Futuro

Estamos ya entrados en la segunda década del siglo XXI y los coches siguen yendo por el suelo, las camisetas siguen siendo de algodón y no de papel de aluminio, los robots son unas cosas cuadradas que se ponen en la cocina para hacer pan casero y no hay ningún Scotty que pueda teletransportarnos.

Una estafa, vaya.

Quizás sea verdad que, como dijo el genial Miguel Brieva, el futuro ya ha pasado y que los que no estábamos allí nos lo hemos perdido (el escaneado lo he robado de aquí, que no tengo mi copia a mano):

Aún así a veces llegan destellos de ese futuro soñado, como las noticias que recientemente nos han hablado de Planetary Resources, empresa cuyo objetivo es la minería espacial, concretamente en asteroides. El que vayan a usar robots en vez de, digamos, a la teniente Ripley, nos aleja un poco de la ciencia ficción de toda la vida, pero eso se compensa al ver a los inversores, un grupo de millonarios excéntricos que incluye a Page y Schmidt, los creadores de Google, y a James Cameron, que no contento con llegar al fondo del mar quiere ahora dedicarse a conquistar el espacio (no en vano lleva años asesorando a la NASA).

Sólo faltaría que Steve Jobs hubiera fingido su muerte y que estuviera dirigiéndolo todo desde la sombra…

Aunque quizás deberíamos considerar que dadas las leyes de la aerodinámica un helicoptero o un F16 están razonablemente cerca de ser coches voladores, que el algodón es más cómodo que el papel de plata, que no hay que despreciar el pan casero y que el futuro está llegando, sólo que no como lo esperábamos: cosas como el iPhone y el resto de teléfonos inteligentes eran impensables hace casi nada, hubieran sido considerados tecnología alienígena si nos remontamos veinte o treinta años, y sin embargo hoy nos parecen de lo más normal.

En la misma línea, periódicamente me maravillo ante lo que supone Google Street View, que empezó como uno de tantas curiosidades de Google, cubriendo apenas unas calles de San Francisco, y que ahora es una filigrana de proporciones faraónicas. Recordemos: una empresa privada ha mandado un ejército de coches a sacar fotos de miles de ciudades y pueblos, y luego las ha organizado y colgado en internet, gratis. Sólo el nivel de procesado de datos necesario para combinar las imágenes pone los pelos de punta, y sin embargo lo usamos con la misma naturalidad que una cuchara.

Hay varios artistas que sí se han dado cuenta de que Street View está lleno de posibilidades. Wired tiene un artículo bastante apañado donde habla de algunos. Los hay que se dedican a montar numeritos para las cámaras de los coches de Google, como el proyecto Street with a view, en Pittsburgh, o Aram Bartholl, que instala señales gigantescas en el punto que Google Maps señala como el centro de una ciudad:

La mayoría sin embargo se dedica a recoger imágenes que les parecen interesantes, a veces con un tema (Mishka Henner se centra en prostitutas en las calles de Italia, por ejemplo). De este grupo mi favorito es probablemente 9-eyes, de Jon Rafman, que aunque tiene un poco de todo (desde escenas de violencia a situaciones simplemente desconcertantes), me gusta especialmente por la belleza surrealista y misteriosa de algunos de sus hallazgos:

2 Responses to “Futuro”

  1. Lenteja Says:

    Supongo que a causa de las películas de ciencia ficción, siempre he esperado que las cosas en el futuro estuvieran limpias y ordenadas. Creo que solo en Blade Runner salen calles caóticas y sucias, no he visto otra peli así. Por eso me fijo siempre en las huellas dactilares o cualquier suciedad que el ser humano puede dejar sobre iphones, tabletas o cualquier bicho nuevo que salga. Es como si le restara parte de perfección. Lo ves como un aparato tan sofisticado, tan completo, tan de todo, y sin embargo lo acabas de comprar y ya estás rayando la pantalla al metértelo en el bolsillo…

    Como si por mucha tecnología futurista las fuerzas entrópicas no fueran a dejar de hacer de las suyas nunca.

    Buenas fotos esas del final, por cierto.

  2. EFE Says:

    Esa viñeta de Brieva es la que tengo siempre en mente cuando pienso en él, además de ser la que más cito. Me parece sublime.

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