Archive for August, 2012

The Eagle has landed

August 27, 2012

De vez en cuando pasa algo que une a la humanidad, aunque sea momentaneamente. Suele ser una tragedia, ya sea un atentado, una catástrofe de la naturaleza, o un accidente. Muy de vez en cuando es por un motivo más alegre.

El 20 de julio de 1969, tras tres días de viaje, Neil Armstrong pilotó el Módulo Lunar del Apollo 11 hasta el Mar de la Tranquilidad, se puso el traje, salió de la nave, y puso el pie en el suelo de la Luna.

Y así sin más, la humanidad había logrado vencer a la gravedad, salir de la órbita terrestre y caminar sobre otro cuerpo celeste.

Hace ya cinco años fui con varios compañeros de clase, todos flipados del tema espacial, a ver In the Shadow of the Moon, un documental que cuenta la historia del programa Apollo a base de entrevistas con diez de los astronautas que la pisaron o que, en el caso de Jim Lovell en el Apollo 13, debieron haberla pisado. Hablan del accidente que costó la vida a tres astronautas, del entrenamiento, de cómo se sintieron al librarse de servir en Vietnam, de la responsabilidad, del orgullo, de lo que supone la Luna para ellos, de su experiencia. Una maravilla de película.

Hay varios momentos que me pusieron los pelos como para colgar un cuadro…

También hablan mucho de Neil Armstrong, que como era normal en él, no aparece. Cuentan la historia que quizás le define mejor, la del  día en que tras salvarse de morir en un accidente por apenas segundos, eyectándose de un prototipo a punto de explotar, se fue directamente a la oficina, porque tenía que acabar el papeleo. Hablan de su sangre fría, de su calma, de cómo era la opción perfecta para ser el primer hombre en la Luna, y de cómo su decisión de prácticamente desaparecer de la vida pública ayudó a darle un aire de misterio. Un héroe de leyenda que se retira cuando su misión ha acabado.

El documental está en Youtube partido en diez partes, la primera aquí:

Armstrong ha muerto en una época en la que Estados Unidos no tiene forma de enviar astronautas al espacio, en la que ningún país tiene los medios para sacarlos de la órbita terrestre, y en la que no parece que las cosas vayan a cambiar mucho próximamente.

Lo de explorar el espacio con sondas y robots está muy bien, y prueba de ello es la polvadera mediática que ha levantado Curiosity, pero sigue sin compararse con lo que supone un programa espacial tripulado. No es una discusión sobre la cantidad o calidad de la ciencia que se consigue, sino con su capacidad para inspirarnos: la gran mayoría de la gente de la NASA que conozco cuentan que si están ahí es en gran parte por haber visto el programa Apollo en televisión cuando eran niños, que crecer en ese ambiente hizo que la decisión fuera obvia.

Me cuesta imaginar lo que supuso en su día el ver como una persona caminaba sobre un mundo nuevo, la culminación de uno de los proyectos más ambiciosos y gloriosos en la historia de la humanidad.

Y como bien muestra xkcd, llevamos demasiado tiempo sin hacerlo:

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Inacabado

August 24, 2012

– Pero a ver que yo lo entienda, ¿cómo se ha metido en este berenjenal?

– Pues mire usted, yo estaba viendo que la cosa estaba cada vez más estropeada, y que alguien tenía que arreglarlo.

– Quizás alguien cualificado hubiera sido mejor, ¿no cree?

– Bueno, yo ya ayudé a arreglarlo una vez, y pensé que esto iba a ser poco más o menos lo mismo, pero no sé, quizás aquella vez era una cosa menos delicada…

– ¿Y no había nadie responsable para ponerle freno? ¿Alguien con un poco de criterio?

– Oiga, que no he actuado a escondidas, que las autoridades pertinentes sabían perfectamente lo que estaba haciendo.

– ¿Y no le han dicho nada?

– Al contrario, si todo lo que he hecho es porque me lo han pedido.

– Pues lo han dejado que es para verlo, francamente…

– Oiga, pero es que no hemos acabado.

– Claro, ahora nos va a contar que con un poco más de tiempo iba a quedar como nuevo, ¿no? Diga la verdad, hace tiempo que se dio cuenta de que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, pero ya era tarde para parar.

– ¡No es eso! ¡No está acabado! ¡No se puede juzgar aún!

– Pues nada, para usted la perra gorda, señor Rajoy.

 

Se le está poniendo cara de prima de riesgo.

 

 

Puntos experimentales

August 22, 2012

Hotel en Graz, Austria. La llave de la habitación viene con un llavero que podría ser usado como rueda de molino. La recepcionista sugiere que la deje en recepción, que está siempre abierta, así que eso hago.

Voy a cenar a un restaurante griego, con españoles trabajando en Graz y un griego que viene conmigo desde París, y que identifica a la camarera del restaurante, por el acento, como griega de segunda generación, es decir, nacida ya en Austria.

A la hora de pagar viene, como es normal, con un recibo para toda la mesa. Le explicamos que a los dos que venimos para el congreso nos hace falta una factura individualizada, para que nos devuelvan los gastos. Nos dice que sin problema, que paguemos juntos pero que ahora nos hace facturas para cada uno. Añade que, si queremos, puede poner más de lo que pagamos.

Recordemos que no nos conoce de nada, y que no debería tener especial interés en lograr que estafemos unos pocos euros con los reembolsos.

Vuelvo al hotel y pido la llave de la habitación 216. Me la dan sin más, sin preguntarme siquiera el nombre. Dentro de mí una voz, heredera del Lazarillo y del tito Vázquez, se pone a gritar como una loca: “¡pero si es otra recepcionista! ¡si no te conoce! ¡le dan la llave a cualquiera aquí o qué! ¡que tienes el ordenador arriba!”. Al menos no sugiere que pida llaves ajenas…

Cuando se lo comento a mi colega, el que trabaja allí, dice que ni siquiera se les pasa por la cabeza que puedas intentar robar. Que si te vas de una tienda sin pagar algo, probablemente su primera hipótesis es que se te ha olvidado.

Está feo generalizar con dos puntos experimentales, así que no lo voy a hacer.

Pero bueno, ahí quedan los dos puntos experimentales, por si alguien anda juntando.

Desolación

August 17, 2012

Jueves 16 de agosto.

Laboratorio en una escuela de ingeniería francesa. Tras un puente de tres días, un grupo de intrépidos investigadores decide reincorporarse al trabajo, en vez de decir aquello de donde caben tres, caben cinco. A la hora de la comida se dirigen, con poca esperanza, hacia el comedor (el restaurante más cercano está a una hora a pata). El comedor está efectivamente cerrado, pero hay alguien repartiendo bolsas con una especie de picnic por tres euros. Una primera mirada a la bolsa indica que el picnic va a ser tirando a austero. Los intrépridos investigadores deciden irse a comer sentados sobre la hierba, al lado del lago.

Ya que la comida va a ser mala, al menos disfrutar del solecito.

La bolsa contiene una ensalada y una lata, con dos combinaciones posibles: ensalada de arroz con atún y lata de paté, o ensalada mexicana con atún y lata de atún. Sí, más atún, que se ve que es muy sano.

Al intrépido investigador español le toca la segunda opción.

También hay una botella de agua, una pieza de pan (que no es del día, y que no está claro que sea de la semana), un pastelito y un postre de crema de chocolate.

Al intrépido investigador español no le gusta el chocolate.

El intrépido investigador español decide que al día siguiente no le va a pasar lo mismo, y que va a venir mucho mejor preparado.

Jueves 17 de agosto.

Laboratorio en una escuela de ingeniería francesa. El intrépido investigador español viene preparado con ensalada, embutido (que para algo acaba de volver de España), pan y fruta. Visto el patio, se podría haber traído también una pelota de voleibol para charlar con ella: si el laboratorio tuviera más mugre parecería el decorado de una película post-apocalíptica.

El intrépido investigador español cree haber oído pasos en el pasillo, pero le da miedo mirar por si es un zombi.

Aunque la comida es mucho más satisfactoria que la del día anterior, para el año que viene el intrépido investigador ha decidido optar por una filosofía alternativa para resolver el problema del cierre del comedor.

Donde caben tres caben cinco, vaya que si caben.

Nota: Sí, dice la RAE que voleibol se escribe así. Ya, yo me he quedado igual.