Archive for the ‘USA’ Category

Libelo de sangre

January 13, 2011

La Edad Media no fueron bueno tiempos para los judíos. No fueron buenos tiempos para casi nadie, pero para ellos menos. Uno de las excusas preferidas para perseguirlos fue lo que se conoce como el libelo de sangre: acusarles de usar sangre, generalmente de niños cristianos, en sus rituales. Los cuentos incluían secuestro y tortura del niño, magia negra, esas cosas. Hoy en día la cosa se ve un poco ridícula, propia de una película de la Hammer, pero los últimos casos de acusaciones de este tipo son de este siglo, así que poca broma.

Es por tanto un término que tiene un significado muy específico, y que los judíos se toman muy en serio.

Por eso se ha montado la que se ha montado cuando Sarah Palin, en otro nuevo destello de clase y saber estar, ha usado el término en un vídeo en el que se defiende de las acusaciones de que el clima de tensión política que ha creado tiene algo que ver con la matanza en Arizona.

If you don’t like a person’s vision for the country, you’re free to debate that vision. If you don’t like their ideas, you’re free to propose better ideas. But, especially within hours of a tragedy unfolding, journalists and pundits should not manufacture a blood libel that serves only to incite the very hatred and violence they purport to condemn. That is reprehensible.

Y claro, pelotera habemus. Tengamos en cuenta que la congresista Gabrielle Giffords, objetivo del tiroteo, es judía.

El comentario, todo hay que decirlo, no es para tanto. Cosas peores salen de la boca de Palin un día sí y el otro también, y para qué hablar del resto de Fox News. Y probablemente si viniera de otra persona la cosa apenas hubiera sido noticia. Pero en un momento en que la clase política estadounidense está intentando calmar los ánimos, cuando todo el mundo muestra prudencia y contención, Palin, que debería estar escondida debajo de una piedra, se descuelga cual numantina con la última cagada, pequeña, sí, pero que no hace sino sumar con las anteriores.

Lo que sí estoy convencido es que ni pretendía ofender, ni hacer un velado ataque a los judíos, ni provocar. La solución es mucho más simple: la mujer no da para más. Ha escuchado la frase alguna vez, pero ni sabe de dónde viene, ni lo que significa, ni nada de nada, lo cual no le hace dudar a la hora de usarla en un vídeo en el que tendría que haber tenido un cuidado exquisito.

Lo que tiene mérito es que, por un motivo u otro, siempre que abre la boca la acabe liando.

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Arizona

January 11, 2011

Tiroteo en Arizona. No es sólo que el objetivo fuera Grabielle Giffords, congresista demócrata del ala moderada, casada con un astronauta y que estaba reuniéndose con miembros de su comunidad, sino que entre las seis víctimas mortales se encuentran un juez conservador, un anciano que recibió un disparo protegiendo a su mujer, y una niña de nueve años, nacida el 11 de Septiembre (sí, ese 11 de Septiembre), que estaba allí porque había sido elegida delegada de clase y su madre pensó que era bueno que aprendiera más cosas sobre política y gobierno.

El tipo que saltó encima del tirador para quitarle el arma fue, al parecer, un becario trabajando para Giffords, gay e hispano, ambas minorías no especialmente queridas en Arizona.

Lo lees en una novela y piensas que al autor se le está yendo la pinza un montón.

La clase política no se está posicionando con demasiada vehemencia, esperando a que sepa algo más de Jared Lee Loughner, el tirador. Todo apunta a que es un pirado de campeonato, pero queda saber si, entre otras cosas, es un pirado de izquierdas o de derechas.

Menos prudencia están mostrando los comentaristas políticos, cada uno barriendo para su casa: desde la izquierda acusando a la derecha de crear un clima político propicio para estas desgracias (Giffords era parte del famoso mapa de las dianas de Sarah Palin), desde la derecha alegando que Loughner es un pirado, y que los pirados van por libre.

Entre tantas preguntas y noticias dudosas (que si no estaba solo, que si sí, que si formaba parte de tal o cual club), yo sólo tengo un par de cosas claras:

  1. Acusar a la clase política, o a los comentaristas políticos, no está muy lejos de echarle la culpa de otras matanzas a los videojuegos, los tebeos, el cine de terror o el heavy. No creo que se puedan establecer relaciones de causa y efecto de forma tan simple.
  2. Aún así, si yo hubiera hecho algo que pudiera, por levemente que sea, relacionarse con la matanza, estaría jodido. No sé si Sarah Palin y otros de la misma cuerda están durmiendo bien estas noches. Cada cual con su conciencia y su sentido de la responsabilidad.
  3. Si la matanza la hubiera provocado un musulmán, después que de un imán publicara un mapa con dianas, al imán le estaría cayendo la del tigre. No creo que tenga que caerle la del tigre a Palin, pero esta comparación debería usarse como argumento cada vez que Fox News saca a los perros de presa. Esto no debería servir para volvernos todos más locos, sino más cuerdos.

Arizona es una muestra perfecta del cambio en el clima político que se ha visto en Estados Unidos en los últimos años. John McCain, eterno liberal dentro de los republicanos, ha tenido que girar hacia la extrema derecha para mantener su silla en el Senado. La ley contra la inmigración, la más dura vista en el país, tensó las cosas aún más. A ver cómo se desarrollan las cosas ahora.

Democracia directa

November 7, 2010

¿Cómo va la cosa esa de la democracia?

Lo que a día de hoy entendemos como democracia consiste en que unos señores (normalmente llamados políticos, y otras cosas más feas) se presentan a un cargo público (el que toque), el pueblo soberano (que no llano; estamos en elecciones) elige a uno (o varios, según toque) y a partir de ahí el pueblo llano (que no soberano; las elecciones han pasado) se quita de en medio, y los susodichos políticos toman las decisiones que crean convenientes, hasta que pasados unos años el pueblo, de nuevo soberano, decide si se quedan, si llegan otros, o qué.

Así a grandes rasgos.

¿La gente no decide cosas concretas?

Muy de vez en cuando se le pregunta al pueblo una cosa concreta, tipo “¿les gusta esta Constitución que les hemos escrito?” o “¿qué les parece que nos arrimamos a la cosa europea esa?”. Incluso en esos casos el pueblo sólo suele tener como opciones “sí” y “no”, y no cosas más elaboradas como “la Constitución no está mal, así a grandes rasgos, pero a lo mejor podríamos pensarnos la parte esa del rey”, o “si no hay confesión estatal, no veo que  haya necesidad de nombrar a la Iglesia Católica”.

Hay otros sitios en los que la cosa no funciona exactamente así. Pongamos, por ejemplo, el caso de California.

¿Qué pasa en California?

En California, como en el resto de los Estados Unidos, se vota cada dos años (fijos, aquí no se adelantan las elecciones). Aparte de votar para elegir el correspondiente presidente, gobernador, senador, congresista, sheriff, juez del distrito, supervisor del distrito escolar y no sé qué más, se votan también las llamadas proposiciones o iniciativas.

¿Qué es una iniciativa?

Pues básicamente algo que se propone para votar en referéndum, junto al resto de las cosas que se votan en esas elecciones.

¿Quién lo propone?

Gente. Quien sea, vaya.

¿Cualquier parida que proponga alguien se vota?

Sí y no: cualquier parida que reuna suficientes firmas, donde suficientes son entre 5% y 8% de la gente que votara en las últimas elecciones para gobernador, lo que este año se traducía en 433,971 y 694,354. Parecen muchas firmas, pero con un poco de organización y de medios, tampoco son tantas.

¡Oh, fantástico! ¡El pueblo soberano es soberano de verdad! ¡Por fin una democracia de verdad, como la que tenían los griegos!

Sí, esa en la que el ciudadano tenía voz directa, excepto los esclavos, las mujeres, los extranjeros y todo aquel que no hubiera hecho la mili. Pero nada, cada uno idealiza lo que quiere.

¿Y qué problemas tiene tan elevado sistema?

El problema es que el pueblo soberano, así como masa, no diría yo que es tonto del culo, pero sí que tiene algunas peculiaridades que hacen que el sistema funcione peor de lo esperado. Lo que tienen las masas, vaya. Que yo haya visto, destacan dos:

1.- Mucha gente está de acuerdo con que les bajen los impuestos. Hay gente incluso que está de acuerdo con que se bajen en general, no sólo los suyos (imagino que porque nunca se sabe). Lo que no evita que a toda esa gente le siga gustando que haya carreteras y bomberos, y suelan quejarse de que los colegios públicos son terribles.

2.- Esta tiene dos partes, que como el lector observará, combinan mal:

2.1 – Las mayorías, a veces, tienen detalles feos con las minorías, tales como negarles el voto, la educación o la libertad de no recoger algodón al ritmo que indique el señor con el látigo.

2.2 – Las mayorías suelen ganar las elecciones.

Quizás esto último explique por qué los esclavo no votaban en Grecia.

Quizás va a a tener algo que ver, sí…

El tema de las proposiciones ha alcanzado cierta fama en los últimos años debido a dos casos muy mediáticos: la Proposición 8 de las elecciones de hace dos años, una enmienda a la Constitución de California que prohibía el matrimonio homosexual (y que parece que los juzgados están echando atrás), y la Proposición 19 de las últimas elecciones, el fallido intento de legalizar la mariguana. El número de ambas indica que había más, que iban desde lo ecológico (maltrato animal, polución) a detalles de organización de los colegios electorales que no entiende nadie. En estas elecciones hemos tenido incluso dos iniciativas contradictorias: una que proponía eliminar cierto comité, y otra que proponía darle más poder (es probable que, de haber podido votar, hubiera votado que sí en las dos, como puro experimento sociológico).

¿No hay iniciativas de carácter económico?

Uy, que si hay… Mucho menos mediáticas que el matrimonio homosexual, durante años han ido saliendo iniciativas que, así de tapadillo, han reducido los impuestos hasta lo indecible, mientras que otras se encargaban de que, para subirlos, haga falta una mayoría de dos tercios en el congreso del estado. Más de uno y más de dos piensan que ese es el motivo de que California esté en la ruina.

Pues así visto en conjunto la cosa ya no parece tan fantástica. ¿Es buena idea o no?

Personalmente, me parece que en la práctica funciona como el culo: los temas importantes, tipo derechos civiles, no deberían votarse, y las medidas fiscales que han ido saliendo han hecho que California, la octava economía del mundo, haya tenido que pasar un par de meses pagándole a sus funcionaros con pagarés. Pero no voy a negar que no deja de tener su gracia la posibilidad de hacer ciertas reforma puenteando a la clase política que no puede permitirse proponerlas (legalización de la mariguana) o que directamente no quiere (reforma de la ley electoral española).

Así que no sé, depende del gusto de cada uno. ¿Compensa que el pueblo soberano pueda votar por medidas absurdas, a cambio de que el día que haga falta se pueda proponer algo importante? ¿O es mejor ponerse completamente en manos de los políticos, con tal de que la gente no pueda votar a lo primero que se le ocurra?

Es decir, elegir entre lo malo y lo peor.

Efectivamente, otra vez lo mismo de siempre.

Dos años después, misma pregunta…

October 15, 2010

Hace dos años apareció Sarah Palin. Mujer, madre de familia, fotogénica, conservadora hasta la médula. La gran promesa de la derecha más furibunda, pese a que, por ejemplo, durante una entrevista con Katie Courice fue incapaz de responder a la pregunta “¿con qué decisiones del Tribunal Supremo no estás de acuerdo?” (aparte de Roe vs. Wade, que hizo legal el aborto):

Ahora ha aparecido Christine O’Donnell, candidata republicana al senado por el estado de Delaware. Mujer, madre de familia, fotogénica, conservadora hasta la médula, es la nueva estrella del Tea Party, la nueva Palin, que la ha apoyado y defendido públicamente varias veces. No es lo único que tienen en común. Ante la misma pregunta, la misma (ausencia de) respuesta:

Uno pensaría que dos años son suficientes para, al menos, aprenderse algo de memoria, un par de casos y listo, no más. Se ve que no.

Pese a su explícita y apabullante incompetencia, Palin sigue dando guerra. Me temo que tenemos O’Donnell para rato.

Preguntas con trampa

May 10, 2010

Puerto Rico es, según la Wikipedia, un territorio no incorporado de los Estados Unidos, con estatus de autogobierno. No es un estado, pero sus habitantes son ciudadanos. Tiene un representante en el Congreso, pero sin derecho a voto. Alguien nacido en Puerto Rico puede ser presidente, pero los catorce años de residencia tienen que ser en un estado. Un poco complejo.

Ha habido varios referéndums para decidir si se unían a la unión o no, y siempre sale que no. Parece que el pagar menos impuestos les compensa. Estados Unidos nunca ha tenido que pronunciarse de forma firme, porque primero tendrían que decir ellos que sí.

Ahora, el Congreso va a decidir si quiere presentar a Puerto Rico con una votación, en principio puramente informativa. El problema es que viene con truco.

En concreto, el truco está en que van a ser dos preguntas. La primera es si se quiere mantener el status quo. La segunda, en caso de que se responda no a la pregunta anterior, da varias opciones, entre las que destacan convertirse en estado de pleno derecho, o pasar a una situación más independiente que la actual.

Lo de partir la pregunta en dos partes está muy feo, aunque a simple vista pueda parecerse a una elección con dos vueltas. Si una de las opciones es muy mayoritaria no habría problema. Pero pongamos (que no sé si es verdad, pero pongamos) que un 40% de la población quiere seguir como están, 35% quiere ser un estado, y 25% quiere ser más independiente. Con una sola pregunta, está claro quién gana.

En cambio, con dos preguntas, la opción de cambiar gana a la de quedarse igual, y entonces pasa a mirarse qué cambio se quiere, dejando fuera el 40% que quiere quedarse tal cual.

Lo dicho, muy feo.

Esta votación, caso de realizarse, no implicaría pasar a formar parte de la Unión. No es un referéndum de verdad, ni vincula, ni nada, pero pondría al Congreso en marcha para quizás tomar otras medidas, daría una imagen distorsionada del estado de opinión en Puerto Rico, etcétera.

¿Por qué se intenta forzar la situación?

Todo apunta a que a los demócratas les interesa incorporar a Puerto Rico como estado, dado que lo más probable es que la mayoría de la gente les votaría a ellos en las elecciones a Congreso y Senado. Y tal y como está la cosa, arañar un par de senadores sería un gran logro.

Reforma sanitaria, sí, ¿pero cuál?

March 23, 2010

Durante su presidencia, Bill Clinton propuso una reforma sanitaria, que fue tumbada en las cámaras. Por ese motivo, Obama no propuso una reforma propia, sino que simplemente encargó a Congreso y Senado que negociaran una, primero por separado, luego en conjunto.

Por tanto, se debería hablar de la “reforma sanitaria de Obama” con un poco de cuidado, y ver qué había antes, qué se propuso durante las diversas fases de la negociación, y qué ha salido al final.

Antes

El sistema sanitario estadounidense prerreforma se basa en compañías aseguradoras, a las que uno (a nivel particular, o su empresa, como parte del contrato laboral) le compra un seguro. Uno no gestiona, por tanto, con compañías que tienen médicos en nómina, sino con unos señores que hacen seguros y punto.

Estos seguros tienen su miga. En primer lugar, los primeros, digamos, mil dólares (los números cambian según el seguro) de cada año los tiene que pagar cada uno (son lo que se llama el deductible), y suelen tener un máximo, tanto anual como vitalicio, generalmente alto, pero si te vas enganchando transplantes y cosas raras puedes acabar sobrepasándolo, en cuyo caso la aseguradora te desea buena suerte y listo.

Por tanto, uno se asegura esencialmente por si se pone bastante malo (más allá del deductible), pero no malo malo del todo (en cuyo caso te va a dar lo mismo).

Un show.

Por otra parte, los seguros son carísimos cuando uno se los paga de su bolsillo (a las empresas les hacen precio de grupo para sus trabajadores), y eso es un problema cuando uno se queda en paro. El truco está en que la aseguradora está obligada a mantenerte el precio que pagaba tu empleador, pero si por algún motivo estás un tiempo sin seguro, puede ser jodido volver a tener seguro.

Y ya por último, uno de los principales problemas es de las pre-existing conditions, es decir, todo aquello que indique que tu salud no es perfecta. En principio tu aseguradora debería tener toda la información, para decidir el precio que va a cobrarte y, a veces, negarte el seguro, porque básicamente va a salir perdiendo con toda seguridad  (hay gente que, aún notándose síntomas, prefiere no hacerse análisis hasta no estar asegurado, por lo que pudiera pasar). Hay historias de gente que empezó a salir muy cara y la aseguradora acabó encontrando cosas que, según ella, debería haber sabido, que el cliente le ocultó, y que usó para cancelar el seguro. Uno nunca sabe si son leyendas urbanas o casos reales, pero siempre queda la duda.

Entre las cosas buenas (y que muchas veces no se cuentan): los pobres y los ancianos tienen seguros públicos y totalmente gratuitos (medicaid y medicare, respectivamente), y si uno se presenta en un hospital con algo que, de no recibir tratamiento, le va a llevar al otro barrio, el hospital tiene la obligación de tratarle, aunque luego uno no pueda pagar (en cuyo caso se declara en bancarrota, y al final se suele negociar un precio a pagar mucho más bajo, dado que al hospital le compensa cobrar algo a no cobrar nada).

El problema, a veces, es definir es cómo de grave (léase: urgente; un infarto es una cosa clara, pero ¿y un cáncer, que te va a matar pero no mañana?) tiene que ser el asunto para entrar en ese supuesto, pero eso son ya legalidades y pelearse con los diversos supuestos y tecnicismos.

Generalmente todo el mundo con un trabajo decente tiene algún tipo de seguro médico (con sus máximos y su deductible y sus cosas, pero un segudo al fin y al cabo),

Las propuestas

Obama, al que se le ha visto el plumero desde el principio, quería que la reforma acabara con un sistema single-payer, en el que el sistema se costeara con impuestos, como ocurre con el medicare y el medicaid. Esta opción duró más bien poco en las negociaciones, atacada desde todos los frentes como malísima, carísima y comunistísima.

Luego se intentó lograr que hubiera una public option, es decir, una aseguradora pública. Esto está todavía bastante lejos de un sistema de sanidad pública como se entiende en Europa, ya que los médicos no serían funcionarios, pero lograría que todo el mundo estuviera cubierto, y crearía más competencia en el mercado de los seguros, dado que la pública no necesitaría crear beneficios (bastante éxito sería no perder dinero).

Esto fue recibido como obra del mismísimo Satanás (o de Marx, que viene a ser más o menos lo mismo) por la derecha, argumentando por un lado que un sistema público siempre funciona peor que el privado, y por otro lado que era injusto que las compañías privadas tuvieran que competir con una aseguradora privada que no está preocupara de crear beneficios (es decir, el argumento viene a ser que no va a funcionar, pero aún así va a funcionar mejor que las privadas, simultáneamente; nadie saca la obvia conclusión sobre cómo se deduce que están funcionando las privadas).

Y poco a poco, en duras negociaciones en las que ningún republicano estaba a favor y varios demócratas en contra, se han ido rebajando las pretensiones más liberales (el aborto cayó pronto también), hasta que se ha logrado el acuerdo.

Hubo críticas razonables, que hablaban de que todo era muy caro, muy complicado (recordemos: Estados Unidos viene a ser bastante grande), irresponsable fiscalmente en mitad de una crisis terrible… Cosas con las que uno puede estar de acuerdo o no, pero que merecen que dos personas se sienten a discutir y hacer números. Desgraciadamente, la campaña se fue tiñiendo del espíritu de las tea parties y Fox News, con salvajadas a cada cual mayor (destacando para mi gusto los Tribunales de la Muerte –death panels– de Palin).

Ahora

Así y con todo, la reforma contiene muchas novedades, bastante revolucionarias para un país con aversión a lo público y tan grande como Europa (que mucho hablamos aquí, pero si tuvieramos que unificar la sanidad en la UE también habría más que palabras).

En primer lugar, todo el mundo, salvo algunas excepciones (inmigrantes ilegales, gente tan marginal que no esté en el sistema, y algunos casos particulares raros) debe tener seguro médico. Los empleadores deben proveerlo a todos los trabajadores, y los que no trabajen deben costeárselo. Para aquellos empleadores en peligro de quiebra, y a las personas que no puedan permitírselo, el Estado les ayudara (hasta el punto de pagarlo por completo).

En segundo lugar, y también fundamental, es que las aseguradoras no pueden rechazar a clientes por condiciones médicas preexistentes. Esto es, hay que reconocerlo, una putada para las aseguradoras, porque asegurar a un tío con el que sabes, sin lugar a dudas, que vas a perder dinero, es mal negocio (muchos opinamos que la sanidad no debería ser un negocio, pero si el punto de partida es que sí lo es, obligar a una empresa a perder dinero no parece una buena idea). El primer punto, que asegura nuevos clientes, es la manera de compensar (porque si no, la gente no pagaría estando sana, y se apuntaría a la aseguradora cuando supiera que le hace falta).

Hay otros detalles importantes, como el que los hijos puedan formar parte del seguro de los padres hasta los 26 años, o que no exista un máximo de cuánto tiene que pagarte el seguro. Los clientes con mejores seguros (la gama muy alta) tendrán un pequeño recargo, que no está claro si lo pagará el asegurado o el asegurador (que al final suele ser lo mismo, porque se rebaja el sueldo y ya está).

Opinión (la mía propia)

Visto desde fuera, esta parece otra de esas veces en las que los estadounidenses logran combinar lo peor del capitalismo y el comunismo.

Por un lado, todo el mundo tiene que asegurarse, lo cual acaba con varias de las ventajas del libre mercado. No es un monopolio, porque son varias empresas, pero se le parece. Por otro lado, este matar el libre mercado no es para que, al menos, el Estado recoja más dinero, sino que los beneficios son para empresas privadas. Empresas que, como hemos dicho antes, tienen ahora el problema de que se les impide rechazar negocios en los que van a perder dinero.

Lo dicho, un batiburrillo extraño de lo capitalista y lo socialista, y bastante lejos de las ambiciones iniciales.

Y sin embargo, visto lo visto, es una gran victoria. Primero porque le da un balón de oxígeno tremendo a Obama, y a los demócratas en general. La reforma incluye ventajas no sólo para los más pobres, sino para todos los asegurados. Ahora sólo tienen que hacer campaña inteligente con esas mejoras, y vender bien sus logros (cosa que, últimamente, no han estado muy finos haciendo). Y en segundo lugar porque, sea como sea, se estima que unos treinta millones de persones pasarán a tener seguro médico. Quizás no el mejor seguro del mundo, quizás no organizado de la forma más inteligente, pero seguro que a ninguno de ellos les importa demasiado, una vez estén en el hospital, siendo atendidos.

La gran esperanza a largo plazo es que la reforma sirva sobre todo para que la gente se convenza de que lo público no muerde, y que si esto ha funcionado, a lo mejor, quizás, ya si eso, se pueden ir añadiendo reformas que tiendan, con tiempo, a una verdadera sanidad pública. A veces todo consiste en que te obliguen a cambiar para darte cuenta de que el cambio tampoco era tan mala idea, y ahí están los derechos civiles como prueba.

Disclaimer, que le llaman

Servidor no trabaja en el Senado ni en la Casa Blanca, así que hacerme mucho mucho caso, como de poner la mano en el fuego, pues tampoco.

Google en la Super Bowl

February 10, 2010

Este fin de semana hemos tenido la Super Bowl, una celebración del fútbol americano, o de comer aperitivos sin parar, según cada uno. Han ganado los Saints de New Orleans, que era a priori el equipo con menos probabilidades. Mucha gente se ha alegrado, más que nada por la ciudad, que desde el Katrina no levanta cabeza. No es que esto les vaya a arreglar el paro, pero siempre es una alegría.

Hay otro elemento que se ha convertido ya en central en la Super Bowl: los anuncios. Dada la audencia, salen por un pico (algo así como los que van justo destrás de las campanadas en Nochevieja), y siempre suele caer alguno bueno (acompañado de una buena ración de anuncios completamente inofensivos y aburridos, pero estas cosas son así). En la era Youtube no hace falta tragarse el fútbol para verlos, basta con buscar una lista en alguna página web. Hay de todo, desde un anuncio de Coca Cola con los Simpsons, a la última de Scorsese, que parece que por fin se estrena, tras un año o así anunciándola.

El de Bridgestone, con esa fantástica frase final (“Esto sí que ha sido una despedida de soltero”), es cojonudo:

Pero si hay un anuncio que ha destacado, es el de Google, que demuestra que si no han resuelto el problema de la fusión nuclear es porque no se han puesto, porque desde luego cualquier cosa que intentan es un éxito. Y encima esa elegancia, esa simplicidad, ese tener el producto en el centro del anuncio todo el rato, sin necesidad de complicar las cosas.

Descubro que no les basta con un anuncio capaz de destrozar a los otros 67, sino que han hecho más, y un canal de Youtube que los recoge, bajo el título de searchstories. No son todos tan buenos, pero no hay ninguno malo. Y alguno es, de nuevo, simplemente excelente:

Incompatibilidades

January 26, 2010

Visto en Adam Thinks.

Demócratas: echadle huevos

January 24, 2010

La (ficticia) marca de cerveza Balls tiene un nuevo anuncio. Un anuncio que (dado que no hay nada que vender) no es sólo un anuncio:

Lo malo no es que un supuesto anuncio de cerveza, con dos chicas en bikini, se atreva a aconsejar (y casi azuzar) al partido demócrata. Lo malo es que lleva razón.

De piel clara, sin dialecto negro

January 14, 2010

La última pelotera en la política estadounidense se ha formado por unas declaraciones que Harry Reid, líder demócrata en el Senado, hizo durante la campaña de 2009, y recogidas ahora en un libro, y en las que decía que Obama tenía tirón entre los votantes por ser un negro de piel clara y no tener dialecto negro, menos cuando quiere tenerlo. Para colmo de males usó la palabra “negro” (así tal cual, leído “nigro” en inglés) en vez de “afroamerican” o “black” (el término “negro” sigue apareciendo en el censo, fundamentalmente porque es común entre los negros que tienen más de, digamos, setenta años, pero suena raro en la boca de un político).

Los comentarios no han tardado en llegar. Los medios conservadores como Fox News  (con Sarah Palin convertida ya oficialmente en el cuarto jinete) empujan para un lado, diciendo que esto demuestra que los demócratas desprecian al pueblo americano, y que usan la raza de Obama como excusa para justificar el descontento de la gente con su presidencia. Se quejan también de que las mismas palabras en boca de un republicano hubieran acabado con la crucifixión del susodicho. La prensa liberal empuja para el otro lado, diciendo que los comentarios no son racistas, sino realistas, y que no criticaban a Obama, sino que analizaban la situación con bastante acierto.

Lo de siempre, vaya.

La mayoría de las declaraciones de la comunidad negra (que son los que tienen algo que opinar en este caso), incluyendo a Obama, le han quitado hierro al asunto, aunque también hay que tener en cuenta que la gran mayoría de la comunidad negra, incluyendo a Obama, es demócrata.

En realidad, tanto demócratas como republicanos tienen algo de razón.

Por un lado, es cierto que Obama se ha beneficiado de no ser negro del todo. Hay gente incluso que, durante la campaña electoral, decía que se le podía votar porque no era un afroamericano de verdad: es negro, pero no un negro descendiente de esclavos, criado en el odio a los blancos.

El dialecto negro es otra realidad, dado que en un 90% de los casos se puede saber si una persona es negra sólo con escucharla. Y el evitar sonar muy negro para alcanzar el éxito no es nuevo: la televisión ha servido de ejemplo durante años. Por poner un ejemplo algo extremo, los negros de El  Show de Bill Cosby, El Príncipe de Bel-Air o Cosas de Casa están mucho más cerca de la clase media blanca que, digamos, los narcotraficantes de The Wire.

Así que sí, las declaraciones de Harry Reid no están muy lejos de la realidad. Obama pudo conquistar muchos votos porque se le veía como un negro más bien blanco. Incluso hubo debate entre la comunidad afroamericana sobre si el entonces candidato era “lo bastante negro“.

Los republicanos tienen sin embargo razón en lo de la doble moral. A los demócratas se les presupone no ser racistas, de los republicanos se sospecha que puedan serlo, y por eso unos pueden salir bien parados de ciertas declaraciones y los otros no.

Pero los demócratas no son los únicos que se benefician de esta doble moral, como bien explicaba hace poco el The Daily Show del siempre genial Jon Stewart: Rudy Giuliani, ex-alcalde de Nueva York, puede decir sin sonrojo que no hubo ataques terroristas bajo el mandato de Bush, pero sí ha habido uno bajo el mandato de Obama.

Repetimos: ex-alcalde de NUEVA YORK.

Por supuesto luego precisó que se refería a ataques después del 11 de Septiembre (antes no cuenta).

Tampoco cuentan los ataques con anthrax. Ni cuenta, ojo al dato, el caso de Richard Reid, que intentó hacer explotar un avión con una bomba en un zapato, pero que no lo logró. Como tampoco lo logró Abdulmutallab, pero ese sí cuenta como ataque terrorista bajo el mando de Obama.

¿Cómo puede Giuliani decir así no ya sin sonrojarse, sino sin que le tiren piedras?

Porque los repblicanos son buenos en seguridad nacional y duros contra el terrorismo. Eso lo sabe todo el mundo, aunque no haya pruebas, incluso aunque sea falso, de la misma forma que la gente sabe que los demócratas no son racistas, y Harry Reid no hizo las declaraciones con mala intención. Por eso cada uno puede irse de rositas diciendo una salvaja del tipo correspondiente, pero no del otro.

Y vamos a dejar de lado la otra doble moral, basada una deuda histórica, sí, pero que quizás fuera sano ir revisando, si se quiere alcanzar auténtica normalidad: que un negro pueda decir sin problema que un blanco es demasiado blanco, pero un blanco no pueda decir que un negro es demasiado negro sin que le llamen racista.