Presidente Trump (I)

Inspirado por preguntas de amigos:

Sí, ha pasado.

Pese a las cosas con pinta de tentáculo que le salen de la cabeza, Trump no es Cthulhu. La cosa se va a poner fea, pero no necesariamente a nivel de apocalipsis zombie. Dejen los machetes en casa.

Los Republicanos tienen no sólo la Casa Blanca, sino el Congreso y el Senado. En su mano está controlar a Trump o, movidos por el miedo a ofender al voto que lo ha catapultado a la presidencia, dejarle hacer lo que quiera. Se admiten apuestas.

No está claro que va a ser ese “lo que quiera”, porque el hombre es muy de “estos son mis principios, e independientemente de que te gusten o no, en diez minutos tendré otros”. A lo mejor no es tan fiero el león como lo pintan. Moral nivel Alcoyano.

No, a mí a día de hoy no me afecta: tengo mi visa en regla, soy blanco, hombre, heterosexual, con buen trabajo, y sólo muy ligeramente hispano. Lo que viene siendo un pelotazo. Para un musulmán o una lesbiana negra en la Alabama rural, sin embargo, la cosa puede tener otra pinta.

De hecho lo peor de Trump no es tanto las políticas que va a traer, sino la caterva de descerebrados a los que va a dar alas, paladines de lo que ahora se llama “alt-right”, y que toda la vida de Dios se ha llamado ultra-derecha sexista, racista y filo-nazi.

Sin que esté claro el motivo, las encuestas, a día de hoy, valen lo justo. El error en sí no ha sido muy grande, pero si tenemos varios errores que sistemáticamente van para el mismo lado, hay que replantearse todo un poco.

Los hechos valen poco más o menos lo mismo que las encuestas. Hay que aceptar que vivimos en un clima político post-factual: si el votante se siente inseguro, ya te puedes desvivir a enseñarle estadísticas que demuestran que el crimen está más bajo que nunca, que ya se encargará alguien de explotar ese miedo.

El fenómeno Trump es desconcertante, pero no inexplicable: es el mismo voto detrás del Brexit, de Le Pen, de la ultra derecha en Alemania y Suecia y tantos otros sitios. Es el descontento con el sistema, el miedo al cambio entendido como una forma de vida tradicional que desaparece, una nueva moralidad en claro contraste con aquella con la que se criaron, es una globalización mal vivida y peor entendida. Y ojo: ni mucho meno todos estos votantes son filo-nazis de la “alt-right”, simplemente les pesa más el miedo.

Ligero motivo de orgullo: en España estamos canalizando el descontento de forma más razonable que muchos otros países. Simplificando un poco: prefiero veinte gobiernos de Rivera o Iglesias a uno de Le Pen, Trump o la fauna que se ve por ahí.

Dicho esto, tampoco nos vengamos arriba del todo: habría que ver cómo reaccionaríamos si saliera a la palestra una figura equivalente, o si tuviéramos una distribución racial más parecida a la de Francia o USA.

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