Los Corleone y las presidenciales en México

Nueva York, 1945. A Don Vito Corleone no le gusta el negocio de la droga. Una cosa es el juego, la prostitución, el alcohol, la extorsión, hasta un asesinato de vez en cuando; sin embargo, cree que el narcotráfico acabará por destruir a las Familias. El Turco Sollozzo, en cambio, cree que la heroína es el futuro, y quiere que Don Vito le ayude a hacer que el negocio prospere de verdad. Esta tensión pone en marcha la historia. Y sin embargo, ambos llevan razón: las drogas van a a ser el futuro del crimen organizado, pero también harán que la mafia en Estados Unidos deje de ser lo que fue, un negocio dominado por italianos, irlandeses (Road to Perdition) y judíos (el padre de Toby Ziegler en The West Wing)

En una reunión con los jefes de las Cinco Familias, así como representantes de otras partes de Estados Unidos (en el libro se menciona que no invitan a nadie de Chicago, porque son unos salvajes), Don Vito accede a prestar su apoyo político. Alguien dice que hay que llevar la droga como un negocio respetable: no se vende en los colegios, ni a los niños. Se sugiere vendérsela a la gente de color, que son animales de por sí. Esta es también la reunión en la que Don Vito jura, por el alma de sus nietos, que no tomará represalias por la muerte de Santino. Es la reunión en la que Michael, exiliado en Sicilia y viudo reciente, no jura nada.

Esa gente de color que se señala como compradores preferentes pasan pronto al otro lado del negocio, primero como peones, luego en posiciones de poder. En American Gangster, de Ridley Scott, se menciona como en los años 70 la policía no se podía esperar que un negro fuera la cabeza de una red de narcotráfico. En la conocida como epidemia del crack, entre 1984 y 1993, la droga se asocia ya sin dudarlo a bandas negras y a niveles de violencia urbana nunca vistos hasta la fecha. Es en este contexto en el que se desarrolla The Wire: bandas luchando por el control de la venta en las ciudades, y mafias extranjeras encargándose de la importación.

De esas mafias extranjeras hoy se llevan la palma, con diferencia, los llamados cárteles mexicanos, aunque como dice Arturo Sarukhán, embajador de México en Washington, no son cárteles, y ojalá que lo fueran, porque así al menos habría mucha menos violencia. En Traffic se veían sus problemas para meter droga en Estados Unidos, mientras que otra magnífica serie, Breaking Bad, se centra en el nuevo producto estrella, la metanfetamina: fácil de sintetizar y terriblemente adictiva, su producción es hoy día una empresa multinacional, con los ingredientes llegando de un país, los laboratorios en otro, y el contrabando a Estados Unidos pasando por México.

La primera espada del narcotráfico mexicano es Joaquín Guzmán Loera, El Chapo Guzmán, líder del cártel de Sinaloa y número uno de la nada oficial lista de Los más buscados del mundo de la revista Forbes, dudoso honor conseguido tras la muerte del anterior número uno, Bin Laden. El New York Times publicó hace poco un artículo explicando el negocio de los cárteles, centrándose en cómo El Chapo ha conseguido convertirse en el líder del sector. La cosa es fascinante, especialmente en lo que respecta a los métodos usados para el contrabando: desde aviones a submarinos desechables, desde catapultas para lanzar la droga sobre los nuevos muros de supuesta alta seguridad a túneles pasando justo debajo de la frontera. El artículo describe un negocio que funciona con la misma eficiencia que una multinacional de las que cotizan en bolsa, con la dificultad añadida de que las OPAs hostiles son hostiles de verdad.

La respuesta a los cárteles es la llamada guerra contra la droga, dirigida por Estados Unidos y con la participación de otros países, fundamentalmente México. La guerra en cuestión está yendo entre mal y muy mal. El último ejemplo es el escándalo de la operación Fast and furious (sí, como esa cumbre del cine), en la que se entregaban armas a los narcotraficantes con la esperanza de averiguar de dónde sacaban las otras armas. Al parecer, una de esas armas ha sido usada para matar a Jaime Zapata, agente americano asesinado por Los Zetas. La cosa ha acabado con el Congreso declarando en desacato al fiscal general. Lo dicho, un horror. Y es que, como decían en The Wire, ni siquiera se le debería llamar guerra, porque las guerras terminan.

Pero si la cosa le está sentando mal a Obama (lo mismo que a sus predecesores, que tuvieron un éxito similar), la cosa en México es mucho peor, básicamente porque es allí donde se pegan los tiros, y ha sido una de las principales causa de desgaste de Felipe Calderón. Intentó pegar un golpe de efecto justo antes de las recientes elecciones con el arresto del hijo de El Chapo, pero al final resultó que no era él, sino uno que pasaba por allí. Finalmente la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, ha quedado tercera, y el ganador ha sido Enrique Peña Nieto, del PRI. Al menos, por ahora: Andrés Manuel López Obrador, del PRD, ha anunciado que impugnará las elecciones. Ya ocurrió en las de 2006, donde perdió ante Calderón por apenas 0.5% del voto popular. Esta vez la diferencia es del 7%, así que aunque nunca se sabe, no tiene pinta de que vaya a cambiar el resultado.

Francamente, no estoy lo bastante informado para poder opinar sobre qué candidato tiene mejor pinta, y menos ahora que lo mismo lees a gente poniéndose de ejemplo de fraude como a gente diciendo que todo fue estupendamente. Sólo sé que, antes de las elecciones, mis amigos mexicanos se dividían entre los que iban con López Obrador, los que iban con López Obrador como mal menor, y los que no iban con ninguno y querían pegarle fuego a todo, que viene a ser algo así como debatirse entre el ser, la nada y la nada con dientes afilados y cara de pocos amigos tirando a ninguno.

No sé de qué me suena

5 Responses to “Los Corleone y las presidenciales en México”

  1. Lenteja Says:

    Me encanta cuando hablas de The Wire y asuntos relativos a la serie. Reconozco con vergüenza que se me atragantó el primer capítulo y no volví a intentarlo porque no pillaba algunas cosas que decían y me frustraba mucho, pero la verdad es que ahora estoy con Mad Men y no me importa tanto no entender a veces algunos temas relacionados con la sociedad americana.

    Tuve un novio mexicano que era muy excéptico con los políticos de su país y me ha quedado aquello cada vez que sale alguna nueva opción de presidente. Siempre pienso que depende todo tanto de lo que decidan en EEUU que me hace sentir impotente.

    No he podido evitar comparar los métodos de contrabando que describes con obras de ingeniería. : S

  2. FLJ Says:

    Creo que hasta el tercer episodio no empecé a enterarme bien de cómo iba The Wire (quién era quién, qué estaban haciendo, esas cosas). Me gustaba lo que veía, pero se me quedaba un poco cara de vaca mirando pasar el tren. Conviene acercarse con algo de paciencia.

  3. Lenteja Says:

    Gracias, es un alivio que me lo digas. La retomaré pues.

    (Y disculpa la falta de ortografía del post anterior. Glup!)

  4. Lenteja Says:

    Te hice caso con lo de pasar del tercer capítulo y he tenido un vicio muy malo todo el verano con la serie. No es difícil de seguir aunque hay que estar atento y si ves un capítulo repetido lo entiendes mejor.

    Me ha gustado mucho, aunque la cuarta temporada se me ha hecho más pesada, la que tiene que ver con el sistema educativo. Y eso que moralmente, digamos, es la más importante. Lo concerniente al alcalde y todo el politiqueo es un poco rollo, tal vez por lo manido del asunto.

    Eso, que gracias.

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