Archive for the ‘Caltech’ Category

Midiendo ondas

March 25, 2011

El departamento de ingeniería civil de Caltech, por aquello de estar en California, se dedica fundamentalmente a lo sísmico: modelos teóricos que usan conceptos de mecánica para entender los terremotos, experimentos que simulan condiciones similares, estudio de la respuesta de un edificio a un terremoto, etc. La tradición viene de viejo: Ritcher y Gutenberg trabajaban aquí cuando desarrollaron la escala que lleva el nombre del primero, allá por 1935. Ahora mismo el departamento está trabajando a destajo analizando los datos que llegan desde Japón. Y es que este es, de lejos, el terremoto de Tohoku es el mejor documentado de la historia.

Los datos que se usan para analizar terremotos vienen de estaciones sísmicas, que a día de hoy, usan GPS para medir el movimiento del suelo en todas direcciones. El problema es que normalmente tampoco hay tantas, y que si el terremoto pilla muy lejos es dificil distinguir la señal del ruido. Del terremoto de Denali (Alaska, 2002), que se considera una de las pruebas más claras de la existencia de terremotos de tipo supershear (básicamente, con una de las ondas propagándose a velocidad supersónica), apenas se sacaron medidas en un par de puntos, más alguna foto legendaria:

Gaseoducto en Alaska después del terremoto de Benali; antes era recto.

La cosa es algo distinta en Japón, especialmente desde que hace unos años se acabara de instalar la red GEONET, que cuenta con más de 1200 puntos de medida. El principal objetivo es analizar los datos en tiempo real, para proporcionar un aviso lo más rápido posible. La cosa funciona más o menos así: si una estación registra una medida que parece un terremoto, el sistema comprueba si el restro de las estaciones empiezan a registrar medidas coherentes (de la misma amplitud, un poco más tarde, etc.). Una vez el sistema decide que se trata de un terremoto, y no de ruido  en el aparato de medida o algún otro error, hace una estimación de la magnitud y del epicentro, y manda la señal de aviso. Por refinado que suene todo eso, el sistema no es capaz de dar más que un par de minutos de margen. Esto no es suficiente para alertar a la población, pero sí para tomar una serie de medidas que evitan que la situación sea mucho peor: cortar la distribución de gas y combustibles, parar trenes y aviones, avisar a los cirujanos de que más les vale sacar el bisturí del paciente… Cosas así, donde dos minutos son clave.

El sistema ha servido también para tener una  cantidad sin precedente de puntos de medida registrando un terremoto. Es la primera vez que se logra ver la onda, avanzando por el país, como muestra el siguiente vídeo, que muestra el desplacamiento horizontal (izquierda) y vertical (derecha) de cada estación con una flecha. La escala puede verse abajo, ampliando el vídeo.

Al principio no hay actividad, salvo algunos puntos sueltos, que son ruido del sistema. De repente, como a los tres segundos, el terremoto empieza, una masa de azul y rojo, que se establece. Al sur puede verse, de forma clarísima, el avance de la onda, hasta el punto de que puede estimarse la longitud de onda. Parte de la deformación se convierte en permanente, lo que evita que se vea bien la réplica, que tiene lugar aproximadamente a los 23 segundos. Para eso está este segundo vídeo, en el que han restado esa deformación, para ver mejor el segundo terremoto:

Nada que ver con el primero, una onda mucho más pequeña que se disipa rápidamente, y eso que un terremoto de 7.9 sigue siendo una cosa seria. Hay que recordar que las escalas de medida (tanto Ritcher como su sucesora, la escala de magnitud de momento) son logarítmicas en base diez, esto es, un punto de distancia implica un factor diez. Así, un terremoto de escala siete tiene diez veces la intensidad de uno de escala seis, cien veces la de uno de escala cinco, etcétera.

El terremoto inicial, de escala 9 (poca broma), fue lo bastante fuerte para activar prácticamente todas las estaciones de Japón, y generar una cantidad de información sin precedentes. Ahora sólo queda ver si puede sacarse algo que sirva para estar mejor preparados para el siguiente. Y ahí andan, procesando datos a destajo.

Advertisements

En el ajo

January 26, 2011

Todos los años Stephen Hawking se pasa un mesecito o así por aquí, para currar con su muy mejor amigo Kip Thorne (el físico con nombre de héroe pulp), y me imagino que para que le dé un poco el sol, que Cambridge no es precisamente el sitio para ponerse morenito. Cada vez que viene da un par de charlas, es decir, la misma charla (que ya le cuesta al hombre preparar una) en dos sesiones, una para alumnos de Caltech y otra abierta el público (para la que se suele formar una cola que da miedo).

El primer año, obviamente, ahí estábamos todos los recién llegados. La cosa decepciona un poco: entre que la máquina habla despacio, que el hombre tiene que ir dándole al botón de “siguiente frase” (imagino que podrían poner todo del tirón, pero que el hombre quiere sentirse parte activa), que a veces hay que reajustarle el sensor que le mide el movimiento del músculo de la mejilla, y que suele rebajar el contenido científico hasta que la cosa queda de lo más descafinada, la cosa tiene más valor por la experiencia de verlo que por la charla en sí. La mayoría de los años da otra charla, exclusiva para el grupo de teoría del departamento de astrofísica, donde sí que explica ciencia a buen nivel, y la gente puede hacerle preguntas (que tarda en responder diez minutos) y demás. Se enteran cuatro, claro.

Este año, al parecer, la charla para el gran público ha estado mejor de lo habitual, porque ha contado cosas de su vida en vez de centrarse en la ciencia, y el hombre además tiene bastante sentido del humor (que ya es mérito); me la he perdido porque teníamos otro simposio liado, que no se puede estar en todo.

Comentando el pobre aspecto que tiene, lo milagroso de su supervivencia (los médicos le dieron tres años de vida hace ya casi cincuenta años) y lo complicado de comunicarse con él (según sus alumnos de doctorado, lo que más falta hace para trabajar con él es paciencia), a alguien se le ocurrió la salvajada: si Hawking hubiera perdido la cabeza hace años, ¿cuánta gente tendría que estar en el ajo para que no se hubiera enterado nadie? Porque, bien mirado, motivos tampoco faltarían:

A los estudiantes de doctorado nuevos los mayores les explicarían la situación: tienes que trabajar por tu cuenta, o con otros profesores, o con el resto de alumnos, y no decirle nada a nadie. Tienes que programar la máquina que le hace hablar, fingir que le entiendes cuando pasa algo raro, hacer como que ajustas el láser que le lee los movimientos. Aparentar normalidad. Te puedes chivar, claro, pero ¿de verdad no quieres un doctorado con Hawking?

Algún profesor de Cambridge estaría enterado, probablemente, pero ¿quién quiere perder al científico más famoso de los últimos cincuenta años, una fuente segura de publicidad y financiación? ¿Quién no va a echarle un capote a sus alumnos por mantener la situación?

La familia y posibles herederos, lo mismo, cuanto más libros saque, a más toca cada uno.

Tendrían que ser no sólo unos mentirosos finísimos, sino unos cabrones de cuidado, pero no creo que tuvieran que ser muchos.

Tardes y fines de semana

August 11, 2010

Esta carta estaba clavada en un tablón de anuncios en el departamento de KTH donde hice mi proyecto fin de carrera, con una nota manuscrita que decía algo así como “para que no os quejéis”. Por aquel entonces no tenía ni idea de que venía del sitio en el que iba a acabar yo. La recupero ahora vía Boing Boing:

Su esclavismo, gracias.

Lo peor es que en ninguno momento de la carta se menciona si el tal Guido rinde o no. Que si fuera “no avanzas nada, no produces, echa más horas”, pues bien está. La locura es que tenga que ser por sistema.

Me alegra poder decir que en mi departamento las cosas son mucho más humanas, menos un pirado que a estas alturas sólo tiene un alumno (con el que comparto despacho, para más señas; qué historias cuenta, la criaturita…), porque la gente lo evita como la peste.

Por lo que he oído, el departamento de química orgánica sigue siendo un poco así, y no sólo aquí sino en todas partes: de siete a once, seis días a la semana, dos semanas de vacaciones al año.

Las otras once, se entiende.

Y con tu jefe controlándolo, y llamándote la atención si ves que por sistema te vas a casa después de cenar.

El horror, vaya.

Que una cosa es que uno eche las mismas horas por gusto, o porque el proyecto no anda, o por ambición personal, o lo que sea (que suele ser el caso al final), pero exigirlo con amenazas…

Reflexiones sobre el penoso estado (a nivel humano) de la investigación en química, junto a otro par de cartas de similar calibre, en Chemistry Blog.

PD: El esclavista ya no anda por aquí, pero es profesor en ETH, que tampoco es mal sitio.

James Cameron en Caltech

April 30, 2010

No sé a cuento muy bien de qué el martes tuvimos a James Cameron participando en una charla en el campus (y el martes que viene otra). En este caso se trataba de una mesa redonda, con cuatro científicos (tres profesores, uno de ellos miembro de JPL, y un astrofísico del centro Spitzer), para comentar la ciencia detrás de Avatar, todo bajo el título ¿Es Pandora posible?.

Hay que ser sincero: ante semejante presentación, uno se espera lo peor. La rigurosidad de Iker Jiménez, por lo menos.

Tengo que reconocer que la cosa estuvo mucho mejor de lo que me temía. En primer lugar, Cameron no es un científico, pero tampoco es tonto. Se ha pasado años rodando documentales sobre el fondo del mar, y coincidió que uno de los profesores es un apasionado del tema, y ahí estuvieron charlando un rato, muy sesudamente. En segundo lugar, se ve que le han dado muchas vueltas a Avatar, con mucha gente entendida de ciencia aconsejando (lo cual no quiere decir que haya ciencia detrás, pero al menos han puesto interés y cuidado).  Y por último, y con diferencia lo más importante, no intentó vendernos la moto, sino que reconoció repetidas veces que el proceso seguido durante la película fue ingeniería inversa: partiendo de una imagen o idea interesante, había que buscar una base más o menos científica para la misma, lo que según parece para él es importante, pero siempre teniendo en mente que lo importante es que la película salga bien, sea realista o no.

Así, Pandora es una luna para que quedara claro desde el principio que era distinta de la Tierra (porque vistos desde el espacio son dos planetas relativamente parecidos, con su verde y sus nubes y sus océanos). Una vez planeada la imagen de una nave llegando a la luna de un gigante gaseoso, se empiezan a generar ideas para aportarle solidez.

Sobre la naturaleza del unobtainium, Cameron dijo que ellos siempre han pensado en él como un superconductor a temperatura ambiente, lo que explicaría por qué es tan valioso, y por qué hay tanto magnetismo en el planeta. De nuevo, esto es sólo un McGuffin para que un grupo de gente, que necesita una cosa, vaya a donde vive otro grupo de gente, que tiene mucho de esa cosa, a partirles la cara, que es lo que la humanidad lleva haciendo los últimos… desde siempre, vaya.

El magnetismo extremo en Pandora justifica que tenga que usarse maquinaria bastante obsoleta, y que él se la imagina como reliquia de una guerra pasada, en la que se prescindió de la electrónica como defensa ante armas basadas en impulsos electromagnéticos y cosas así, y que ahora es útil de nuevo para explorar Pandora. Todo esto parte, simplemente, de la imagen de gente saltando desde un helicóptero, en mitad de la jungla, que intenta evocar la Guerra de Vietnam.

La capacidad como superconductor del  unobtainium también serviría para explicar las rocas flotantes: levitación magnética, que normalmente sólo ocurre a temperaturas bajísimas, como en la foto, pero claro, si el mineral es superconductor a temperatura ambiente… Dijo que luego hicieron números y que el campo magnético necesario para levantar semejantes rocas sería capaz de sacarle a uno el hierro de la sangre, pero que tampoco se iban a poner mijitas.

También se habló de biología: necesidad de ventilación especial dado el alto metabolismo, comunicación entre animales, que el azul de los na’vi es un pigmento tipo melanina y no sangre azul, cosas así. En el caso de por qué los na’vi tienen cuatro extremidades mientras el resto de bichos tiene seis, la razón es puramente técnica: los otros brazos tendrían que haber sido animados, y se decidió que era mejor limitarse a las capturas. En un intento de medio justificar el asunto, se incluyó un mono que tiene un brazo acabado en dos antebrazos, una especie de híbrido entre los animales con seis patas y los que tienen cuatro. Poco convincente, pero se aprecia el esfuerzo.

Mientras tanto los profesores aportaban su punto de vista. Es de agradecer que todos vinieran con una actitud bastante lúdica, y que entraran al trapo con facilidad, tanto para aceptar las ideas de Cameron como para sugerir nuevas, basadas en la investigación de cada uno: bacterias como explicación de la luminosidad en los animales, la necesidad de volcanes según las características de Pandora, la idea de que las plantas puedan sentir gracias a haber asimilado el unobtanium… Cada vez que aparecía una idea nueva e interesante, Cameron respondía para la secuela, para la secuela.

Y así pasó una hora y media, entre frikadas varias, chistes a costa de los creacionistas y alabanzas a la ciencia y la curiosidad del hombre. Todos los implicados resultaron ser grandes oradores, Cameron estuvo encantador, y la charla fue muy fluida.

Pandora sigue sin ser posible, pero el tema dio mucho más juego del esperado.

La venganza del Hindenburg

April 8, 2010

Hace un par de semanas, con el final del segundo trimestre, tuvo lugar una de las pequeñas tradiciones de Caltech. Una de las asignaturas del grado (bachelor, que le llaman), llamada “Laboratorio de de diseño de ingeniería” (más conocida por su código, ME 72), tiene como parte fundamental el construir un artefacto mecánico, actuado con radiocontrol, y diseñado para llevar a cabo una tarea. La gracia está en que los diversos diseños participan en una competición, con gran éxito de crítica y público.

Hay reglas que se mantienen cada año, más que nada porque todo sigue siendo una asignatura. Los diseños están limitados en el número de piezas (motores, elementos de radiocontrol, cantidad de material) con lo cual hay que estrujarse la cabeza para lograr un robot versátil y resistente. Todas las piezas han sido fabricadas por los alumnos, lo que lleva su tiempo (doy fe: he estado usando bastante  el taller del departamento de ingeniería mecánica últimamente, y los alumnos estaban ahí TODO el día, TODOS los días, hasta el punto de que era difícil encontrar un torno libre).

Hace dos años la competición era una lucha estilo sumo. El año pasado los robots tenían que recoger bolas que flotaban en un estanque, salir, y llevarlas a un punto en conreto. Este año recibía el nombre Revenge of the Hindenburg, y obviamente involucraba construir un zepelín.

La competición tenía lugar tanto en tierra como en aire, en rondas eliminatorias, uno contra uno. La parte aérea consistía en hacer pasar al zepelín por un de los aros colocados a tal efecto, lo que valía una serie de puntos (nota: no tuve cojones de enterarme de cuánto valía cada cosa), y luego aterrizar en una zona designada, que también valía puntos. Existía la posibilidad de que cuando un grupo acababa antes que el otro usara a su dirigible para impedirle el paso al contrario (lo que estaba permitido; estas cosas son además, para que nos vamos a engañar, la parte más divertida de la competición).

La tarea resultó relativamente fácil, y todos los diseños eran muy parecidos. Las diferencias entre los zepelines eran mínimas, salvo alguna variación en el tamaño, y todos funcionaron bien. Era normal conseguir todos los puntos.

La parte terrestre era más compleja, y era donde de verdad se cortaba el bacalao. El primer paso era recoger una serie de bolas de ping pong, de distinto color (blanco o naranja) para cada equipo. Estaban situadas a dos alturas diferentes, y las más altas valían doble (tenían un 2 escrito).

El mero hecho de recoger bolas, cayendo desde esta altura cada una para su lado, no era nada fácil, y la mayoría acababan por el suelo, especialmente visto el tamaño de los robots (recordemos: el material está limitado), porque siempre tenías al rival empujándote con el suyo cuando intentabas cogerlas (de nuevo, la parte más graciosa de todo, con el público animando siempre que había guantazos).

Una vez recogidas las bolas había dos opciones. Meterlas en el correspondiente agujero en la plataforma de la foto (por una serie de puntos por bola), o lograr subirlas la red, por más puntos. El mero hecho de subir a la plataforma ya tenía su mérito, así que se puede uno imaginar lo de la red. En la foto se ve a un robot empujando a otro dentro del agujero, para evitar que vaya a por más bolas.

Dado que la tarea era más compleja, y que no había un diseño tan claro como en el caso del dirigible, aquí se vieron soluciones de todos los colores. Hubo quien optó por dos robots pequeños, mientras que otros grupos usaron sólo uno grande. Hubo muchos esfuerzos por recoger las pelotas, desde redes a uno parecido a un pequeño recogedor de los de barrer.

Hubo incluso quien, con el material sobrante del zepelín, intentó fabricar un robot vagamente antropomórfico, que no resultó el más estable, como se observa (no muy bien, todo sea dicho) en la foto.

Una de las cosas más curiosas es ver cómo, en breves minutos, todo el mundo se transforma en un comentarista digno del Carrusel Deportivo. Como si llevara toda la vida viendo robots acarrear bolitas: Hombre, está claro que esa estrategia no es la más adecuada, el robot no es estable y es muy difícil controlarlo. Está claro que opinar es gratis.

Lo más normal, vistos ya un par de años, es que gane un robot simple, pero robusto, y normalmente también agresivo, como el de un equipo cuya estrategia era agarrar un par de bolas, conseguir los puntos, y luego impedir que el adversario pueda subirse en la plataforma. La versión robótica del cattenaccio. Pero esta vez hubo sorpresa: un robot que por fuera parecía poco más que una caja abierta por la parte de arriba (útil tanto para recoger bolas como para ser muy estable) y que luego, ahí está la maravilla, las disparaba como si tuviera una catapulta dentro (no pude ver el sistema que usaba, pero esa era la impresión que daba). No sé cuantas horas habrían ensayado para saber cómo de lejos tenían que ponerlo, pero las colaba en la red con una facilidad tremenda. Muy impresionante, la verdad, y suficiente para llevar a su equipo hasta la victoria.

La recompensa: la fama, la gloria, y al menos una A garantizada como nota de la asignatura.

Spirit

January 30, 2010

Spirit, el robotico (es un decir: 200 kg pesa el muchacho) que lleva, como su gemelo Opportunity, seis años dando vueltas por Marte, se quedó atascado entre piedas hace poco, y se ha decidido convertirlo en una estación científica fija. Va a hacer poco más o menos lo mismo que antes, pero sin dar vueltas por Marte.

La misión original estaba planeada para noventa días, con la energía como principal limitante: se esperaba que el polvo cubriera los paneles solares, hasta que el robot se quedara sin electricidad. Efectivamente, nada más pisar Marte, la cantidad de energía que sacaba de los paneles solares disminuía lentamente, hasta que de repente, un día, el control de tierra en JPL descubrieron que estaba como nuevo. El motivo: pequeños tornados levantaban el polvo, limpiando los paneles. Gracias a eso (y a que, aunque la misión se planifique para unos pocos días, siempre se construye con la esperanza de que dure más), los dos robots han logrado extender su misión hasta más de 25 veces el tiempo planeado.

En ese tiempo, Spirit ha avanzado 10 kilómetros (no, no va precisamente rápido), ha analizado rocas, ha sacado fotos, ha buscado agua, pero también ha sufrido penurias varias, generalmente relacionadas con el suministro de electricidad, y se ha considerado seriamente descontinuar su labor: el equipo que tiene que trabajar en tierra para asegurar que todo sigue funcionando no sale barato. La gente de JPL confiesa que uno de los motivos fue la gran respuesta entre el público, similar a la suya frente al programa Apollo. Alguien me contó la historia de un padre que les envió un email, contándoles que estaba fabricando una maqueta con su hijo, y agradeciéndoles que le hubieran despertado el amor por la ciencia.

Y ahora, Spirit está atascado, en una posición complicada, en la que puede que sus paneles solares acaben cubiertos definitivamente. Mientras tanto, ahí sigue, explorando Marte, aunque sea sin moverse.

La mejor visión de la historia que he visto la pone el genial xkcd, con una historia que recuerda a Wall-E, pero al revés:

Honor

November 12, 2009

A partir de 2011 los institutos daneses permitirán a los estudiantes usar internet durante los exámenes, con ciertas restricciones (por ejemplo, no estará permitido chatear), para las que se confía en la honestidad del alumno.

No sé cómo funcionará el experimento (dependerá de lo civilizado que estén los adolescentes daneses y de lo bien pensadas que estén las preguntas, que para según qué asignaturas me parece especialmente jodido), pero la idea no es totalmente absurda, por más que a muchos lo de honestidad del alumno le suene a chiste..

En Estados Unidos, especialmente en la universidad, es relativamente frecuente hacer exámenes sin supervisión, según un código de honor. Así es como funciona en Caltech. Se supone que el código de honor regula toda la vida académica, pero donde más se nota es en los exámenes.

Salvo algunas excepciones, los exámenes se reparten cerrados, y la primera página corresponde a las instrucciones: límite de tiempo (dos horas del tirón, cinco horas en dos partes, todo el tiempo que quieras durante una semana), material que se puede consultar (libros, internet, apuntes de clase) y ayuda tecnológica disponible (a mano, con calculadora, Matlab o Mathematica). Y una vez tienes esas instrucciones, tú ya decides cuándo  y dónde lo haces, lo que significa que supervisión directa (un señor mirándote) no vas a tener ninguna. Depende de ti el cumplir las condiciones dadas, y no hacer el cafre, por ejemplo, echando un ratito más de la cuenta (de hecho si sabes cómo acabar el examen pero no te da tiempo, lo que suele hacerse es decir hasta dónde has llegado y luego seguir haciéndolo, por si acaso el corrector lo tuviera en cuenta, aunque fuera sólo un poco).

Y, contra lo que podría esperarse, el sistema funciona. Está claro que habrá gente que no cumpla las reglas, y todos los años hay un par de casos que acaban en los dos organismos de control dedicados a estas cosas (suelen ser casos de plagio a la hora de hacer trabajos; aquí no se puede copypastear directamente de internet, sin citar las fuentes), pero en general la regla se respeta. De hecho hay gente que saca (relativamente) malas notas, hasta el punto de estar cerca de suspender (que es difícil, por cómo está planteado el sistema).

Parece que es como lo de tirar un papel al suelo. Si hay mierda por todas partes, te da igual; si está como una patena, ya da más reparo. Cuando uno llega a un sistema que funciona, basado en la honradez y el respeto, lo que apetece es seguir las reglas, aunque uno esté recién salido del reino de la picaresca.

Greg Chamitoff, astronauta

October 27, 2009

Ayer vino de visita el astronauta Greg Chamitoff, que fue un antiguo alumno de Caltech (Master en el 85). Dio una charla para el gran público, basada en los detalles curiosos de su experiencia en la Estación Espacial Internacional (ISS en inglés), donde pasó unos tres meses.

Nos habló de cómo el entrenamiento es ya de por sí muy interesante, e incluye desde vivir una semana bajo el agua, en una replica de la ISS, como si aquello fuera una misión, a entrenamientos de supervivencia en el norte de Canadá, empujando trineos por la nieve y pasando penurias. También hay entrenamiento en Rusia, para familiarizarse con su parte del equipo. Se ve que los entrenadores rusos no cambian, así que el señor que te enseña cómo funciona el aparato A es el mismo que se lo enseñó a todos los astronautas que han volado después de que el aparato empezara a funcionar. Todo ello en ruso, claro, incluyendo exámenes orales al final del proceso.

Respecto al idioma, parece que se usa el que diga la mayoría. Al principio eran dos rusos y un americano, así que se usaba el ruso, y tras un reemplazo se quedaron en dos americanos y un ruso, con lo cual se cambió al inglés.

Nos habló también de sus actividades en el espacio. Uno de los experimentos que le tocó llevar a cabo consistía en ver el efecto de la ausencia de gravedad en arañas. El primer día producían telas sin pies ni cabeza, pero pasados un par de días ya estaban plenamente adaptadas. También tuvo que instalar un nuevo módulo japonés, sacar muchas fotos con cámaras más potentes que las anteriores, y estudiar un proyecto del MIT consistente en unas esferas que flotan en formación, interactuando unas con las otras (la idea es llegar a usarlas fuera de la ISS, pero por ahora se usan sólo dentro, donde los errores no son críticos). También fueron parte de pruebas biológicas. Al parecer se sospecha ahora que la pérdida de calcio en los huesos no es por falta de ejercicio, sino para compensar el pH en el organismo, que por algún motivo se desiquilibra. La cosa no está clara aún, pero se está investigando-

Al parecer los astronautas dedican también gran partes de su tiempo a tareas de relaciones públicas, especialmente con estudiantes de colegio e instituto: desde charlas, hasta partidas de ajedrez a distancia contra diversos campeones juveniles. Todo ello en el mismo polo durante un mes (al parecer se cambian poco de ropa), con lo que hay tener cuidado de no mancharlo comiendo o trabajando, que conviene salir limpito por la tele.

Acabada la misión, dice que lo pasó fatal los primeros días. Parece que la gravedad sólo se nota después de un tiempo sin ella, por más que intentes hacer ejercicio para compensar. Tardó cuatro días en poder levantarse, y dos meses en correr y hacer ejercicio.

Una vez acabada la charla estuvo charlando con algunos alumnos. Nos dio su opinión del futuro del programa espacial norteamericano, que según él muy probablemente incluirá el continuar con la ISS hasta al menos el 2020 (en principio se cierra en 2015, lo que no parece muy astuto si siguen añadiendo módulos nuevos). Su opinión sobre la polémica entre el Transbordador Espacial y el nuevo Ares no estaba muy clara, pero no le hace gracia lo de depender de la Soyuz durante, como poco, cinco años, especialmente por la superiodiad del Shuttle para llevar mercancía pesada.

A él le queda otra misión más, la penúltima del Transbordador Espacial (salvo que se prolongue su uso). Dice que el principal problema para seguir siendo un astronauta en activo es que los exámenes médicos se vuelven más rigurosos según envejeces, pero que si por él fuera subiría de nuevo. Uno recuerda una foto que nos enseñó, con una aurora boreal vista desde el espacio, y te imaginas ver semejante espectáculo mientras flotas… Como para no querer volver.

Aros cuánticos

September 29, 2009

Se habla en Fogonazos del equipo de baloncesto de Caltech, que entre 1985 y 2009 no ganaron ni un solo partido, lo que supone unas 250 derrotas consecutivas. Y aún así ahí estaban, hasta que por fin ganaron.

Qué putada ser el equipo que pierde contra ellos…

La historia aparece en Quantum Hoops, un documental narrado por David Duchovny, y explica cómo la mayoría de los miembros del equipo nunca habían jugado al baloncesto, y que para ellos el deporte era simplemente una manera de liberar tensiones, distraerse y pasarlo bien. No dan para nara el tipo de equipo de baloncesto universitario americano (compárese con, por ejemplo, UCLA, cuya estrella pasó recientemente a la NBA sin esperar a graduarse), pero, en cierto modo, sí representan el espíritu del deporte olímpico de los griegos: atletas no profesionales, que entrenan como pueden con el tiempo que les deja libre su vida normal, y que siguen luchando aunque les caigan palos de todas partes.

La misma semana que el equipo logró su primera victoria en 24 años, el equipo de baloncesto femenino logró la primera victoria de su historia. Ambos hechos ocurrieron ante poquísimos expectadores (todos ellos dueños ahora de una camiseta conmemorativa, que dice “yo estaba allí, ¿dónde estabas tú?”). A la semana siguiente, ambos jugaban en casa contra rivales relativamente asequibles, así que se movilizó al campus para asistir y apoyarles, y allá que fuimos. Los chicos perdieron, pero las chicas ganaron, y pudieron celebrarlo con todo el pabellón animándolas.

La historia adquiere una nueva dimensión cuando se sabe el problema que Caltech tiene con el suicidio entre estudiantes, con algo menos de uno al año de media. El año pasado fue especialmente malo, con tres estudiantes (dos undergraduates, uno de doctorado) que se suicidaron, lo que en un campus con tres mil estudiantes supone unos números que ríete de los de France Telecom. El por qué es complicado, nadie sabe qué hacer, y el tema da para discutir largo y tendido, pero lo que sí está claro es que el principal logro del entrenador, Roy Dow, no es haber creado un equipo capaz de ganar de vez en cuando, sino darles una pasión fuera de la vida académica.

Inspiración

September 16, 2009

Hace pocos días se pronunció el comité de expertos que Obama había puesto a cargo de evaluar si el programa Constelación de la NASA, con objetivo poner hombres de vuelta en la Luna en 2020, era realista dado el presupuesto establecido. La respuesta: ni un poquito.

El informe viene a contar que hay poco dinero, y que más vale elegir bien qué hacer con él: ir a la Luna sin tanta prisa, prolongar la vida del transbordador espacial o de la Estación Espacial Internacional, exploración sin humanos, fomentar el turismo espacial… De lo de que un señor (o señora) se dé un paseo por Marte en las próximas décadas ni hablamos, claro.

Esto podría ser una buena noticia para el Jet Propulsion Laboratory (JPL), el centro de la NASA que se encarga, básicamente, de todo lo que queda lejos (una vez pasada la Luna), responsables de los robots en Marte, de las sondas que andan por Plutón, y filigranas similares. Todo lo que sugiera no dedicar el dinero a la exploración humana, y sí a la robótica, les beneficia económicamente. Varios de sus empleados, además, creen que es más rentable (a nivel de ciencia, o de resultados prácticos) invertir el dinero en la exploración automatizada: más robots en Marte (como el Mars Science Laboratory, en el que trabajan actualmente), satélites para monitorizar el cambio climático o medir la deforestación del Amazonas, sondas que estudien Titán, telescopios formados por piezas que floten en formación, buscar ondas gravitacionales, cosas así.

Y sin embargo, he hablado con varios empleados que creen que, aunque todo eso es cierto, hay que invertir en la carrera espacial a la vieja usanza, poniendo gente en órbita. El principal motivo es que, en su caso, fue el programa Apollo lo que les inspiró a ser lo que son (al igual que a muchos otros: los años después del paseo de Neil Armstrong vieron crecer el número de estudiantes de ciencias). A día de hoy, con la educación por los suelos, con todo el mundo (desde los profesores hasta Obama) intentando motivar a los alumnos, quizás la exploración del espacio sea la manera de hacer atractivo el esfuerzo académico en general, y las ciencias y las matemáticas en particular.

Es cierto que muchos de los artilugios que andan por ahí fuera han provocado olas de cariño inesperadas. El Hubble lleva funcionando muchos más años de lo previsto porque, cuando se habló de retirarlo por primera vez, la gente de pie hizo campaña por salvarlo. Lo mismo pasa con los Mars Rover, Spirit y Opportunity: también han superado con creces su primera previsión de jubilación, y JPL ha recibido cartas de padres agradecidos, que contaban cómo habían construido una maqueta con sus hijos, o cómo ponían más interés en clase de ciencias.

Pero hay que reconocer que, a la hora de la verdad, es probable que Neil Armstrong tenga más colegios que lleven su nombre.