Sobres

Los niños vienen en cigüeña, y las pagas extra, por lo que se ve, en sobres cerrados. No todas: ya nos quedó claro que las de los funcionarios eran un gasto superfluo, innecesario, irresponsable casi.

Entre cinco y quince mil euros al mes. Entre sesenta y ciento ochenta mil al año. Entre diez y treinta millones de pesetas, para entendernos. Seamos concisos: mucho dinero.

Y sin embargo el problema no es la cantidad de dinero, ni que fuera dinero B (que ahora resulta que no es una letra, sino un color). Sí, querríamos que nuestros dirigentes fueran gente de bien, honrados, cumplidores no sólo con la letra sino con el espíritu de la ley, pero eso, aparte de una batalla casi perdida, es en este caso insignificante comparado con el daño que los sobres pueden haberle hecho al país.

¿De dónde venía el dinero? ¿A cambio de qué se entregó (porque nadie se cree que en España alguien vaya a soltarle una cantidad importante de dinero a un partido “por lo majos que son”)? ¿Qué nos ha costado a los españoles el sobresueldo de unos pocos? ¿Cuántas obras innecesarias han sido puestas en marcha? ¿Cuántas empresas se han privatizado a precio de saldo? ¿Cuántos servicios públicos se han contratado no con la empresa que ofrecía el mejor servicio al mejor precio, sino la mejor comisión? ¿Cuántos aeropuertos sin aviones, estaciones de AVE sin pasajeros y hospitales sin pacientes iban dentro de esos sobres?

¿Cuánto queda para que los españoles prefiramos que los políticos se suban el sueldo ciento ochenta mil euros al año a cambio de que al menos no arruinen al país? Robadnos, pero al menos no nos jodáis la vida.

Preocupante es también la timidez de Rubalcaba, no sabemos si porque sigue sin verlas venir o porque lo que ve venir es que la misma mierda le puede saltar en su partido el día menos pensado; la tibieza de los dirigentes del PP, en espera de que la tormenta se disipe sola; el silencio de CiU, que bastante tiene con lo suyo; la respuesta de IU y los sindicatos, que imagino que aún están recuperándose de su participación en el pastel de las cajas de ahorro. Preocupante es que sospechemos que la excepción no confirma la regla, sino que lo que debería ser excepción se ha convertido en regla.

En los países serios el debate político se centra ahora en el papel del Estado. Hay quien dice que el Estado debe proteger a los ciudadanos, fomentar la igualdad, mantener unos servicios públicos fuertes, mientras que hay quien dice que el Estado lo único tiene que hacer es ofrecer un marco legal serio, una serie de servicios mínimos, y que la empresa privada y las leyes del mercado están capacitadas para encargarse del resto de forma eficiente y competitiva.

Mientras en otras partes se discute cuánto de cada modelo conviene aplicar, aquí hemos solucionado el problema por la vía rápida. El Estado es incapaz de sostener los servicios públicos, porque se está gastando el dinero en dinamitar el libre mercado. Hospitales cerrados y aulas abarrotadas para pagar rescates a empresas fallidas y obras faraónicas adjudicadas a dedo. Matar lo mejor del socialismo y del capitalismo con la misma bala, y quedarnos con lo peor de cada casa. Algo así como tirar por la vía de enmedio, pero en dirección contraria.

Para que luego digan que en España no innovamos…

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