Archive for June, 2012

París (III)

June 25, 2012

En el metro, camino de un bar. Un francés y un latinoamericano discuten en nuestro vagón. El francés repite fucking Spanish, don’t talk to me, el otro se pone de pie, se remanga y hace gestos despectivos. Una vez llegado a este punto la situación se mantiene igual durante todo el trayecto: uno repite la frase, el otro repite los gestos. A lo mejor la cosa tiene su gracia una vez estás metido en faena, pero visto desde fuera parece de lo más aburrido. Llega nuestra parada, y nos quedamos sin ver si la cosa avanza.

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Intereses

June 20, 2012

A estas alturas de la película parece claro que la crisis económica europea es eso, europea. Quizás empezó como parte de la crisis mundial, quizás la culpa no fue del chachachá sino de Lehman Brothers y compañía, pero a día de hoy esa crisis inicial ha ido mezclándose con problemas propios de la Unión Europea, y esta nueva losa, mejorada y ampliada, es básicamente nuestra, por mucho que no nos afecte sólo a nosotros.

Paul Krugman, el profesor de economía de Princeton y premio Nobel pluriempleado hoy día como paladín del keynesianismo y heraldo del apocalipsis, ha escrito un artículo (original aquí) a cuenta de las elecciones legislativas griegas, en el que viene a decir que los griegos tienen culpa, pero no toda. De la traducción de El País:

Desde que Grecia cayó en picado, hemos oído hablar mucho de lo que no va bien en todo lo que sea griego. Algunas de las acusaciones son ciertas, y otras son falsas, pero todas ellas son irrelevantes. Sí, existen importantes fallos en la economía griega, en su política, y, sin duda alguna, en su sociedad. Pero estos fallos no son los que causaron la crisis que está desgarrando a Grecia, y que amenaza con extenderse por Europa.

No, los orígenes del desastre se encuentran más al norte, en Bruselas, Fráncfort y Berlín, donde las autoridades crearon un sistema monetario profundamente defectuoso —y quizás abocado a morir— y luego agravaron los problemas de ese sistema sustituyendo el análisis por las lecciones de moral. Y la solución a la crisis, si es que existe alguna, tendrá que llegar de los mismos lugares.

El artículo viene a decir que los griegos son corruptos, viven por encima de sus posibilidades y son poco productivos, pero que también trabajan muchas horas y tienen menos gastos sociales que otros países europeos. En resumen, que las circunstancias de Grecia no explican por qué están como están, especialmente comparando con algunos estados de Estados Unidos, que también son menos productivos y más pobres que los demás.

¿Por qué están los griegos como están, entonces? Porque es complicado tener una moneda común si no se tiene un gobierno común, o por lo menos una política económica común. Su versión coincide como un calco con la que George Soros dio a principios de mes en el Festival of Economics (tal cual, eso sí que es un nombre) en Trento (transcipción aquí y resumen de NPR aquí):

La charla dura unos tres cuartos de hora (más media hora de preguntas), porque trata de más cosas y porque a Soros le gusta extenderse y mencionar siempre que puede que tiene un conceptual framework que desarrolló cuando estudiaba con Popper (claro que si yo hubiera estudiado con Popper puede que también lo dejara caer de vez en cuando aunque no viniera mucho a cuento, todo hay que decirlo). Es un poco menos agresivo que en otras ocasiones (esta vez no ha dicho que Merkel es la que ha causado la crisis, con todas las letras), pero también reparte una buena ración de estopa.

La historia de Grecia que cuentan Krugman y Soros viene a ser más o menos esta:

Primer Acto:

Grecia, nuestro héroe, es un humilde país del mediterráneo. Su economía no es para tirar cohetes, pero va tirando vendiendo barato, con el turismo y con los barcos, que es algo así como el negocio familiar. De vez en cuando pide dinero prestado, pero como la gente no se fía mucho tiene que pagar unos intereses bastante elevados (estamos hablando de más del 15%).

Un día sus vecinos le invitan al club que han abierto. El club lo preside, de forma oficiosa, Alemania, que por aquel entonces acaba de arrejuntarse consigo misma (tras un autodivorcio de unos cuarenta años), y que tiene grandes planes para el club. Sin embargo algunos de sus vecinos ponen mala cara cuando habla de una unión política (hay que recordar que el autodivorcio no fue porque sí), y la cosa se queda en una unión básicamente económica.

Esta unión económica culmina en 1999 cuando los miembros del club empiezan a usar todos la misma moneda. Esto tiene dos consecuencias que entonces no parecen tan importantes. La primera es que los miembros del club se quedaron sin su máquina de imprimir billetes.

La segunda es que se permite a los bancos de los países del club prestarle dinero a todos los miembros como si fuera su propio país: entre otros detalles, sin apartar fondos por si la cosa sale rana, y con el Banco Central Europeo considerando que toda la deuda es igual de fiable, venga de donde venga.

Segundo Acto:

Dadas las nuevas condiciones, Grecia y el resto de países con economías más bien modestas se encuentran con que todos los bancos quieren dejarles dinero, y muy barato. En poco años los intereses son los mismos para todos los países.

En ese tiempo Alemania decide reformar su economía, y aprovechando que ahora le puede a vender a los demás países del club usando su misma moneda se convierte en una máquina de producir coches (y lo que no son coches), el país que más exporta del mundo.

En otros países, sin embargo, se dan burbujas hipotecarias y de consumo, suben los salarios, y se hacen menos competitivos (antes lo poco que fabricaban lo fabricaban barato, ahora ya ni eso). Pasan a mantenerse no por ser baratos, sino gracias a las burbujas y a lo fácil que les resulta conseguir dinero prestado a unos tipos de interés bajísimos (en torno al 5%), muchas veces de bancos alemanes.

Se empieza a crear una división dentro del club entre países muy competitivos y países poco competitivos. Pese a todo la situación parece estable, hasta que…

Tercer Acto:

En 2008 el primo de Zumosol del otro lado del Atlántico se despierta un día y se encuentra con que Lehman Brothers está en bancarrota. Las fichas de dominó empiezan a caer una tras otra.

Los bancos del mundo entero empiezan a mirar los préstamos y las inversiones que tienen por ahí, y descubren que la mayoría valdrían lo mismo si estuvieran en dinero del Monopoly.

Esto les lleva a mirar con lupa la deuda que viene de los países europeos, y deciden que aunque les han dicho que son todos iguales, en realidad algunos son más iguales que otros. Los bancos deciden dejar de prestarle dinero tan fácilmente a los países como Grecia, que como ha dejado de ser competitiva, empieza a tener problemas para devolver lo que ya debía. Esto hace que los bancos, asustados de perder el dinero que le han prestado a Grecia, se pongan muy nerviosos, y decidan prestar menos dinero que antes, con lo que Grecia tiene aún más dificultades para pagar lo que debe, con lo que los bancos…

Se han visto por ahí pescadillas que se muerden la cola con menos saña.

Mientra tanto Alemania, que ahora no quiere ni oír hablar de más unión de la que ya hay, dice que cada palo aguante su vela, que el Banco Central Europeo no está para arreglar estas cosas, y que de imprimir más billetes ni hablar, que la última vez que hicieron algo así acabaron autodivorciados cuarenta años. Se descubre por tanto que el club es más que un club, pero no lo suficiente.

Soros cuenta más cosas (por ejemplo, cómo los bancos europeos están reorganizando su deuda para que esté todo menos interconectado, lo que permitiría cerrar el club de forma mucho menos traumática), pero el porqué de la situación griega es básicamente ese. Todo esto está resumido en el siguiente gráfico, que hace honor al dicho de las imágenes y las mil palabras:

Intereses de la deuda europea: de dónde venimos y a dónde vamos.

Qué claro se ve todo cuando se puede reducir a siete líneas de nada. Lo que nos lleva al…

Cuarto Acto:

¿Y ahora qué? Pues en eso estamos, y es que lo va a determinar si esto se queda en tragicomedia, tragedia o tragedia-con-balcones-a-la-calle.

Por ahora y visto cómo cambia todo de un día para otro, nadie quiere mojarse mucho. Pese a eso, parece que casi todo el mundo está de acuerdo en que el euro peligra, y que para salvarlo hace falta un poco menos de austeridad y un poco más de liderazgo por parte de Alemania (no faltan planes más detallados).

Soros cree que la desapareción del euro sería terrible para todo el mundo, Alemania incluida, tanto por el dinero que sus bancos tienen prestado por ahí como por el daño que haría a su capacidad de exportar, y que por lo tanto al final hará lo necesario para salvar la situación.

El miedo es que puede que haga lo justo y necesario para ir tirando sin más, lo que empeoraría la diferencia entre los países competitivos que tiran del carro y el resto, agobiados por las deudas, incapaces de reformar su economía y necesitados constantemente de ayuda económica.

Y ahí andamos.

Aparcar en Marte (II)

June 18, 2012

Decíamos, ejem, ayer

La herencia Viking

¿Cómo se aterriza en Marte? JPL nos lo resume en un minuto. A grandes rasgos, paracaídas y luego airbag o cohetes:

El vídeo viene del canal de JPL en Youtube, que tiene un poco de todo, incluyendo explicaciones de cómo se planean las misiones, detalles técnicos, resúmenes de los datos que mandan las sondas o un homenaje a Ray Bradbury.

La NASA empieza a plantearse enviar cosas a Marte en 1968, en el programa Voyager, que se reconvertiría posteriormente en el programa Viking. En 1975 salen dos cohetes, cada uno con dos módulos: uno que quedaría en órbita, otro que bajaría al planeta. El diseño sigue el segundo método en el vídeo anterior, es decir, paracaídas primero, cohetes para acabar de frenar. Frente a lo que podría pensarse, el paracaídas supuso la mayor dificultad.

Los paracaídas

Cuando un fluido, léase el aire o el agua, se mueve despacito se comporta como uno espera. Por ejemplo, si tenemos una cantidad de aire determinada pasando por un tubo, y tapamos la mitad del tubo, de forma que tenga que salir la misma cantidad de aire, el aire tendrá que pasar más rápido.

Cuando un fluido, léase el aire (es complicado acelerar tanto un líquido) va muy muy rápido, más rápido que la velocidad del sonido, empieza a hacer cosas raras. Por ejemplo, si llega a una estrechez en un tubo, frena. Si llega a una apertura, acelera. La densidad puede cambiar. Aparecen ondas de choque, cambios de presión. Cosas muy feas.

Cuando algo, pongamos un avión o una nave espacial, se mueve a velocidad supersónica dentro de un fluido, los problemas son básicamente los mismos: el fluido que le rodea hace cosas muy raras.

Como hemos comentado, la atmósfera marciana frena poco y mal, así que los paracaídas de los Viking tenían que abrirse cuando la velocidad era supersónica. Nadie tenía mucha idea de cómo se iba a comportar un paracaídas en esas condiciones, dado que no es un problema al que se enfrenten habitualmente los fabricantes de paracaídas. La opción de volar hasta Marte para probar el método que se usa para aterrizar en Marte, aunque sin duda la más directa, no parecía muy astuta; todo el mundo prefería hacer los experimentos en la Tierra y ahorrarse el viaje espacial.

Carl Sagan junto a un modelo del Viking. Dejar semejante bicho en el suelo marciano sin estrellarlo en el proceso no sólo parece difícil, sino que lo es.

La solución: las condiciones atmosféricas al entrar en Marte no son excesivamente diferentes de las que hay en la atmósfera terrestre a unos 40 km de altitud, que por dar referencias es unas cuatro veces la altitud a la que vuela un 747. Es decir, se pueden hacer experimentos, pero no es una cosa trivial.

El primer resultado: experimentos seleccionando el mejor paracaídas y validando su rendimiento, con sus 140 páginas de informe.

El segundo resultado: una factura muy millonaria.

El tercer resultado: la herencia Viking, sección paracaídas. Dado lo que había costado la broma, se decide usar el mismo diseño en todas las misiones futuras.

Efectivamente, la nueva filigrana camino de Marte desplegará un paracaídas diseñado según un patrón de los años 60.

Estirando los límites

Los experimentos se hicieron con visión de futuro, así que cubrían condiciones bastante más extremas que las del Viking, lo que daba bastante margen para el diseño de futuras misiones. Con el tiempo se necesitaron paracaídas más grandes, que se abrían un poco antes (es decir, con la nave cayendo a más velocidad) y tenían que hacer frente a más presión. Poco a poco el margen fue desapareciendo. El Mars Science Laboratory está, así a ojo, en el límite de lo que pueden dar de sí los paracaídas del Viking. En estos casos, siempre viene bien tener un poco de seguridad extra. Ahí entran en juego las simulaciones, por ejemplo las que hace el español Carlos Pantano en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign.

Las simulaciones de un paracaídas supersónico son, a varios niveles, un infierno. El comportamiento del fluido es un horror. El material es muy blando, se mueve mucho, se toca a sí mismo varias veces. Hay que simular todo el proceso, no sólo una parte. Hay que repetir la simulación varias veces cambiando ligeramente las condiciones, por si el paracaídas sale un poco torcido. No basta por tanto con meter numeritos en el ordenador, esperar a que el ordenador haga muchas cuentas, ver los numeritos que salen y pintarlos en grafiquitas de muchos colores. Primero, hay que estar seguro de que no se ha cometido ninguna cagada en el modelo, que es generalmente la parte más complicada. Para eso se estudian casos de los que ya se sepa la solución: si el modelo da lo mismo, vamos bien; si no, malamente.

Simulación con paracaídas supersónico. Al final todo se queda en un dibujito con muchos colorines.

Una vez hay confianza en el modelo, entonces se puede empezar a usar para predecir casos nuevos. Hay que reconocer que, incluso así, muchas veces se sigue desconfiando de las simulaciones (¿y si ha funcionado para el caso anterior, pero no para este?), y los resultados se usan muchas veces de forma orientativa, de forma que a la hora de la verdad hay que pasar por el aro de los experimentos. Por eso es muy probable que, si algún día aterriza en Marte algo mucho más grande que el MSL, haya hecho falta una nueva serie de experimentos para validar los correspondientes paracaídas.

Todo esto se resume con una de las máximas que rigen el mundo de la ciencia, y que dice más o menos así: las simulaciones se las cree sólo el que las hace, los experimentos se los cree todo el mundo menos el que los hace.

París (II)

June 16, 2012

En el RER-B, una especie de tren de cercanías, volviendo a casa del trabajo.

Un grupo de chavales se sube al tren cual invasión de hunos. Tienen, así a ojo, unos veinte años. Se dividen en dos grupos, uno en cada extremo del vagón, y se ponen a cantar canciones sobre temas tan inmortales como el queso, o agradecimientos al conductor por arrancar tras una parada larga. Primero canta un grupo, luego el otro le responde, luego siguen los dos juntos.

El viaje dura una media hora. Son, pasada la novedad, un coñazo.

Pew – Trabajadores y corruptos

June 13, 2012

El Pew Research Center, un think tank americano, tiene en marcha desde 2001 su Global Attitudes Project, dedicado a realizar encuestas a nivel internacional. Ofrecen los datos obtenidos en las encuestas a palo seco, pero también publican artículos con los resultados, incluyendo tablas y gráficas que son bastante más agradables de leer que un chorro de números.

Hace unos días han publicado uno de esos informes, en este caso con información sobre cómo los países europeos se ven a sí mismos, a los demás, y a la Unión Europea. Es larguísimo, minucioso y no tiene desperdicio, pese a que los titulares sean los esperados.

Sorpresa: la gente, en general, no está contenta, sino más bien lo contrario.

Otra sorpresa: Grecia y Alemania están, básicamente, en polos opuestos para casi todo.

Como muestra, un botón: ¿cómo nos vemos unos a otros?

Tras el brote de alegría nacionalista al ver que nadie nos considera los más flojos (damos desde aquí las gracias a Grecia por llevarse el premio), destacan varias cosas:

  • Todo el mundo considera que los alemanes son los más trabajadores, menos los griegos, que creen que son ellos.
  • Ningún país se considera el menos trabajador. Grecia gana por goleada, seguida de Italia y Rumanía.
  • Todos los países en situación económica precaria (por decirle algo) se consideran a sí mismos los más corruptos.
  • Unanimidad absoluta en que los alemanes son los menos corruptos.

¿Quién tiene razón? Pues no está claro.

Partamos del consenso: quitando los países relativamente pequeños (Suecia u Holanda, por ejemplo), el país europeo menos corrupto es, efectivamente, Alemania, en el puesto 14 a nivel mundial con una puntuación de 8.0, al menos según el Índice de Percepción de Corrupción de Transparency International. Por el otro lado, España está en el puesto 31 con 6.2 puntos, Polonia en el 41, República Checa en el 57, Italia en el 69 y Grecia en el 80, con una puntuación de 3.4, un suspenso claro.

Así que gana Grecia, que acertó en los dos.

¿Y los más trabajadores? Aquí el problema es definir más trabajador. Si miramos las horas de trabajo, según la BBC resulta que vuelven a ganar los griegos:

Primera advertencia: la fuente es la Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD), que incluye a 34 países, todos ellos relativamente desarrollados. Países fundamentales para la economía global, como India o China, están fuera.

Lo segundo y más importante es que trabajar más horas no significa trabajar más ni, sobre todo, mejor. Volvemos a la cantinela de la productividad. ¿Cómo se mide? Una manera estándar es con el PIB por hora trabajada en el país, es decir, la media de cuánta riqueza produce una de hora de trabajo. Quitando de nuevo a países relativamente pequeños como Luxemburgo o Bélgica, tenemos a Francia en el sexto puesto y a Alemania en el octavo, mientras que España, Italia, Grecia y Rumanía ocupan los puestos 17, 20, 24 y 38. Hay que tener en cuenta que los números son de 2009; puede ser que a día de hoy las diferencias sean aún mayores.

Una amiga, americana viviendo en Europa, me decía que no entendía cómo la gente prefiere pensar que su país está en crisis por culpa de la corrupción, y no porque la gente no trabaja lo suficiente. La respuesta es sencilla: si el país está en la ruina porque somos flojos, nos lo merecemos; si estamos en la ruina por la corrupción de los de arriba (políticos, banqueros y demás gente de mal vivir), mientras que los demás trabajamos mucho, entonces no nos lo merecemos.

Mi amiga, que es muchas cosas pero no tonta, me dijo que eso ya lo entendía, que lo que no entendía es cómo la gente puede pensar que un país puede ser corrupto sólo por arriba, como si fuera un cuento de hadas donde el malvado rey tiene unos súbditos que son todos muy sufridos y más buenos que el pan. Ahí ya no supe que decirle.

Rescatados

June 11, 2012

¿Original?

No.

¿Relevante?

Una mijita.

Qué pena no saber de economía (saber de verdad, con seguridad y apostura), y tenerte que fiar (o no) de las mil versiones que circulan, cada una de su padre y de su madre. Me imagino que con el tiempo las cosas estarán más claras, la relación ruido/señal mejorará un poco y comprenderemos (o no), por ejemplo, por qué tras el rescate subió la bolsa pero no bajó la prima de riesgo, pero desde luego no va a ser hoy. Hoy toca confusión y cacofonía.

Mientras tanto, Nadal ha ganado su séptimo Roland Garros y la selección ha empatado con Italia con un Torres que genera peligro pero no define. Habrá a quién le parezca frívolo preocuparse por los deportes hoy día, pero tampoco es tan raro: por mucho mito que exista al respecto, cualquiera puede entender cómo funciona lo del fuera de juego.