Archive for the ‘Ciencia’ Category

Abosonados

July 19, 2012

The ash of stellar alchemy was now emerging into consciousness. At an ever-accelerating pace, it invented writing, cities, art and science, and sent spaceships to the planets and the stars. These are some of the things that hydrogen atoms do, given fifteen billion years of cosmic evolution.

Carl Sagan, Cosmos

Hoy toca hablar de bosones, claramente.

¿Eso no fue hace un par de semanas ya?

Ya, pero he estado de viaje.

Cualquier excusa es buena. Además, ¿tú de eso sabes?

No, pero me he visto un par de vídeos sobre el tema. Con eso me sobra.

Hombre, sobrar sobrar, lo que se dice sobrar…

Que sí, hombre, que sí. Venga, pregunta.

A ver, el señor Higgs ese, ¿quien es?

Peter Higgs es un físico teórico que propuso, allá por los años 60, un campo, conocido como el campo de Higgs, para explicar la gravedad, y por tanto la masa. Igual que hay un campo electromagnético, y algunas particulas interactúan con él (y por tanto tienen carga eléctrica, ya sea positiva o negativa) y otras no (y son lo que llamamos neutras), Higgs propuso que algunas partículas se mueven sin interactuar con el campo de Higgs, y por tanto tienen poca o casi ninguna masa, mientras que otras sí interactúan, y por tanto tienen masa. Es el llamado mecanismo de Higgs, y está bien explicado (con subtítulos) aquí:

Vale, eso es el campo de Higgs. ¿Y el bosón?

Pues resulta que en la teoría cuántica, los campos están formados por partículas, llamados bosones. Es decir, las oscilaciones de los campos son partículas: recordemos la dualidad onda corpúsculo, que dice que la luz es una onda y una partícula; pues el resto es lo mismo. El que nos suena es el fotón, pero hay tres más ya descubiertos. El de Higgs, caso de encontrarlo, sería el quinto.

¿Pero cuantas partículas de esas hay en total?

Pues según el modelo estándar de la física de partículas, tenemos doce fermiones elementales, seis quarks (que se combinan para formar hadrones, lo que incluye los protones y neutrones de toda la vida) y seis leptones (que incluyen al electrón y al neutrino). A eso hay que sumar los cuatro bosones ya mencionados, uno para el electromagnetismo, dos para el campo débil (que afecta a todos los fermiones) y uno para el campo fuerte (que afecta sólo a los quarks, que por eso forman el núcleo del átomo). La Wikipedia ofrece una tabla resumen llena de color:

Esto es lo que hay: los doce fermiones y cuatro bosones confirmados hasta la fecha.

¿Y cómo se busca una partícula nueva?

Para eso está el Large Hadron Collider (el Gran Colisionador de Hadrones, LHC para los amigos) del CERN. Los colisionadores son aceleradores de partículas que logran que dos partículas vayan muy muy rápido y luego se estrellen una contra la otra. De ese pepinazo salen otras partículas, que no tienen que ser las mismas que entraron. Así se logran crear (momentáneamente) partículas que no anda campando por el universo.

Suena sencillo. Tiene truco, ¿no?

Varios. Primero, el tipo de partícula depende de la energía de la colisión, es decir, de cómo rápido vayan las partículas. Al bosón de Higgs se le predecía una masa considerable, lo que hacía necesario que las partículas fueran prácticamente a la velocidad de la luz. Por eso hacía falta construir el LHC, que es un colisionador como no se ha visto antes otro igual. Como dice Neil deGrasse Tyson (astrofísico, divulgador, ídolo), cada vez que fabricas un aparato que llega dónde no ha llegado otro (distancia, niveles de energía, lo que sea), hay cosas nuevas que explorar.

¿Entonces, el señor Higgs lleva casi 50 años esperando a que se pudiera hacer el experimento, cuando ya estaba más o menos claro cómo hacerlo?

Mayormente. Pero el que se sepa cómo debe funcionar en teoría no quiere decir que podamos hacerlo en la práctica: estamos hablando de electroimanes forrando un tubo de 20 metros de diámetro y 50 de largo, con un sistema de refrigerado acojonante, un entorno perfectamente controlado que no añada ruido y unos detectores finísimos. Estamos hablando de cosas que tienen esta pinta:

El detector ATLAS: construir algo así lleva un rato.

Hombre, así mirado, da un poco más de respeto.

Sí, ya no parece un huevo que se eche a freír. De hecho el experimento lleva tiempo ya funcionando, pero hace falta repetirlo muchas veces, porque no es que se pueda hacer una foto de las partículas durante el impacto (que además dura un segundo dividido por un uno con 23 ceros detrás), y las partículas como el bosón de Higgs son inestables, así que sólo existen durante el impacto.

Todo son facilidades, por lo que veo.

Pues eso no es todo. Si estrellas dos gluones, te puede salir un bosón de Higgs, que se descompone en dos bottom quarks. El problema es que eso sólo pasa, así a ojo, una vez por millón. El resto de las veces siguen saliendo los dos bottom quarks, pero sin que haya habido bosón de Higgs por el camino. Y lo único que se puede medir es la masa inicial, la final y la energía del pepinazo.

¿Entonces?

Entonces pones tu LHC a funcionar entre 20 y 600 millones de veces por segundo, 24 horas al día, todos los días, hasta que tienes una cantidad inhumana de colisiones. Luego haces una curva con la información que sacas de todas las colisiones, que se compara con dos modelos: uno que tiene el bosón, y otro que no. El modelo que tiene en cuenta el bosón predice un pequeño bultito en la curva (una nimiedad, por eso hacen falta millones de colisiones, para estar seguros de que el bultito está ahí de verdad) en el nivel de energía que se corresponde con la energía que hace falta para crearlo, mientras que el otro predice que no hay bultito.

Así que al final todo se queda en ver si los datos experimentales tienen el bultito o no…

Efectivamente. El experimento lo han hecho de forma independiente dos grupos, cada uno con su detector, ATLAS y CMS, trabajando de forma independiente. Al principio vieron lo que parecían dos bultitos, pero un poco lejos uno del otro. Ahora que tienen más datos, parece que están seguros de que sí, que hay un bulto, con una partícula que pesa unos 125 GeV, y que tiene toda la cara de ser el bosón de Higgs.

Esta explicación la has copiado de alguna parte, ¿no?

Un poco. El majísimo Jorge Cham, de PhD Comics, tiene un tebeo al respecto, así como un vídeo/animación, que conviene ver en pantalla grande:

Vale, y entonces todo eso de que desvela los secretos del Big Bang y el origen del universo y bla bla bla, ¿de dónde viene?

Pues de dos sitios. Primero, las condiciones que se crean en el pepinazo corresponden a lo que pasaba en el universo poco después del Big Bang, más cerca cuanto más energía se use. En el caso del LHC estamos hablando de una mil millonésima parte de segundo después del Big Bang, que parece muy cerca, pero que es que las cosas iban muy rápido entonces.

Vale, eso se entiende. ¿Y el otro sitio?

El otro se entiende menos, especialmente  porque esto de que las masa y las interacciones sean partículas es una cosa que no te suelen contar en clase: cuando yo era joven, todo eso era(n) campo(s). Pero básicamente, las partículas que tenemos son un poco simétricas (partículas con carga opuesta, por ejemplo), pero no del todo. La simetría es una cosa preciosa, y a la gente le gusta suponer que existía al principio del Big Bang, pero que se rompió enseguida. La pregunta es quién tuvo la culpa.

¿Y el bosón de Higgs es un sospechoso?

Eso dicen. Por ejemplo, existe la teoría de la supersimetría, que dice que al principio todas las partículas y fuerzas eran simétricas, y entonces el bosón de Higgs llegó, empujó todo para el lado, y la lio parda: separó el electromagnetismo y las interacciones atómicas, dio masa a todas las partículas, hizo que la materia y la antimateria no sean simétricas, y básicamente explica que el universo tenga la pinta que tiene.  Y como todo esto son teorías sin mucho apoyo experimental, están todos deseando que se confirme que la partícula existe y ver si se puede avanzar un poco. De hecho el LHC ya se ha cargado algunas hipótesis, al demostrar que algunas partículas predichas no están donde deberían estar.

De esto me he enterado regular.

Ya, tampoco te creas que a mí me da para mucho más. Tengo amigos que se han doctorado en física y se han quedado también un poco igual, así que no vamos a pedirle al olmo que dé macedonia. El señor Brian Cox sí que sabe, y lo explica en un TED:

¿Y si me quiero ansiar y enterarme de algo más?

Sin leer, dices, ¿no?

Veo que nos entedemos.

Pues hay un documental de una hora, The Hunt For Higgs, bastante majo y completito, con gente del CERN hablando, así como otras estrellas de la física (como Michio Kaku, que se apunta a un bombardeo). Lo de la supersimetría está bastante bien explicado, por ejemplo.

¿De verdad que se entiende bien? ¿Merece la pena?

Hombre, es de la BBC.

Ah.

Envidia de tele pública, ¿no?

Un poco.

Pues eso.

Aparcar en Marte (II)

June 18, 2012

Decíamos, ejem, ayer

La herencia Viking

¿Cómo se aterriza en Marte? JPL nos lo resume en un minuto. A grandes rasgos, paracaídas y luego airbag o cohetes:

El vídeo viene del canal de JPL en Youtube, que tiene un poco de todo, incluyendo explicaciones de cómo se planean las misiones, detalles técnicos, resúmenes de los datos que mandan las sondas o un homenaje a Ray Bradbury.

La NASA empieza a plantearse enviar cosas a Marte en 1968, en el programa Voyager, que se reconvertiría posteriormente en el programa Viking. En 1975 salen dos cohetes, cada uno con dos módulos: uno que quedaría en órbita, otro que bajaría al planeta. El diseño sigue el segundo método en el vídeo anterior, es decir, paracaídas primero, cohetes para acabar de frenar. Frente a lo que podría pensarse, el paracaídas supuso la mayor dificultad.

Los paracaídas

Cuando un fluido, léase el aire o el agua, se mueve despacito se comporta como uno espera. Por ejemplo, si tenemos una cantidad de aire determinada pasando por un tubo, y tapamos la mitad del tubo, de forma que tenga que salir la misma cantidad de aire, el aire tendrá que pasar más rápido.

Cuando un fluido, léase el aire (es complicado acelerar tanto un líquido) va muy muy rápido, más rápido que la velocidad del sonido, empieza a hacer cosas raras. Por ejemplo, si llega a una estrechez en un tubo, frena. Si llega a una apertura, acelera. La densidad puede cambiar. Aparecen ondas de choque, cambios de presión. Cosas muy feas.

Cuando algo, pongamos un avión o una nave espacial, se mueve a velocidad supersónica dentro de un fluido, los problemas son básicamente los mismos: el fluido que le rodea hace cosas muy raras.

Como hemos comentado, la atmósfera marciana frena poco y mal, así que los paracaídas de los Viking tenían que abrirse cuando la velocidad era supersónica. Nadie tenía mucha idea de cómo se iba a comportar un paracaídas en esas condiciones, dado que no es un problema al que se enfrenten habitualmente los fabricantes de paracaídas. La opción de volar hasta Marte para probar el método que se usa para aterrizar en Marte, aunque sin duda la más directa, no parecía muy astuta; todo el mundo prefería hacer los experimentos en la Tierra y ahorrarse el viaje espacial.

Carl Sagan junto a un modelo del Viking. Dejar semejante bicho en el suelo marciano sin estrellarlo en el proceso no sólo parece difícil, sino que lo es.

La solución: las condiciones atmosféricas al entrar en Marte no son excesivamente diferentes de las que hay en la atmósfera terrestre a unos 40 km de altitud, que por dar referencias es unas cuatro veces la altitud a la que vuela un 747. Es decir, se pueden hacer experimentos, pero no es una cosa trivial.

El primer resultado: experimentos seleccionando el mejor paracaídas y validando su rendimiento, con sus 140 páginas de informe.

El segundo resultado: una factura muy millonaria.

El tercer resultado: la herencia Viking, sección paracaídas. Dado lo que había costado la broma, se decide usar el mismo diseño en todas las misiones futuras.

Efectivamente, la nueva filigrana camino de Marte desplegará un paracaídas diseñado según un patrón de los años 60.

Estirando los límites

Los experimentos se hicieron con visión de futuro, así que cubrían condiciones bastante más extremas que las del Viking, lo que daba bastante margen para el diseño de futuras misiones. Con el tiempo se necesitaron paracaídas más grandes, que se abrían un poco antes (es decir, con la nave cayendo a más velocidad) y tenían que hacer frente a más presión. Poco a poco el margen fue desapareciendo. El Mars Science Laboratory está, así a ojo, en el límite de lo que pueden dar de sí los paracaídas del Viking. En estos casos, siempre viene bien tener un poco de seguridad extra. Ahí entran en juego las simulaciones, por ejemplo las que hace el español Carlos Pantano en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign.

Las simulaciones de un paracaídas supersónico son, a varios niveles, un infierno. El comportamiento del fluido es un horror. El material es muy blando, se mueve mucho, se toca a sí mismo varias veces. Hay que simular todo el proceso, no sólo una parte. Hay que repetir la simulación varias veces cambiando ligeramente las condiciones, por si el paracaídas sale un poco torcido. No basta por tanto con meter numeritos en el ordenador, esperar a que el ordenador haga muchas cuentas, ver los numeritos que salen y pintarlos en grafiquitas de muchos colores. Primero, hay que estar seguro de que no se ha cometido ninguna cagada en el modelo, que es generalmente la parte más complicada. Para eso se estudian casos de los que ya se sepa la solución: si el modelo da lo mismo, vamos bien; si no, malamente.

Simulación con paracaídas supersónico. Al final todo se queda en un dibujito con muchos colorines.

Una vez hay confianza en el modelo, entonces se puede empezar a usar para predecir casos nuevos. Hay que reconocer que, incluso así, muchas veces se sigue desconfiando de las simulaciones (¿y si ha funcionado para el caso anterior, pero no para este?), y los resultados se usan muchas veces de forma orientativa, de forma que a la hora de la verdad hay que pasar por el aro de los experimentos. Por eso es muy probable que, si algún día aterriza en Marte algo mucho más grande que el MSL, haya hecho falta una nueva serie de experimentos para validar los correspondientes paracaídas.

Todo esto se resume con una de las máximas que rigen el mundo de la ciencia, y que dice más o menos así: las simulaciones se las cree sólo el que las hace, los experimentos se los cree todo el mundo menos el que los hace.

Aparcar en Marte (I)

April 9, 2012

 

Laboratorio de ciencia marciana

Tenemos  otro cacharro camino de Marte (tienen los americanos o tenemos los humanos, según se mire; además, otras agencias han contribuido con algunos instrumentos –incluida España- y yo soy muy de “lo importante es participar”, así que primera persona del plural al canto). La misión se llama Mars Science Laboratory (MSL), el robotico en cuestión se llama Curiosity, y es más grande, más moderno, más listo y hace más cosas que sus predecesores y primos pequeños, Spirit y Opportunity.

Es concretamente cinco veces más grande, algo así como un coche. Será capaz de moverse mejor por el planeta, de realizar análisis químicos de las rocas marcianas, de sacar mejores fotos, estudiar los gases y mil cosas más. Una filigrana. Hasta aquí lo bueno.

Lo malo es que pesa unos 900 kg, de los que 80 kg corresponden a instrumentos científicos. Subir una cosa de 900 kg al espacio es complejo, pero se ha hecho antes. Sacarla de la órbita terrestre y hacer que llegue a Marte (que parece que no, pero está lejos) tampoco es sencillo, pero basta con usar un cohete grande (y no hace falta acercarse siquiera al Saturn-V que se usó en los Apollo).

Lo de dejarlo delicadamente en la superficie marciana, en una pieza y listo para funcionar, eso sí que es nuevo. Es, de muy lejos, el objeto más grande que se ha mandado a Marte, y varios de esos objetos más pequeños cayeron con, digámoslo con eufemística delicadeza, menos gracia de la necesaria. Porque Marte es, básicamente, un sitio terrible para aparcar.

Gravedad y atmósfera

Cuando uno baja del espacio a un planeta, hay dos factores importantes a tener en cuenta. El primero es, obviamente, la gravedad; a más gravedad, mayor la aceleración, mayor la velocidad final y mayor la galleta. El segundo es la cantidad de atmósfera (respirable o no) que tenga el planeta: en una atmósfera densa habrá mucho rozamiento con los gases, lo que reducirá la velocidad de caída. De hecho si un objeto cae desde suficiente altura alcanza lo que se conoce como velocidad terminal, en la que la fuerza que ejerce la gravedad se equilibra con el rozamiento con la atmósfera.

Así que, resumiendo, lo que facilita las cosas es tener poca gravedad y mucha atmósfera (una atmósfera grande tiene otros problemas, como la posibilidad de que el susodicho rozamiento acabe por freírle a uno, pero esa es otra cuestión).

La Tierra tiene una gravedad que se podría considerar como alta (lo que a Júpiter probablemente le daría risa, pero ya se sabe que todo es relativo), pero tiene una atmósfera más que razonable; de ahí que el  Transbordador Espacial fuera capaz de aterrizar como un avión.

La Luna, al contrario, apenas tiene atmósfera, pero la gravedad es seis veces menos que en la Tierra. Es por eso que el Módulo Lunar de los Apollo pudo bajar usando cohetes, y luego subir de nuevo sin mayor problema.

Marte tiene lo peor de cada casa. La gravedad es un tercio de la terrestre, pero su atmósfera es una cien veces menor. Si se deja caer un ladrillo desde el espacio, la velocidad terminal cuando toca el suelo es supersónica (nota: supersónica en Marte, es decir, en su atmósfera; recordemos que la velocidad del sonido depende del medio). Los primeros objetos que lograron tocar la superficie marciana en 1971, enviados por la Unión Soviética (las sondas Marte 2 y 3) apenas lograron transmitir, y sufrieron muchos daños en el proceso. Los americanos tuvieron mucho más éxito en 1976 con el programa Viking; las dos sondas enviaron muchos más datos, incluyendo fotos en color. Este éxito hizo que todas las siguientes misiones de la NASA tuvieran que basarse, de forma bastante rígida, en lo que se conoce como la herencia Viking.

Hablando de los Viking, estuve en una exposición en un museo de Pasadena sobre arte y ciencia. Entre los objetos que se exponían, estaba una donación de JPL. Cuando la primera sonda empezó a transmitir los datos que darían lugar a la primera fotografía en color de Marte, los ingenieros encargados, demasiado impacientes para esperar a que la imagen se procesará como corresponde, hicieron una aproximación coloreando un gran trozo de papel con distintos matices de rojo, siguiendo la información que llegaba. El equivalente de la carrera espacial a las actividades infantiles dónde tienes que colorear un dibujo según el número que venga en cada trozo. Me hizo gracia imaginar a esos ingenieros, lápices Alpino en mano, intentando hacerse una idea de cómo es Marte.

Midiendo ondas

March 25, 2011

El departamento de ingeniería civil de Caltech, por aquello de estar en California, se dedica fundamentalmente a lo sísmico: modelos teóricos que usan conceptos de mecánica para entender los terremotos, experimentos que simulan condiciones similares, estudio de la respuesta de un edificio a un terremoto, etc. La tradición viene de viejo: Ritcher y Gutenberg trabajaban aquí cuando desarrollaron la escala que lleva el nombre del primero, allá por 1935. Ahora mismo el departamento está trabajando a destajo analizando los datos que llegan desde Japón. Y es que este es, de lejos, el terremoto de Tohoku es el mejor documentado de la historia.

Los datos que se usan para analizar terremotos vienen de estaciones sísmicas, que a día de hoy, usan GPS para medir el movimiento del suelo en todas direcciones. El problema es que normalmente tampoco hay tantas, y que si el terremoto pilla muy lejos es dificil distinguir la señal del ruido. Del terremoto de Denali (Alaska, 2002), que se considera una de las pruebas más claras de la existencia de terremotos de tipo supershear (básicamente, con una de las ondas propagándose a velocidad supersónica), apenas se sacaron medidas en un par de puntos, más alguna foto legendaria:

Gaseoducto en Alaska después del terremoto de Benali; antes era recto.

La cosa es algo distinta en Japón, especialmente desde que hace unos años se acabara de instalar la red GEONET, que cuenta con más de 1200 puntos de medida. El principal objetivo es analizar los datos en tiempo real, para proporcionar un aviso lo más rápido posible. La cosa funciona más o menos así: si una estación registra una medida que parece un terremoto, el sistema comprueba si el restro de las estaciones empiezan a registrar medidas coherentes (de la misma amplitud, un poco más tarde, etc.). Una vez el sistema decide que se trata de un terremoto, y no de ruido  en el aparato de medida o algún otro error, hace una estimación de la magnitud y del epicentro, y manda la señal de aviso. Por refinado que suene todo eso, el sistema no es capaz de dar más que un par de minutos de margen. Esto no es suficiente para alertar a la población, pero sí para tomar una serie de medidas que evitan que la situación sea mucho peor: cortar la distribución de gas y combustibles, parar trenes y aviones, avisar a los cirujanos de que más les vale sacar el bisturí del paciente… Cosas así, donde dos minutos son clave.

El sistema ha servido también para tener una  cantidad sin precedente de puntos de medida registrando un terremoto. Es la primera vez que se logra ver la onda, avanzando por el país, como muestra el siguiente vídeo, que muestra el desplacamiento horizontal (izquierda) y vertical (derecha) de cada estación con una flecha. La escala puede verse abajo, ampliando el vídeo.

Al principio no hay actividad, salvo algunos puntos sueltos, que son ruido del sistema. De repente, como a los tres segundos, el terremoto empieza, una masa de azul y rojo, que se establece. Al sur puede verse, de forma clarísima, el avance de la onda, hasta el punto de que puede estimarse la longitud de onda. Parte de la deformación se convierte en permanente, lo que evita que se vea bien la réplica, que tiene lugar aproximadamente a los 23 segundos. Para eso está este segundo vídeo, en el que han restado esa deformación, para ver mejor el segundo terremoto:

Nada que ver con el primero, una onda mucho más pequeña que se disipa rápidamente, y eso que un terremoto de 7.9 sigue siendo una cosa seria. Hay que recordar que las escalas de medida (tanto Ritcher como su sucesora, la escala de magnitud de momento) son logarítmicas en base diez, esto es, un punto de distancia implica un factor diez. Así, un terremoto de escala siete tiene diez veces la intensidad de uno de escala seis, cien veces la de uno de escala cinco, etcétera.

El terremoto inicial, de escala 9 (poca broma), fue lo bastante fuerte para activar prácticamente todas las estaciones de Japón, y generar una cantidad de información sin precedentes. Ahora sólo queda ver si puede sacarse algo que sirva para estar mejor preparados para el siguiente. Y ahí andan, procesando datos a destajo.

En el ajo

January 26, 2011

Todos los años Stephen Hawking se pasa un mesecito o así por aquí, para currar con su muy mejor amigo Kip Thorne (el físico con nombre de héroe pulp), y me imagino que para que le dé un poco el sol, que Cambridge no es precisamente el sitio para ponerse morenito. Cada vez que viene da un par de charlas, es decir, la misma charla (que ya le cuesta al hombre preparar una) en dos sesiones, una para alumnos de Caltech y otra abierta el público (para la que se suele formar una cola que da miedo).

El primer año, obviamente, ahí estábamos todos los recién llegados. La cosa decepciona un poco: entre que la máquina habla despacio, que el hombre tiene que ir dándole al botón de “siguiente frase” (imagino que podrían poner todo del tirón, pero que el hombre quiere sentirse parte activa), que a veces hay que reajustarle el sensor que le mide el movimiento del músculo de la mejilla, y que suele rebajar el contenido científico hasta que la cosa queda de lo más descafinada, la cosa tiene más valor por la experiencia de verlo que por la charla en sí. La mayoría de los años da otra charla, exclusiva para el grupo de teoría del departamento de astrofísica, donde sí que explica ciencia a buen nivel, y la gente puede hacerle preguntas (que tarda en responder diez minutos) y demás. Se enteran cuatro, claro.

Este año, al parecer, la charla para el gran público ha estado mejor de lo habitual, porque ha contado cosas de su vida en vez de centrarse en la ciencia, y el hombre además tiene bastante sentido del humor (que ya es mérito); me la he perdido porque teníamos otro simposio liado, que no se puede estar en todo.

Comentando el pobre aspecto que tiene, lo milagroso de su supervivencia (los médicos le dieron tres años de vida hace ya casi cincuenta años) y lo complicado de comunicarse con él (según sus alumnos de doctorado, lo que más falta hace para trabajar con él es paciencia), a alguien se le ocurrió la salvajada: si Hawking hubiera perdido la cabeza hace años, ¿cuánta gente tendría que estar en el ajo para que no se hubiera enterado nadie? Porque, bien mirado, motivos tampoco faltarían:

A los estudiantes de doctorado nuevos los mayores les explicarían la situación: tienes que trabajar por tu cuenta, o con otros profesores, o con el resto de alumnos, y no decirle nada a nadie. Tienes que programar la máquina que le hace hablar, fingir que le entiendes cuando pasa algo raro, hacer como que ajustas el láser que le lee los movimientos. Aparentar normalidad. Te puedes chivar, claro, pero ¿de verdad no quieres un doctorado con Hawking?

Algún profesor de Cambridge estaría enterado, probablemente, pero ¿quién quiere perder al científico más famoso de los últimos cincuenta años, una fuente segura de publicidad y financiación? ¿Quién no va a echarle un capote a sus alumnos por mantener la situación?

La familia y posibles herederos, lo mismo, cuanto más libros saque, a más toca cada uno.

Tendrían que ser no sólo unos mentirosos finísimos, sino unos cabrones de cuidado, pero no creo que tuvieran que ser muchos.

Y ahora algo completamente diferente

September 19, 2010

Ha salido la nueva edición del ránking de universidades Times Higher Education. Como con todos estas listas se le pueden poner mil pegas a la metodología (no veo yo claro eso de contar las citas por artículo, y no por profesor), pero siempre dan una idea. Gana Harvard, seguida de Caltech (cosa rara quedar tan arriba), MIT, Stanford, Princeton, Cambridge y Oxford empatadas, Berkeley como primera universidad pública, aguantando la crisis económica en California…

Los sospechosos habituales, vaya.

Buscando las primeras universidades de otros países: Suiza coloca a ETH en el puesto 15, la Universidad de Toronto está en el 17, Hong Kong en el 21, Tokyo en el 26 y Francia tiene a Polytechnic y Normale en el 39 y el 42.

España logra colocar a la Universidad de Barcelona en el 142, y la Pompeu Fabra en el 155. Más bien tirando al final de la lista, sí, pero al menos salimos, que otras veces ni eso. Algo se habrá hecho bien, pero veremos a ver si con los recortes

Donde sí parece que hay unanimidad en que estamos haciendo las cosas bien es con respecto a los gitanos (quién nos iba a decir…). Times pone a España como modelo para Europa en integración y trato respetuoso a dicha minoría. Hay truco, claro: nuestros gitanos son más españoles que la tortilla de patatas, mientras que en otros países los problemas están surgiendo con inmigrantes de la Europa del Este. Se junta por tanto el ser gitano con el ser inmigrante pobre, que es algo que nunca ayuda.

Hace un par de años el Parlamento perdió a Labordeta. Hoy lo hemos perdido el resto. Un grande.

Recortes (y van)

September 12, 2010

Parece que los presupuestos de ciencia van a sufrir un nuevo recorte de en torno al 10 %, imagino que sobre los ya bastante recortados presupuestos anteriores.

Si antes éramos la muy dudosa novena potencia científica mundial (yo diría más bien decimo novena), un par de años más como estos y no quiero ni contar dónde vamos a ir a parar.

Y siguiendo con el mismo tema: señores del Gobierno, en el caso de que (de verdad, no de boquilla) sigan preocupados por la fuga de cerebros y buscando métodos para que vuelvan los jóvenes investigadores, sepan ustedes que con este plan va a volver Rita. Que si encima de cobrar mucho menos, lo vas a hacer acojonado de que te cierren el grifo el día menos pensado, pues va a ser que no.

Tardes y fines de semana

August 11, 2010

Esta carta estaba clavada en un tablón de anuncios en el departamento de KTH donde hice mi proyecto fin de carrera, con una nota manuscrita que decía algo así como “para que no os quejéis”. Por aquel entonces no tenía ni idea de que venía del sitio en el que iba a acabar yo. La recupero ahora vía Boing Boing:

Su esclavismo, gracias.

Lo peor es que en ninguno momento de la carta se menciona si el tal Guido rinde o no. Que si fuera “no avanzas nada, no produces, echa más horas”, pues bien está. La locura es que tenga que ser por sistema.

Me alegra poder decir que en mi departamento las cosas son mucho más humanas, menos un pirado que a estas alturas sólo tiene un alumno (con el que comparto despacho, para más señas; qué historias cuenta, la criaturita…), porque la gente lo evita como la peste.

Por lo que he oído, el departamento de química orgánica sigue siendo un poco así, y no sólo aquí sino en todas partes: de siete a once, seis días a la semana, dos semanas de vacaciones al año.

Las otras once, se entiende.

Y con tu jefe controlándolo, y llamándote la atención si ves que por sistema te vas a casa después de cenar.

El horror, vaya.

Que una cosa es que uno eche las mismas horas por gusto, o porque el proyecto no anda, o por ambición personal, o lo que sea (que suele ser el caso al final), pero exigirlo con amenazas…

Reflexiones sobre el penoso estado (a nivel humano) de la investigación en química, junto a otro par de cartas de similar calibre, en Chemistry Blog.

PD: El esclavista ya no anda por aquí, pero es profesor en ETH, que tampoco es mal sitio.

Por dentro

July 23, 2010

Con ustedes, un tomate:

Concretamente, la resonancia magnética de un tomate.

Una alcachofa:

Y esto es un durio, que ni sabía que existían pero que, visto así, da mucho miedo:

Más en Inside Insides.

James Cameron en Caltech

April 30, 2010

No sé a cuento muy bien de qué el martes tuvimos a James Cameron participando en una charla en el campus (y el martes que viene otra). En este caso se trataba de una mesa redonda, con cuatro científicos (tres profesores, uno de ellos miembro de JPL, y un astrofísico del centro Spitzer), para comentar la ciencia detrás de Avatar, todo bajo el título ¿Es Pandora posible?.

Hay que ser sincero: ante semejante presentación, uno se espera lo peor. La rigurosidad de Iker Jiménez, por lo menos.

Tengo que reconocer que la cosa estuvo mucho mejor de lo que me temía. En primer lugar, Cameron no es un científico, pero tampoco es tonto. Se ha pasado años rodando documentales sobre el fondo del mar, y coincidió que uno de los profesores es un apasionado del tema, y ahí estuvieron charlando un rato, muy sesudamente. En segundo lugar, se ve que le han dado muchas vueltas a Avatar, con mucha gente entendida de ciencia aconsejando (lo cual no quiere decir que haya ciencia detrás, pero al menos han puesto interés y cuidado).  Y por último, y con diferencia lo más importante, no intentó vendernos la moto, sino que reconoció repetidas veces que el proceso seguido durante la película fue ingeniería inversa: partiendo de una imagen o idea interesante, había que buscar una base más o menos científica para la misma, lo que según parece para él es importante, pero siempre teniendo en mente que lo importante es que la película salga bien, sea realista o no.

Así, Pandora es una luna para que quedara claro desde el principio que era distinta de la Tierra (porque vistos desde el espacio son dos planetas relativamente parecidos, con su verde y sus nubes y sus océanos). Una vez planeada la imagen de una nave llegando a la luna de un gigante gaseoso, se empiezan a generar ideas para aportarle solidez.

Sobre la naturaleza del unobtainium, Cameron dijo que ellos siempre han pensado en él como un superconductor a temperatura ambiente, lo que explicaría por qué es tan valioso, y por qué hay tanto magnetismo en el planeta. De nuevo, esto es sólo un McGuffin para que un grupo de gente, que necesita una cosa, vaya a donde vive otro grupo de gente, que tiene mucho de esa cosa, a partirles la cara, que es lo que la humanidad lleva haciendo los últimos… desde siempre, vaya.

El magnetismo extremo en Pandora justifica que tenga que usarse maquinaria bastante obsoleta, y que él se la imagina como reliquia de una guerra pasada, en la que se prescindió de la electrónica como defensa ante armas basadas en impulsos electromagnéticos y cosas así, y que ahora es útil de nuevo para explorar Pandora. Todo esto parte, simplemente, de la imagen de gente saltando desde un helicóptero, en mitad de la jungla, que intenta evocar la Guerra de Vietnam.

La capacidad como superconductor del  unobtainium también serviría para explicar las rocas flotantes: levitación magnética, que normalmente sólo ocurre a temperaturas bajísimas, como en la foto, pero claro, si el mineral es superconductor a temperatura ambiente… Dijo que luego hicieron números y que el campo magnético necesario para levantar semejantes rocas sería capaz de sacarle a uno el hierro de la sangre, pero que tampoco se iban a poner mijitas.

También se habló de biología: necesidad de ventilación especial dado el alto metabolismo, comunicación entre animales, que el azul de los na’vi es un pigmento tipo melanina y no sangre azul, cosas así. En el caso de por qué los na’vi tienen cuatro extremidades mientras el resto de bichos tiene seis, la razón es puramente técnica: los otros brazos tendrían que haber sido animados, y se decidió que era mejor limitarse a las capturas. En un intento de medio justificar el asunto, se incluyó un mono que tiene un brazo acabado en dos antebrazos, una especie de híbrido entre los animales con seis patas y los que tienen cuatro. Poco convincente, pero se aprecia el esfuerzo.

Mientras tanto los profesores aportaban su punto de vista. Es de agradecer que todos vinieran con una actitud bastante lúdica, y que entraran al trapo con facilidad, tanto para aceptar las ideas de Cameron como para sugerir nuevas, basadas en la investigación de cada uno: bacterias como explicación de la luminosidad en los animales, la necesidad de volcanes según las características de Pandora, la idea de que las plantas puedan sentir gracias a haber asimilado el unobtanium… Cada vez que aparecía una idea nueva e interesante, Cameron respondía para la secuela, para la secuela.

Y así pasó una hora y media, entre frikadas varias, chistes a costa de los creacionistas y alabanzas a la ciencia y la curiosidad del hombre. Todos los implicados resultaron ser grandes oradores, Cameron estuvo encantador, y la charla fue muy fluida.

Pandora sigue sin ser posible, pero el tema dio mucho más juego del esperado.