Puntos experimentales

Hotel en Graz, Austria. La llave de la habitación viene con un llavero que podría ser usado como rueda de molino. La recepcionista sugiere que la deje en recepción, que está siempre abierta, así que eso hago.

Voy a cenar a un restaurante griego, con españoles trabajando en Graz y un griego que viene conmigo desde París, y que identifica a la camarera del restaurante, por el acento, como griega de segunda generación, es decir, nacida ya en Austria.

A la hora de pagar viene, como es normal, con un recibo para toda la mesa. Le explicamos que a los dos que venimos para el congreso nos hace falta una factura individualizada, para que nos devuelvan los gastos. Nos dice que sin problema, que paguemos juntos pero que ahora nos hace facturas para cada uno. Añade que, si queremos, puede poner más de lo que pagamos.

Recordemos que no nos conoce de nada, y que no debería tener especial interés en lograr que estafemos unos pocos euros con los reembolsos.

Vuelvo al hotel y pido la llave de la habitación 216. Me la dan sin más, sin preguntarme siquiera el nombre. Dentro de mí una voz, heredera del Lazarillo y del tito Vázquez, se pone a gritar como una loca: “¡pero si es otra recepcionista! ¡si no te conoce! ¡le dan la llave a cualquiera aquí o qué! ¡que tienes el ordenador arriba!”. Al menos no sugiere que pida llaves ajenas…

Cuando se lo comento a mi colega, el que trabaja allí, dice que ni siquiera se les pasa por la cabeza que puedas intentar robar. Que si te vas de una tienda sin pagar algo, probablemente su primera hipótesis es que se te ha olvidado.

Está feo generalizar con dos puntos experimentales, así que no lo voy a hacer.

Pero bueno, ahí quedan los dos puntos experimentales, por si alguien anda juntando.

2 Responses to “Puntos experimentales”

  1. Kalitro Says:

    Igual a la camarera ya le han dicho una o dos (mil) veces lo de engrosar la factura y ya lo ofrece ella proactivamente. Lo cuál sería muy curioso, claro.

  2. Lenteja Says:

    Recuerdo una chica alemana que vino a estudiar aquí un año. Cuando salíamos se fijó en que cada vez que me daban las vueltas al comprar algo echaba un ojo a lo que me habían devuelto antes de guardarlo en el monedero, y una vez me miró con cara rara y me dijo que por qué hacía eso, como recriminándome que fuera desconfiada. No le respondí nada por el desconcierto y todavía no sé muy bien qué pensar.

    Lo que comentas del hotel a mí también me paso hace poco en Barcelona, en uno pequeño (quise pensar que fue por esto que el nuevo recepcionista tenía una descripción del anterior de la clientela, tal vez sea un poco iluso por mi parte).

    La culpa no es de Lazarillo, es de Watchmen.😛

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: