La ley

June 13, 2013

A las 18:00 de hoy, esto es parte de la portada de El País:

ley

A la derecha, refiriéndose al supuesto fraude de Messi, el ministro Wert nos recuerda que la ley es igual para todos, incluso el número uno.

En la columna de la izquierda, compartiendo pantalla como buenos hermanos, una noticia sobre cómo el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo le ha pedido al gobierno que no haga excepciones con la Ley Antitabaco para los casinos de Eurovegas.

Negaciones

February 12, 2013

I

El Papa se jubila. Es el primero en 600 años, y dado que Gregorio XII renunció como parte de una maniobra para resolver el cisma con los Antipapas de Avignon y Pisa (eran tiempos mucho más entretenidos), podemos decir que es, cuanto menos, el primer papa moderno en hacerlo.

Nótese el oxímoron: papa moderno. Estoy hecho un poeta.

Desde el aspecto puramente formal la cosa no deja de tener su aquel: ¿qué es un ex-papa? ¿A qué se dedica un ex-papa? ¿Se quedará con el nombre de Benedicto (con o sin el XVI), o vuelve a ser Ratzinger? ¿Cuánto dura la infalibilidad? ¿Y si Dios le revela algo el 1 de marzo?

En internet no han faltado, además de los chascarillos puros y duros, las comparaciones con la política española del momento: “oh, mira, si se va hasta el Papa, aprende, Rajoy, abdica, Juan Carlos”.

Y sin embargo, Rajoy tiene perfectamente aprendida la gran enseñanza de la Iglesia en el siglo XX y lo que va de XXI, que dice algo así como: “Pedro se echó atrás porque sólo negó tres veces, pero si hubiera seguido así unos años se lo habría acabado creyendo”.

II

Dejar un puesto vitalicio debe de ser muy parecido a morirse, dado que lo que la prensa viene publicando tiene más de obituario que de análisis periodístico. Lo de la portada de La Gaceta, paloma incluida, parece sacado de La Hora Chanante, La Razón no se queda atrás, y así con todos. El País viene a decir que fue un papa muy bueno, si acaso un poco torpe como gestor, rodeado de gente muy mala.

No digo yo que se avecinen cosas peores (y eso que Rouco no suena como papable), pero los últimos años tampoco han estado mal despachados.

Al final va a ser que lo que ha quedado claro es el nivel de objetividad de la prensa española. Eso, o el grado de aconfesionalidad del país. Escoja el lector la opción que le resulte menos deprimente; yo aún estoy dudando.

Menos mal que aún queda por ahí (normalmente en el extranjero) gente capaz de aplicar un punto de vista, digamos, diferente, empezando por Libération y el Papus Interruptus de su portada. En el New York Times, John Patrick Shanley carga contra la falta de mujeres en la Iglesia, y Jason Berry pide que antes de retirarse logre, al menos, que el Cardenal Sodano renuncie. Slate ha republicado un artículo de Christopher Hitchens (y si se rebusca, se encuentran otros) soltando raciones de bilis incluso mayores de lo habitual en él (que ya es decir), y Andrew Sullivan (homosexual, católico, liberal, conservador) ha dedicado gran parte de su extenso The Dish a la abdicación (con su habitual resumen diario del tema aquí).

¿Qué ha logrado poner de acuerdo a un ateo militante con un católico reformista? En este caso (que no es la primera vez), lo que ambos consideran es la gran mancha en el historial de Ratzinger: los abusos a menores en la Iglesia.

III

El País publica un artículo titulado “El pontífice que trató de romper el silencio sobre los abusos sexuales“. Me quedo sorprendido: ¿me habré enterado mal de la historia? ¿Me he perdido la lucha de Ratzinger contra la pederastia?

La ilusión no dura mucho más allá del titular: sí, Ratzinger ha pedido perdón y ha anunciado que las víctimas son su prioridad, pero sólo según dichas víctimas iban saliendo a la luz pese a los esfuerzos de la Iglesia por enterrarlas. Sólo acosado por las denuncias empezó a hacer limpieza. Le ha faltado decir aquello de que todo lo que se dice es mentira, menos alguna cosa que es verdad, y por la que estamos muy apenados.

Romper el silencio, salvar los muebles… Matices semánticos, vaya.

Y eso que ni siquiera se mencionan los abusos bajo el arzobispado de Ratzinger, o su posible responsabilidad encubriendo el abuso de 200 menores sordomudos, y aunque hable del “castigo” (por llamarlo de alguna forma) a Marcial Marcel, no hay palabra sobre su resistencia inicial a actuar frente a los terrible abusos dentro de los Legionarios de Cristo… Por poner algunos ejemplos.

No extraña, por tanto, que políticos de todos los colores apliquen la misma defensa numantina: cómo no admirar a alguien que, tras más de treinta años encubriendo delitos, haya logrado quedar como un reformista. Y no hablamos de tonterías como corrupción política o económica, sino abusos a menores. Para que luego digan que la Iglesia ya no hace milagros…

IV

Siempre que se habla de una campaña sistemática de encubrimiento de cosas no bonitas (ya sean abusos en la Iglesia, la contabilidad del PP, la Casa Real, el PSOE andaluz, las cajas de ahorro o el último susto que nos regale la actualidad), conviene tener en mente que, si bien encubrir un delito puede parecer (moralmente, que de ley estoy frito) menos grave que cometerlo, la diferencia tampoco es muy grande, especialmente si hablamos de cosas con la seriedad del abuso a menores. En las un tanto hiperbólicas palabras de Louis C.K. (en mi opinión, la persona más graciosa del mundo hoy día) en una entrevista en el Daily Show de Jon Stewart:

Louis C.K.: I was going to say that the Pope -bleep- boys. I do think he does, can I defend this?

Jon Stewart: Can I say this? I don’t think that that’s true, although…

Louis C.K.: I do. Well, that’s the thing, he let’s other people do it. And I guess my feeling is this: there’s only two kinds of people. There’s people who are horrified and reviled by child touching with penises, and then…

Jon Stewart: I think that would be all of us.

Louis C.K.: …and then there’s the people who can’t stop having sex with children. There’s no in-between. There’s nobody who is “I don’t do it, but I get it, I don’t want to get, you know…”.

Que traducido, a ojo de buen cubero, quedaría tal que así:

Louis C.K.: Iba a decir que el Papa -pitido- niños. ¿Puedo argumentar?

Jon Stewart: ¿Puedo decir algo? No creo que sea verdad, pero…

Louis C.K.:Yo sí. Bueno, la cosa es, deja que otra gente lo haga. Y mi opinión es esta: sólo hay dos tipos de persona. Está la gente a la que le horririza y repulsa el tocar niños con penes, y luego…

Jon Stewart: Eso seríamos todos nosotros.

Louis C.K.:…y luego está la gente que no puede parar de practicar sexo con niños. No hay intermedios. No hay nadie que diga “yo no lo hago, pero lo entiendo, y no querría ponerme, ya sabes…”

Sobres

January 23, 2013

Los niños vienen en cigüeña, y las pagas extra, por lo que se ve, en sobres cerrados. No todas: ya nos quedó claro que las de los funcionarios eran un gasto superfluo, innecesario, irresponsable casi.

Entre cinco y quince mil euros al mes. Entre sesenta y ciento ochenta mil al año. Entre diez y treinta millones de pesetas, para entendernos. Seamos concisos: mucho dinero.

Y sin embargo el problema no es la cantidad de dinero, ni que fuera dinero B (que ahora resulta que no es una letra, sino un color). Sí, querríamos que nuestros dirigentes fueran gente de bien, honrados, cumplidores no sólo con la letra sino con el espíritu de la ley, pero eso, aparte de una batalla casi perdida, es en este caso insignificante comparado con el daño que los sobres pueden haberle hecho al país.

¿De dónde venía el dinero? ¿A cambio de qué se entregó (porque nadie se cree que en España alguien vaya a soltarle una cantidad importante de dinero a un partido “por lo majos que son”)? ¿Qué nos ha costado a los españoles el sobresueldo de unos pocos? ¿Cuántas obras innecesarias han sido puestas en marcha? ¿Cuántas empresas se han privatizado a precio de saldo? ¿Cuántos servicios públicos se han contratado no con la empresa que ofrecía el mejor servicio al mejor precio, sino la mejor comisión? ¿Cuántos aeropuertos sin aviones, estaciones de AVE sin pasajeros y hospitales sin pacientes iban dentro de esos sobres?

¿Cuánto queda para que los españoles prefiramos que los políticos se suban el sueldo ciento ochenta mil euros al año a cambio de que al menos no arruinen al país? Robadnos, pero al menos no nos jodáis la vida.

Preocupante es también la timidez de Rubalcaba, no sabemos si porque sigue sin verlas venir o porque lo que ve venir es que la misma mierda le puede saltar en su partido el día menos pensado; la tibieza de los dirigentes del PP, en espera de que la tormenta se disipe sola; el silencio de CiU, que bastante tiene con lo suyo; la respuesta de IU y los sindicatos, que imagino que aún están recuperándose de su participación en el pastel de las cajas de ahorro. Preocupante es que sospechemos que la excepción no confirma la regla, sino que lo que debería ser excepción se ha convertido en regla.

En los países serios el debate político se centra ahora en el papel del Estado. Hay quien dice que el Estado debe proteger a los ciudadanos, fomentar la igualdad, mantener unos servicios públicos fuertes, mientras que hay quien dice que el Estado lo único tiene que hacer es ofrecer un marco legal serio, una serie de servicios mínimos, y que la empresa privada y las leyes del mercado están capacitadas para encargarse del resto de forma eficiente y competitiva.

Mientras en otras partes se discute cuánto de cada modelo conviene aplicar, aquí hemos solucionado el problema por la vía rápida. El Estado es incapaz de sostener los servicios públicos, porque se está gastando el dinero en dinamitar el libre mercado. Hospitales cerrados y aulas abarrotadas para pagar rescates a empresas fallidas y obras faraónicas adjudicadas a dedo. Matar lo mejor del socialismo y del capitalismo con la misma bala, y quedarnos con lo peor de cada casa. Algo así como tirar por la vía de enmedio, pero en dirección contraria.

Para que luego digan que en España no innovamos…

Votando

November 6, 2012

Empiezo a ver los primeros comentarios en Facebook de amigos americanos que han votado ya (descontando, claro está, a los que votaron por correo), pero aún quedan horas para que se sepa nada medio fiable (CNN tiene una estupenda página preparada, pero está todo en blanco). Recordemos, para matar el tiempo, cómo va la cosa:

Los votos electorales

Reliquia de cuando las colonias, cuando un candidato gana un estado (incluyendo a Washington D.C.), se lleva todos los votos electorales del mismo, menos en el caso de Nebraska y Maine, que quizás para ahorrarse el acoso de los candidatos, pueden repartirlos.

En la práctica esto significa que ni Romney le va a dedicar mucho esfuerzo a Nueva York, ni Obama a Texas, y que la cosa se decide en los swing states, que son los que no tienen una mayoría clara. Este año la cosa se decide en, por orden de número de votos electorales, Florida, Ohio, North Carolina, Virginia, Winsconsin, Colorado, Iowa, Nevada y New Hampshire, con el resto básicamente vendidos.

Aún más en la práctica: si vives en Ohio, hace meses que te dan la murga sin parar.

La victoria

A día de hoy (el número de votos por estado cambia), ganar consiste en sacar 270 votos. El New York Times tiene un fascinante gráfico interactivo, demostrando todas las posibilidades de que gane cada candidato. Entretenidísimo. Por ejemplo, si Obama gana Florida (poco probable), Romney tendría que ganar todos los otros estados en liza para ganar. Si Romney gana Florida y Ohio, Obama se queda con 60 combinaciones, y Romney con 64. En total hay 512 opciones, 431 combinaciones en las que gana Obama por 76 en las que lo hace Romney. Algunas suponen victorias ajustadas, mientras que otras darían lugar a diferencias en votos que parecerían una paliza, sino fuera porque, en voto popular, la cosa va a estar ajustada sí o sí.

Pero, ¿y las cinco opciones que faltan para sumar 512, pregunta el astuto lector?

El empate

Un empate sería una situación rocambolesca y tirando a fascinante, pero no imposible . ¿Qué ocurre entonces? El nuevo Congreso (recordemos que también se renuevan parte de las cámaras) elige al presidente, y el Senado al vicepresidente, con el voto del actual vicepresidente decidiendo posibles empates en el segundo caso.

A efectos prácticos, y según las predicciones, un empate resultaría en Romney como presidente y Biden como vicepresidente. La disfuncionalidad al cuadrado.

Las predicciones

Todo el mundo parece estar de acuerdo en que los cinco casos que llevarían a empate son poco probables, pero casi nadie quiere mojarse más allá de eso. Excepto Nate Silver, que se hizo famoso con estadísticas sobre béisbol, y que en las elecciones de 2008 fue capaz de predecir 49 de los 50 estados (menos Indiana, que se decidió por un 1% del voto) y los 35 senadores que se elegían al mismo tiempo. Esto le hizo famoso, y le ha llevado a tener blog en el NYT. Su opinión es de todo menos tímida (ahora mismo, con predicción del 6 de Noviembre a las 10 de la mañana en España), da un 91.6% de probabilidades de que Obama gane. La gente ha criticado sus métodos sin aportar números (sólo impresiones y vaguedades); él ha dicho que si alguien quiere apostar, está dispuesto; el NYT se ha enfadado porque lo de apostar no es elegante; gente sale a defenderle… Un jaleo, vaya. Y todo esto teniendo en cuenta que si ganara Romney eso no querría decir que su modelo está mal: podría ser que ha salido una opción del 8% que le da de ganar. La única forma de comprobar la validez sería celebrar 1000 elecciones independientes, y ver la media. Y desde luego no quiere decir que Obama vaya a ganar con el 90% del voto, como dicen algunos. El peligro de la estadística: la mayoría no la entiende, pero todo el mundo cree que sí.

Las anécdotas

No van a faltar, desde las votaciones a oscuras en Nueva York y New Jersey hasta la ley en Winsconsin que prohíbe publicar fotos de la papeleta rellena. La ley tiene como objetivo impedir que la gente pueda vender su voto, y usar una foto como prueba, pero los que por poco se meten en problemas han sido un alto cargo demócrata y otro republicano, que desde luego no son sospechosos de haber vendido nada.

California

California y su democracia directa le dan otro toque de color añadido al tema. Once proposiciones a nivel estatal, incluyendo la 34, que cambiaría la pena de muerte por cadena perpetua, más un sinfín de proposiciones locales, un batiburrillo de impuestos, cambios en districtos escolares o electorales y otros tecnicismos, aliñados por perlas exóticas como la proposición B de Los Angeles, que obligaría a los actores porno a llevar condón, lo que puede que llevara a la industria del porno a mover el chiringuito, provocando pérdidas millonarias (y ganancias en otro sitio). Los caminos de la urna son, cuanto menos, pintorescos.

 

Anécdotas y datos

October 15, 2012

Antes del primer debate presidencial de las elecciones estadounidenses, y para minimizar el efecto de la posible derrota, ambos partidos se dedicaron a anunciar que el otro iba a ganar, y que aguantar el tipo ya constitutía una victoria. Al final resultó que los demócratas llevaban razón.

Tras prácticamente un año convertido en un robot sin empatía, sin ideología clara, sin mensaje y casi sin capacidades verbales básicas, Romney resucitó de sus cenizas y ofreció su mejor cara en años. A Obama, en cambio, se le vio titubeante, poco preparado, enfangado en respuestas largas y tortuosas. Da igual que Romney siguiera sin dar muchos detalles sobre sus planes (por ejemplo, con qué método mágico pretende bajar los impuestos sin recortar el gasto social y aumentando el militar más de lo que pide el Pentágono), y que gran parte de lo que dijo fuera de una exactitud, digamos, dudosa: fue más claro, más comercial, más carismático, fue incluso gracioso (gran novedad), y ganó el debate por goleada. Visto el cambio con respecto al último año parecía, francamente, una de esas películas en las que dos personas cambian de cuerpo.

Si hubiera sido al revés no hubiera faltado algún pirado con programa de radio acusando a Obama de hacer vudú keniata socialista.

Por mucho que se ponga como ejemplo el de Nixon y Kennedy, es raro que los debates tengan influencia tangible en las elecciones, pero como Romney pegó un notable subidón en las encuestas tras el debate, de repente los debates se han vuelto parte fundamental de estas elecciones, incluyendo el debate vicepresidencial, cuya importancia es tradicionalmente entre mínima e inexistente. En este caso tenemos a Paul Ryan, niño bonito del Tea Party, joven, carismático y supuestamente hábil con los números y los detalles (por más que no se vieran durante la Convención Republicana), frente a Joe Biden, un dinosaurio de la política, con pinta de abuelete simpático y apacible, y con fama de cagarla (con gracia, pero cagarla al fin y al cabo) cada vez que habla.

Y de nuevo contra pronóstico, Biden parecía otro: relajado, sonriente y seguro de sí mismo, pero también preciso, rápido y con una agresividad insospechada, cortando la mayoría de los argumentos de Ryan. De nuevo como en una película, en este caso una especie de señor Miyagi que resulta ser un maestro de las artes marciales tras años disimulando.

El debate en general fue inusualmente agresivo y combativo (en parte porque los candidatos a vicepresidente pueden permitirse unas libertades que los presidenciales no pueden), y no han faltado críticas al estilo de Biden, especialmente a su forma de atacar, ridiculizar e incluso interrumpir los argumentos de Ryan que consideraba incorrectos. Christopher Hitchens veía claras diferencias entre los estilos de debate parlamentario británico y americano: mientras que en los primeros se busca ganar, usar la retórica para desmontar los argumentos ajenos y mostrar la superioridad de los propios, en el Congreso y el Senado americano la cosa se limita a exponer la opinión propia, por turnos, y al final legislar buscar algún tipo de consenso, normalmente en negociaciones a puerta cerrada. Se ataca un poco el discurso ajeno, pero casi por compromiso. El sistema tiene sus ventajas, pero en estos días de polarización extrema en lo político casi pesan más los inconvenientes: no se llega a ningún consenso, pero tampoco se hace un esfuerzo serio por desmontar las (cada vez más frecuentes) verdades forzadas (por no decir mentiras) ajenas. Es esta tradición la que Biden se ha saltado a la torera, interrumpiendo a Ryan todo lo que ha querido y más. Yo, en este caso, no me opongo mucho: es cierto que interrumpir un argumento en un debate está feo, pero si el argumento empieza con una mentira, y se sustenta sobre ella, francamente, nos podemos ahorrar el resto.

Y sin embargo, para mi gusto, Biden perdió la oportunidad perfecta para desmontar uno de los mayores vicios de la política hoy día, especialmente por parte del Tea Party y otras ideologías a favor de reducir el gobierno, y que es el confundir anécdotas con datos.

En el minuto 25, Ryan menciona como Romney ayudó a una familia, miembros de su templo, que sufrieron un trágico accidente de tráfico, pagando entre otras cosas la universidad de sus hijos. El argumento es, se supone, un ejemplo de cómo Romney se preocupa por los individuos, y de cómo dona muchísimo dinero cada año, y de cómo esas donaciones permiten que quien lo necesite se recupere de una tragedia. Biden se limitó a señalar que no duda de que Romney se interesa por los individuos, a recordar que él entiende lo que se sufre con un accidente de coche (su mujer y su hija murieron en uno), pero luego cambió de tema, atacando la opinión de Romney acerca de la industria automovilística.

El argumento esencial, que Biden no usó, es este: no todo el mundo tiene un millionario generoso en su iglesia. La sociedad debería garantizar que todo el mundo pueda recuperarse de una tragedia, que todo el mundo pueda garantizar que sus hijos vayan a la universidad, que todo el mundo pueda costearse una sanidad decente. El hecho de que haya una familia cuya vida mejora gracias a la interveción directa de Mitt Romney no quiere decir que, como sociedad, podamos confiar en que todas las familias vayan a tener un Romney que les ayude.

Más breve: las anécdotas no son datos.

No es un hecho aislado. Otro ejemplo reciente: el senador Rand Paul, hijo del también senador y campeón libertario Ron Paul, ha publicado hace poco un libro, Government Bulllies, con ejemplos de leyes que acabaron teniendo efectos opuestos a los deseados, con la conclusión, según él clara, de que hay que recortar el gobierno. En una entrevista Jon Stewart le decía que lo mismo que se podían buscar esos ejemplos podían buscarse otros donde el gobierno queda como héroe, o el libre mercado como villano, o cualquier combinación, y que a lo mejor había que centrarse en un gobierno más eficiente, y no en menos gobierno. Paul esquivó el argumento con más resolución que gracia.

Y así van estas elecciones, con Obama y Romney contando historias de tal y cual pequeño empresario con el que hablaron en tal y cual estado, y al que tal y cual medida del gobierno le ha salvado la vida o se la ha hundido, según quien cuente la historia (ejercicio: averigüe el astuto lector qué caso suele contar qué candidato). Es comprensible añadir un poco de toque humano aquí y allá, una historia que añada algo de color, un ejemplo curioso o memorable, para así vender mejor un argumento. El problema es cuando, después de la anécdota, no hay nada más. Por eso fue tan sorprendente el discurso de Bill Clinton en la Convención Demócrata, casi una hora plagada de datos, porcentajes, números y sustancia en general.

Siempre ha sido difícil conciliar los datos que aporta cada partido, expertos a estas alturas en buscar la mejor forma de presentar una estadística o un índice, pero mucho peor es que ahora ni siquiera haga falta, porque las campañas se basan cada vez más en ideologías adornadas por historias a cada cual más simplista y sentimentaloide.

The Eagle has landed

August 27, 2012

De vez en cuando pasa algo que une a la humanidad, aunque sea momentaneamente. Suele ser una tragedia, ya sea un atentado, una catástrofe de la naturaleza, o un accidente. Muy de vez en cuando es por un motivo más alegre.

El 20 de julio de 1969, tras tres días de viaje, Neil Armstrong pilotó el Módulo Lunar del Apollo 11 hasta el Mar de la Tranquilidad, se puso el traje, salió de la nave, y puso el pie en el suelo de la Luna.

Y así sin más, la humanidad había logrado vencer a la gravedad, salir de la órbita terrestre y caminar sobre otro cuerpo celeste.

Hace ya cinco años fui con varios compañeros de clase, todos flipados del tema espacial, a ver In the Shadow of the Moon, un documental que cuenta la historia del programa Apollo a base de entrevistas con diez de los astronautas que la pisaron o que, en el caso de Jim Lovell en el Apollo 13, debieron haberla pisado. Hablan del accidente que costó la vida a tres astronautas, del entrenamiento, de cómo se sintieron al librarse de servir en Vietnam, de la responsabilidad, del orgullo, de lo que supone la Luna para ellos, de su experiencia. Una maravilla de película.

Hay varios momentos que me pusieron los pelos como para colgar un cuadro…

También hablan mucho de Neil Armstrong, que como era normal en él, no aparece. Cuentan la historia que quizás le define mejor, la del  día en que tras salvarse de morir en un accidente por apenas segundos, eyectándose de un prototipo a punto de explotar, se fue directamente a la oficina, porque tenía que acabar el papeleo. Hablan de su sangre fría, de su calma, de cómo era la opción perfecta para ser el primer hombre en la Luna, y de cómo su decisión de prácticamente desaparecer de la vida pública ayudó a darle un aire de misterio. Un héroe de leyenda que se retira cuando su misión ha acabado.

El documental está en Youtube partido en diez partes, la primera aquí:

Armstrong ha muerto en una época en la que Estados Unidos no tiene forma de enviar astronautas al espacio, en la que ningún país tiene los medios para sacarlos de la órbita terrestre, y en la que no parece que las cosas vayan a cambiar mucho próximamente.

Lo de explorar el espacio con sondas y robots está muy bien, y prueba de ello es la polvadera mediática que ha levantado Curiosity, pero sigue sin compararse con lo que supone un programa espacial tripulado. No es una discusión sobre la cantidad o calidad de la ciencia que se consigue, sino con su capacidad para inspirarnos: la gran mayoría de la gente de la NASA que conozco cuentan que si están ahí es en gran parte por haber visto el programa Apollo en televisión cuando eran niños, que crecer en ese ambiente hizo que la decisión fuera obvia.

Me cuesta imaginar lo que supuso en su día el ver como una persona caminaba sobre un mundo nuevo, la culminación de uno de los proyectos más ambiciosos y gloriosos en la historia de la humanidad.

Y como bien muestra xkcd, llevamos demasiado tiempo sin hacerlo:

Inacabado

August 24, 2012

- Pero a ver que yo lo entienda, ¿cómo se ha metido en este berenjenal?

- Pues mire usted, yo estaba viendo que la cosa estaba cada vez más estropeada, y que alguien tenía que arreglarlo.

- Quizás alguien cualificado hubiera sido mejor, ¿no cree?

- Bueno, yo ya ayudé a arreglarlo una vez, y pensé que esto iba a ser poco más o menos lo mismo, pero no sé, quizás aquella vez era una cosa menos delicada…

- ¿Y no había nadie responsable para ponerle freno? ¿Alguien con un poco de criterio?

- Oiga, que no he actuado a escondidas, que las autoridades pertinentes sabían perfectamente lo que estaba haciendo.

- ¿Y no le han dicho nada?

- Al contrario, si todo lo que he hecho es porque me lo han pedido.

- Pues lo han dejado que es para verlo, francamente…

- Oiga, pero es que no hemos acabado.

- Claro, ahora nos va a contar que con un poco más de tiempo iba a quedar como nuevo, ¿no? Diga la verdad, hace tiempo que se dio cuenta de que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, pero ya era tarde para parar.

- ¡No es eso! ¡No está acabado! ¡No se puede juzgar aún!

- Pues nada, para usted la perra gorda, señor Rajoy.

 

Se le está poniendo cara de prima de riesgo.

 

 

Puntos experimentales

August 22, 2012

Hotel en Graz, Austria. La llave de la habitación viene con un llavero que podría ser usado como rueda de molino. La recepcionista sugiere que la deje en recepción, que está siempre abierta, así que eso hago.

Voy a cenar a un restaurante griego, con españoles trabajando en Graz y un griego que viene conmigo desde París, y que identifica a la camarera del restaurante, por el acento, como griega de segunda generación, es decir, nacida ya en Austria.

A la hora de pagar viene, como es normal, con un recibo para toda la mesa. Le explicamos que a los dos que venimos para el congreso nos hace falta una factura individualizada, para que nos devuelvan los gastos. Nos dice que sin problema, que paguemos juntos pero que ahora nos hace facturas para cada uno. Añade que, si queremos, puede poner más de lo que pagamos.

Recordemos que no nos conoce de nada, y que no debería tener especial interés en lograr que estafemos unos pocos euros con los reembolsos.

Vuelvo al hotel y pido la llave de la habitación 216. Me la dan sin más, sin preguntarme siquiera el nombre. Dentro de mí una voz, heredera del Lazarillo y del tito Vázquez, se pone a gritar como una loca: “¡pero si es otra recepcionista! ¡si no te conoce! ¡le dan la llave a cualquiera aquí o qué! ¡que tienes el ordenador arriba!”. Al menos no sugiere que pida llaves ajenas…

Cuando se lo comento a mi colega, el que trabaja allí, dice que ni siquiera se les pasa por la cabeza que puedas intentar robar. Que si te vas de una tienda sin pagar algo, probablemente su primera hipótesis es que se te ha olvidado.

Está feo generalizar con dos puntos experimentales, así que no lo voy a hacer.

Pero bueno, ahí quedan los dos puntos experimentales, por si alguien anda juntando.

Desolación

August 17, 2012

Jueves 16 de agosto.

Laboratorio en una escuela de ingeniería francesa. Tras un puente de tres días, un grupo de intrépidos investigadores decide reincorporarse al trabajo, en vez de decir aquello de donde caben tres, caben cinco. A la hora de la comida se dirigen, con poca esperanza, hacia el comedor (el restaurante más cercano está a una hora a pata). El comedor está efectivamente cerrado, pero hay alguien repartiendo bolsas con una especie de picnic por tres euros. Una primera mirada a la bolsa indica que el picnic va a ser tirando a austero. Los intrépridos investigadores deciden irse a comer sentados sobre la hierba, al lado del lago.

Ya que la comida va a ser mala, al menos disfrutar del solecito.

La bolsa contiene una ensalada y una lata, con dos combinaciones posibles: ensalada de arroz con atún y lata de paté, o ensalada mexicana con atún y lata de atún. Sí, más atún, que se ve que es muy sano.

Al intrépido investigador español le toca la segunda opción.

También hay una botella de agua, una pieza de pan (que no es del día, y que no está claro que sea de la semana), un pastelito y un postre de crema de chocolate.

Al intrépido investigador español no le gusta el chocolate.

El intrépido investigador español decide que al día siguiente no le va a pasar lo mismo, y que va a venir mucho mejor preparado.

Jueves 17 de agosto.

Laboratorio en una escuela de ingeniería francesa. El intrépido investigador español viene preparado con ensalada, embutido (que para algo acaba de volver de España), pan y fruta. Visto el patio, se podría haber traído también una pelota de voleibol para charlar con ella: si el laboratorio tuviera más mugre parecería el decorado de una película post-apocalíptica.

El intrépido investigador español cree haber oído pasos en el pasillo, pero le da miedo mirar por si es un zombi.

Aunque la comida es mucho más satisfactoria que la del día anterior, para el año que viene el intrépido investigador ha decidido optar por una filosofía alternativa para resolver el problema del cierre del comedor.

Donde caben tres caben cinco, vaya que si caben.

Nota: Sí, dice la RAE que voleibol se escribe así. Ya, yo me he quedado igual.

La tía Marianne

July 29, 2012

Me acerco al Pompidou a una exposición de Gerhard Richter, al que no conozco de nada, por más que según la Wikipedia sea el artista vivo que más ha vendido. Es un pintor alemán, y el grueso de su trabajo puede dividirse, a grandes rasgos, en dos grupos. Por un lado, pinturas basadas en fotografías (propias o ajenas), que se alejan del fotorrealismo por un ligero efecto de difuminado, que le da un aire de fotografía desenfocada, y que queda especialmente bien cuando la escena está muy iluminada. Por el otro lado, pinturas totalmente abstractas, a veces sobre superficies de aluminio, lo que les da una textura muy particular, sobre todo porque a veces se dedica a rascar la pintura hasta dejar el fondo a la vista.

Una vez en la exposición descubro que sí que conocía la serie de pinturas Kerze, sobre velas, pero simplemente porque Sonic Youth usó una como portada de su disco Daydream Nation:

La exposición me gustó mucho, en parte porque es un pintor técnicamente fantástico, en parte porque incluso las obras más conceptuales parecían coherentes, y no una tomadura de pelo, como ocurre otras veces. Aunque no fue un artista especialmente político, en Baader-Meinhof (October 18, 1977) pintó a los miembros de la Fracción del Ejército Rojo, antes y después de morir en la cárcel, y tampoco rehuyó del tema político esencial para un alemán nacido en 1932, el nazismo. Esto último, además, no le pillaba lejos: tanto su padre, Horst, como su tío, Rudi, fueron miembros del Partido Nacional Socialista.

Me resulta difícil juzgar a alguien por unirse al Partido Nazi cuando Hitler ya estaba en el poder, especialmente alguien con familia e hijos. Puede que fueran nazis convencidos, o puede que lo hicieran por presión social, o directamente por miedo a que su familia sufriera represalias. Es muy fácil imaginar ahora que uno nunca haría algo así, que se exiliaría o se uniría a la resistencia, pero en estos temas las opiniones desde la distancia son bastante inútiles. Aún así, imagino que no tuvo que ser fácil para Ritcher pintar Onkel Rudi, basada en una vieja fotografía de su tío Rudi con su uniforme del ejército, poco antes de morir en la guerra. El cuadro es de 1965, y fue donado al Museo de Bellas Artes Checo, en homenaje a las atrocidades nazis en Lidice:

El cuadro se menciona siempre ahora en pareja con Tante Marianne, del mismo año y basado en una fotografía de Marianne, la tía de Ritcher, con el pintor, entonces sólo un bebé. Marianne era deficiente mental, y murió durante Aktion T4, el programa de eugenesia del partido nazi. Ritcher no sabía esto al pintar el cuadro, sino que lo descubrió con el libro Ein Maler in Deutschland (Un Pintor Alemán), del periodista Jürgen Schreiber. No fue la única sorpresa: el suegro de Ritcher fue uno de los médicos encargados del programa en el hospital donde murió Marianne. Si alguien lo propone como argumento para una película, sonaría inverosímil.

Lo que más me llama la atención no es el horror que tuvo que ser para Ritcher descubrir algo así, porque es al menos un horror simple, sin dobleces, ante el que él es totalmente inocente. Lo que me cuesta imaginar es qué pensaría de la muerte de Marianne el padre de Ritcher, así como su tío, si la sobrevivió (no tengo las fechas claras). Si se unieron al partido nazi por miedo, ¿qué tuvo que ser para ellos dejar morir a su hermana con el objetivo, al menos en su mente, de salvar al resto de la familia? Y si eran nazis convencidos, ¿lo siguieron siendo? ¿Dudaron? ¿Entregaron a su hermana voluntariamente u obligados? ¿Tan efectiva fue la propaganda de la eugenesia nazi como para ver a tu propia hermana como una lacra para la sociedad?

Sea como sea, el contexto que aportó el libro ha cambiado el cuadro para siempre. Quizás en su día fuera simplemente la imagen de una chiquilla feliz de posar para una foto con su sobrino, una inocente escena de felicidad familiar. Ahora cuesta ver la mirada de Marianne sin pensar en su vida después de la foto.


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