkel sea el espectacular aumento en votos de un partido neonazi no deja de tener su puntito de ironía, pero así están las cosas.

Es de suponer que en unos meses se repetirán las elecciones, dado que nadie quiere pactar con los antiguos partidos mayoritarios, y está bastante complicado que el resto se entiendan todos entre sí. La pregunta es no sólo si Grecia tiene tiempo para desperdiciar, sino qué pasará si continúa la ingobernabilidad, y con un parlamento altamente antieuropeísta y poco amigo de una nueva intervención.

2 Responses to “Elecciones”

  1. Kalitro Says:

    A mí me fascinan sobremanera estos países que habiendo sido invadidos por los nazis, luego se arrimen a partidos de extrema derecha. No sé, algún abuelete habrá aún que recuerde qué consecuencias traen.

    • FLJ Says:

      Ni son rubitos, ni estaban en el bando nazi en la guerra, ni eran especialmente queridos por los nazis… Y míralos, con sus banderitas y sus cabezas paradas.

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