Archive for the ‘Televisión’ Category

Alan Moore chanante

March 25, 2010

Lo han clavao, los jodíos…

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20 años de Los Simpsons – Ralph Wiggum

January 6, 2010

El niño, el mito…

20 años de Los Simpsons – Cosas

December 29, 2009

Teología…

Comunismo…

Termodinámica…

Entrevista a David Simon en Vice Magazine

December 27, 2009

David Simon es el hombre detrás de The Wire, según muchos (me sumo) la mejor serie de la historia de la televisión. Vice Magazine publica una extensa entrevista en la que se habla de muchas cosas. Uno puede estar de acuerdo con Simon o no, pero siempre tiene algo interesante que decir.

Por ejemplo, habla de cómo se lograban estructurar los guiones de The Wire, compaginando entretenimiento con la tremenda ambición de diseccionar la decadencia de una ciudad y, por extensión, de un país (traducción como buenamente se ha podido):

Siempre he tenido curiosidad por saber la manera en que se estructuraba una temporada de The Wire antes de rodarla. ¿Puedes esbozar, aunque sea por encima, el proceso de escritura?

Había una serie de sesiones de planificación. Primero, al principio de cada temporada, teníamos una especie de retiro con los principales escritores, los tipos que iban a estar en plantilla todo el año. Discutíamos lo que queríamos decir, pero en realidad discutíamos sobre actualidad/ideología/política. No todos los escritores pensaban igual. No teníamos una opinión común en los asuntos a tratar, ya fueran la guerra contra la droga o la educación pública o los medios. Así que teníamos que discutir los temas en sí mismos primero. Sin importar los personajes, o la trama.

Mucha gente que acabó escribiendo para The Wire no tenían un pasado tradicional de escritura para televisión.

Si hay algo que distinga a The Wire de la mayoría de dramas serializados que se ven, es que los escritores no venían de la televisión. Ninguno de nosotros creció queriendo llegar a Hollywood y escribir uan serie o una película. Ed [Burns] fue policía, y después profesor. Había periodistas entre los guionistas. Había novelistas. Había dramaturgos, también. Todo el mundo empezó en otra parte.

Probablemente eso marcó la diferencia.

Bueno, no eramos cínicos con que nos dieran diez, doce, trece horas—lo que nos diera HBO cada temporada. Todo eso era un regalo increíble. La narrativa de El Padrino, incluyendo la tercera parte, la más floja, es como… ¿Cuánto? ¿Nueve horas?

Sí, unas nueve horas.

Y mira cuánta historia fueron capaces de contar. Nosotros teníams más que eso en cada temporada. Así que maldita sea, mejor tener algo que decir. Suena muy simple, pero es una conversación que no creo que ocurra en muchas series dramáticas. Con seguridad no en la televisión americana. Creo que para un montón de gente nuestro trabajo como guionistas de televisión consiste en levantar el programa como una franquicia y tener tantos espectadores, tantos globos oculares, como sea posible, y mantenerlos. Si les gusta x, les damos más x. Si no les gusta y, no les damos tanto y.

Ya. Entre temporadas de un montón de series de éxito, se hacen ajustes que están claramente basados en lo que la cadena cree que es lo más popular entre los espectadores.

Nunca tuvimos esa dinámica en nuestras cabezas. Lo que nos preguntábamos era, “¿Qué deberíamos decir durante doce horas de televisión?” Y eso es un impulso periodístico. Eso venía de los guionistas que eran periodistas y, hasta cierto punto, de los novelistas que escribían parala serie y que escribían en un marco realista, como ficción con investigación. Gente como Pelecanos, Price y Lehane.

También del capitalismo, sus virtudes y sus defectos:

Una cosa es reconocer el capitalismo como una poderosa herramienta económica, y aceptar que, para mejor o peor, estamos atrapados en él y, hey, gracias a Dios que lo tenemos. No hay mucho más que pueda producir riqueza en masa con la destreza del capitalismo. Pero confundirlo con una estructura social es una corrupción intelectual increíble, y es una que Occidente ha aceptado como cierta desde 1980—desde Reagan. Los seres humanos—en este país en particular— valen cada vez menos y menos. Cuando el capitalismo triunfa de forma inequívoca, la mano de obra pierde poder. Es un juego de suma cero. La gente pagaba impuestos mucho más altos cuando Eisenhower era presidente, impuestos mucho más altos para el beneficio de la sociedad, y todos nosotros teníamos más sentimiento de inclusión.

O de la dificultad de reformar el sistema en Estados Unidos, uno de los temas centrales de The Wire, y ahora de nuevo en plena actualidad por la reforma sanitaria de Obama, relacionada también con toda la locura que se ha formado en torno al término socialismo.

¿Por qué la reforma parece tan imposible?

Vivimos en una oligarquía. La leche materna de la política americana es dinero, y la razón de que no se pueda reformar la financiación, la razón de que no podamos tener elecciones financiadadas con dinero público en vez de donaciones privadas, la razón de que K Street [nota: sede de muchos lobbies] siga siendo K Street, is asegurarnos de que ningún sentimiento popular sobrevive. Lo que estamos viendo con la sanidad, la marginalización de cualquier esfuerzo para incorporar racionalmente a todos los americanos bajo una bandera nacional que diga “Estamos en esto juntos”.

Pero entonces los críticos de un sistema así inmediatamente gritan “socialismo”.

Y por supuesto que es socialismo. Estos hijos de puta ignorantes. ¿Qué creen que son los grupos de seguros, aparte de socialismo? ¡Simplemente la idea de comprar un seguro! Si el socialismo es una influencia terrible por la que no puedes pasar, entonces, maldita sea, no deberías pertenecer a una aseguradora. Deberías ir y pagar a los medicos de los cojones, porque cuando tienes 100.000 personas juntas como una parte de algo, desde un sindicato a la AARP, y dices “Dado que tenemos este grupo, más gente de entre nosotros van a estar mas sanos que no, y por tanto vamos a poder continuar con la idea del grupo asegurador y todo el mundo tendra un plan que se pueda permitir…”. Eso es puto socialismo. Es sólo socialismo.

20 años de Los Simpsons – Homer Simpson

December 24, 2009

Cerebro prodigioso…

Trabajador infatigable…

Amigo de los animales…

Padre ejemplar…

20 años de Los Simpsons – Homer Simpson

December 20, 2009

Gourmet…

Maestro de la lengua…

Sarcástico…

20 años de los Simpsons

December 19, 2009

El 17 de diciembre de 1989, hace 20 años (y un par de días), se empezaba a emitir en Fox la serie de los Simpsons (después de más de dos años apareciendo como una sección del The Tracey Ullman Show).

Tras más de 400 capítulos (y una película), de veintiuna temporadas en horario de máxima audencia (un récord), de renovar la animación para adultos en Estados Unidos, y de poner no sólo en la lengua de la calle sino en el diccionario expresiones como D’oh!, Los Simpsons son un hito en la historia de la televisión. Quizás EL hito.

Pero para muchos, eso no es lo más importante.

Y puede que ahora Padre de familia sea más ácida, que las últimas temporadas no hayan sido brillantes, o que Antena 3 la haya quemado hasta lo indecible.

Eso tampoco es lo importante, porque para nosotros Los Simpsons son algo más. Y es que la generación de los ochenta (qué decir de las posteriores) apenas logramos recordar la vida antes de Los Simpsons. Han estado siempre ahí, con mejor o peor animación, con mejores o peores chistes, con cambios de dobladores, pero ahí han estado, como tu familia, como las estaciones, como las cosas que se dan por supuestas.

Hemos cambiado de moneda, el Príncipe sentó cabeza, tenemos Papa nuevo, Gabilondo se fue de la radio, hay un presidente negro en la Casa Blanca, y Los Simpson siguen ahí. Aunque ya no los veamos, aunque los nuevos capítulos nos hagan menos gracia, da igual, Los Simpsons siguen con nosotros. No sólo en nuestra memoria, sino en nuestra forma de ver el mundo. Porque los veíamos cuando no teníamos edad, cuando se nos escapaban la mitad de los chistes, y con ellos aprendimos a comprender (y a apreciar) la ironía, el sarcasmo, el humor salvaje pero elegante, la crítica social, su acidez sin igual.

Uno es como es, en parte, por las experiencias que ha vivido. Uno tiene cosas en común con los que le rodean, en parte, por haber vivido las mismas experiencias. Somos muchos los que tenemos en común el haber crecido con Los Simpsons. Parece que no, pero une bastante.

Y luego cada uno tiene su escena favorita, alguna que recuerda con especial cariño. La mía:

Recuerdo un día, hace seguro ya más diez años, que no pude verlos a su hora, y mi familia me grabó el episodio. Era el de Expediente X. Lo estaba viendo con mi hermana, en el sofá. Y salió el siguiente gag. No es el mejor que tienen (aunque me parece cojonudo), pero por algún motivo empezamos a reírnos de tal manera que tuvimos que parar el vídeo porque nos estábamos perdiendo el resto del episodio. Y nos recuerdo secándonos las lagrimas, rebobinando la cinta para ver el gag de nuevo, y volver a mearnos de la risa.

Imitaciones

November 30, 2009

La empresa Tapley Entertaiment representa a diversos artistas, incluyendo magos, equilibristas o bandas de versiones. Pero lo que más llama la atención es que tienen una sección con dobles, esos que en inglés se llaman lookalikes o impersonators. La selección es francamente impresionante por su cantidad, que no su calidad: hay unos pocos muy parecidos, muchos que se dan un aire, y el no despreciable resto que se parecen más bien en nada. La página web afirma que no sólo se parecen, sino que además han logrado capturar la voz y los gestos del famoso en cuestión, y que son perfectos para amenizar actos de todo tipo. Hay más empresas ofreciendo servicios similares, e incluso premios.

Es una cosa bastante americana, pero en estos días de globalización España no se iba a salvar. Lo mismo que antes: alguno se parece en algo, la mayoría más bien en nada.

La idea de ganarse la vida (o un sobresueldo) a base de ir a fiestas e inauguraciones y hacerse pasar por un famoso, cuando todo el mundo sabe que no eres el famoso, resulta más bien triste, una especie de rey mago de centro comercial al que sólo fueran a ver adultos que saben que es un señor con barba postiza. A lo mejor es una de esas cosas que ganan cuando uno lleva tres copas encima, pero no tiene pinta. Es tristeza mezclada con melancolía, la añoranza de un pasado más inocente, como un cuadro de Norman Rockwell. Este tipo de imitadores nacen en un sitio y un lugar en la que los famosos eran seres lejanos, estrellas del cine y la música con sus mansiones en Sunset Boulevard, admirados, inaccesibles.

A día de hoy puede verse gente así en las zonas más turísticas de Hollywood Boulevard, disfrazados de Elvis o Marilyn, con los que te puedes hacer una foto por un par de dólares, pero el sistema para animar saraos de un poco más de postín ha cambiado. Un artista que tiene talento sale muy caro, y un imitador barato sólo te aporta el parecerse al anterior, así que no por qué no creer el híbrido perfecto, el famoso profesional, que no tiene talento (y por lo tanto, sigue saliendo barato), pero que no es una copia. En España el fenómeno empezó tímidamente con algunas exparejas impulsadas al estrellato (Belén Esteban) y algún pirado (Tamara y compañía, Yola Berrocal), pero poco a poco han ido creciendo el número de programas de televisión dedicadas a encumbrar como famoso a alguien sin que este tenga que ser capaz de hacer nada.

Al menos las copias, según la pagina web, han entrenanado para imitar las dotes artísticas del original, así que no sabe uno qué es peor…

Queda por saber si algún día surgirá gente que impersone a este tipo de famosos. ¿Qué diferenciará a uno del otro, cuando ninguno de los dos pueda hacer nada que merezca la pena? ¿Cómo separar la imitación de una realidad falsa, que a su vez creamos como triste sustituto de la verdadera, la inimitable?

Los juguetes de James May

November 24, 2009

Hace algún tiempo Enric González hablaba del programa Top Gear, de la BBC. Uno de sus presentadores, James May, es un personaje curioso, cuyo curriculum incluye ser despedido de la revista Autocar por incluir un mensaje secreto en un número de la misma.

May ha presentado también programas sobre tecnología e inventos (James May’s 20th Century y James May’s Big Ideas), así como otros centrados en juguetes (James May’s Top Toys y James May: My Sister’s Top Toys), en los que ha discutido su interés por alejar a los niños de los videojuegos, interesándolos por los juguetes tradicionales.

Ahora la BBC Two emite  James May’s Toy Stories, un programa con el que May combina estos dos intereses. Cada uno de los seis episodios intenta convertir un juguete de toda la vida en una obra de ingeniería que roce lo faraónica, incluyendo un jardín de plastilina, un Scalectrix a lo largo de un circuito de 4.42 km, un puente de Meccano de 23 metros o una casa de Lego a tamaño real. Los proyectos se completaron con la ayuda de voluntarios (entre decenas y dos mil, dependiendo), que otra cosa no, pero parece que se lo pasaron como los indios.

Por lo que se ve en el anuncio, el programa tiene pinta de ser divertido, ingenioso, inteligente y elegante. Todo ello transmitiendo buenos valores a la chiquillería. Y es que la televisión, como todas las cosas, no tiene por qué ser una mierda.

BBC: ochenta años dándole envidia al resto del mundo.